Se cierra el círculo
6 de Marzo, 2012 4
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Estoy tumbado en mi cama en mitad de una habitación circular. Vienes a buscarme. Me llevas de la mano a través de un pasillo infinito con espejos a ambos lados. La hierba rosa está húmeda y moja mis pies descalzos. Nos miramos en el primero de los espejos. Somos tú y yo, jóvenes, cargados de libros, en los pasillos de la Universidad. Dices algo en mi oído pero no consigo entenderte. Tiras de mi brazo y continuamos avanzando por el interminable pasillo. Nos asomamos a otro espejo. Veo jugar a nuestros hijos. Ya no es un espejo sino un enorme ventanal. Vuelan una cometa con forma de pájaro. La cometa se eleva con los niños colgando de ella hasta desaparecer. Les oigo reír pero ya no les veo. Se desprenden pequeños cristales del techo. Titilan hasta deshacerse sobre la hierba, ahora naranja. Tú me empujas hasta el último de los espejos. Grande. Descomunal. Nos veo de cuerpo entero, dados de la mano. Estás tan guapa de blanco. Yo, con mi característico traje gris. Tú sonríes. Yo, serio. Una suave brisa mueve tu vestido y agita mi corbata azulada. Veo como me deterioro ante el espejo. Me consumo rápidamente hasta convertirme en una calavera con traje gris. Me convierto en polvo. El viento sopla ligero y me esparce por la hierba ocre del pasillo. Mientras, suenan suavemente campanitas a lo lejos.

Siento un profundo desasosiego al tiempo que me despierto. Soy consciente de que aún estoy aquí. Vivo. Alargo la mano buscando el interruptor de mi lamparita. Continúo con los ojos cerrados, pero puedo notar la intensidad de la luz y eso me calma.
Sigo aquí, al menos por un día más. Te busco a mi lado, en nuestra cama. Duermes tranquila, acurrucada al borde del colchón. Tan serena. Vestida solo con la sábana. Voy a echar de menos despertarme a tu lado. Esto solo es una prorroga, insoportable por momentos y que consigo mitigar cebándome de pastillas.
Logro incorporarme y veo mi reflejo en el espejo de tu tocador. Mi aspecto es demacrado. No sé cuanto tiempo más podré ocultarlo. Tampoco se bien de cuánto tiempo dispongo. Según el médico, ya debería estar muerto.
No soporto el reflejo que tu espejo me devuelve. La luz acentúa mis pómulos huesudos, los ojos hundidos, mi palidez.
Apago la luz y la oscuridad inunda el espacio. Vuelvo a sentir ese dolor punzante que me retuerce desde dentro. Busco en el cajón de mi mesilla el frasquito de pastillas que escondo entre mis calcetines. Con dos será suficiente por el momento…
Abro la puerta del armario. No recordaba que fuera tan pesada. Busco entre las ruidosas perchas. Da igual lo que escoja, todos mis trajes son grises. El tacto frío de la camisa cayendo sobre mí me estremece. Y la corbata hoy aprieta hasta casi asfixiarme. Necesito escapar de aquí. Termino de mal vestirme para salir huyendo de nuestro dormitorio.
Mis pasos se pierden en la interminable alfombra ocre del pasillo. Antes de salir de casa, un último y obligado vistazo en el espejo del recibidor. Me falta por abrochar un botón de la camisa. Aflojo un poco la corbata de rayas azules. Y me quedo parado por un segundo mirándome en el inmenso espejo. Mi aspecto es horrible. Un muerto intentando hacerse el vivo. Me horroriza lo que veo, tengo la sensación de que ya lo he vivido. Abro la puerta y se golpean las campanitas que cuelgan del techo. Un ligero viento agita mi corbata azulada.
(Dedicado a Raíl Hernández Garrido)
4 Comentarios
  1. “Un muerto intentando hacerse el vivo.”
    Desasosegante y tétrico. Muy buena atmósfera, Cat.
    La muerte a las puertas, con sus campanitas…
    Un abrazo,
    Luna

  2. Leerte es uno de esos placeres que uno debe procurar disfrutarlo en la quietud de las noches frías. El ritmo de tu narración es fluido. Frases cortas y certeras, acciones rápidas, un pensamiento o unas palabras apenas. El encanto de lo breve, como antes te lo he dicho. Y ese es tu encanto: tus escritos son evocadores, seductores, románticos. intimistas es la palabra adecuada y la que mejor te define. Y aciertas en el final. Debes seguir trabajando en la cantera de tu creatividad para llegar a la Gran Obra que estás destinada a crear, que tendrá estas características. Sólo una cosa: te faltan tildes. Un abrazo y un gusto leerte de nuevo en este espacio.

  3. Cat Yuste: 35 narraciones, de las que me he perdido de leer 34… mala pata la mía… cómo fue eso de que no había leído a un escritor de tu talla… pero me ispongo a buscar lo que has escrito, para estudiar tu estilo, tu asombrosa imaginación me deja pasmado.. Definitivamente uno aprende de los grandes, y es lo que pretendo.
    Te felicito.
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

  4. Felicidades, muy buen relato

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