Lunes.
Esta noche, mientras intentaba dormir en mi cama, he escuchado voces, susurros y risas en la cocina. Me he levantado, pero allí no había nadie. Llevo varios días sintiéndome observado cuando estoy en casa, pero me giro y estoy solo. Hace ya años que estoy solo.
Martes.
Corro las cortinas para que nadie me vea desde la calle. Pero da igual, el peligro está dentro. En cuanto llego a casa empiezan los murmullos y los siseos. Las copas chocan unas con otras como si ya brindaran por una victoria sobre mí. Pero no lo conseguirán. Aún no me han derrotado.
Esta mañana he abierto el cajón de los cubiertos y uno de los cuchillos estaba en el espacio reservado a los tenedores. Es la prueba definitiva. Están confabulando contra mí y un día de éstos me atacarán por la espalda. Lo sé.
Miércoles.
Si veis que un día no respondo a vuestra llamada o hace tiempo que no aparezco por el trabajo, han sido ellos. Que no os quepa la menor duda. Sólo os pido que os estéis alerta. Sólo eso por que no tengo miedo. Sé que estoy aquí para algo y es para destruirlos. No puedo permitir que le hagan daño a nadie más. Me sacrificaré para que éstos malditos cuchillos no puedan arruinar la vida de nadie más.
He roto todos los espejos de la casa. Ya no hay reflejos. También me estoy deshaciendo de todas las luces de la casa. Una a una. Estoy desarrollando una percepción especial que me permite moverme por las habitaciones a oscuras. Me da mayor libertad. Es un truco que aprendí de mi padre.
Jueves.
Antes vivía con mis padres en esta casa. Un día mi madre se despidió de mi como cada mañana y ya no la volvimos a ver. Mi padre se sentaba en el sofá y miraba la puerta por si aparecía. Tenía la esperanza de que llegara del trabajo y los tres nos pusiéramos a cenar, como cada noche. Nunca regresó. El también escuchó las voces y antes de que vinieran a buscarlo me explicó unas cuantas tretas. Me pidió que fuera fuerte y que no me dejara vencer, pero es que cada día los escucho más y más y no quiero que me lleven a mí también.
Dejé de ver a mi madre y después a mi padre. Me pregunto si estarán juntos ahora. Me pregunto si me estarán esperando. Si querrán que yo esté con ellos. Si volveremos a ser una familia. Si algún día se van a callar estas malditas voces que escucho cada vez que me acuesto y no me dejan descansar…
Viernes.
Llevo tres noches sin poder dormir. No recuerdo cuando fue la última vez que comí. Ni me lavo ni me cambio de ropa. He estado los tres días sin salir de la habitación. Estoy escribiendo con un cuchillo al lado del teclado.
Estoy escuchando voces en la cocina. Voy a mirar si hay alguien.




Hola Zarco, me ha gustado tu relato,
Saludos
Muchas gracias por pasar y comentar. Un saludo!
Muy buen relato, que bien podria ser el deslizamiento de un ser deseperado hacia la locura. Felicitaciones, mi voto y un abrazo.
Hola Vimon!! Veo que has cogido la esencia del relato. Gracias por comentar!! Un saludo!!
Impactante, muy bueno, voto
Gracias!! Un saludo!!!
Interesante descripción de una obsesión severa, enfermiza, casi me atrevo a decir que levemente esquizofrénica. Tres días sin dormir son muchos. Mi voto. Saludos,
Zarco: un estilo muy especial de narrar esas cosas raras que a veces creemos que vemos o que se nos aparecen, pero que, como bien dice Vimón, son nuestros pasos rumbo a la locura.
Te felicito por esto tan bien escrito. Tienes cualidades y sólo es necesario ponerse frente a la computadora (servidor, dicen en países remotos) con la mayor frecuencia posible.
Mi voto.
Volivar (Jorge Martínez Sahuayo, Michoacán, México
Gracias por pasar y comentar. Eso intento cada día, leeros y escribir un rato es una buena terapia contra estrés y aburrimiento aunque no todos los días hay tiempo. Te agradezco de nuevo el detalle de leerme. Un saludo.