Simplemente perfecto
2 de Abril, 2012 5
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Se sintió como una despedida, aquel último beso. Así fue, ella no volvió acompañada de su eterna sonrisa. Después de pasar un año entero me había vuelto un ser totalmente desolado y solitario. La monótona rutina de ir de casa a la oficina y de la oficina a casa solo la realizaba porque la tenía automatizada. Como todos los días me encontraba en el mismo bar pensando en ese mismo momento, aquel en el que me dijo adiós sin decírmelo con palabras pero sí con su mirada, no se atrevió a expresarlo, seguro que si lo hubiera hecho habría comenzado a sollozar sin poder pararlo. Bebía el café sin degustarlo, ya me sabía su sabor de memoria, tampoco me apetecía fijarme en algo tan nimio como ese cuando en mi cabeza rondaban cosas más importantes. Una vez terminé me dispuse a levantarme y pagar pero me quedé paralizado.

- ¡Es ella! - grité como un poseso.

Todo el mundo me miraba pero me daba igual, por la calle iba la mujer que una vez me dijo que me querría toda la vida pero le faltaba esa sonrisa que le iluminaba la cara, a lo mejor no era ella o solo fuera una ilusión que mi cabeza había creado en mitad de mi desesperación. Necesitaba averiguarlo por lo que pagué rápidamente y corrí hasta alcanzarla.

- Perdone, señorita - dije a la vez que le tocaba el hombro.

Ella se dio la vuelta sorprendida, al fijarse detenidamente en mi cara puso los ojos como platos durante un instante y poco después todo su rostro se tornó en llanto.

- Abel, lo siento - es lo único que pudo pronunciar mientras agarraba mi abrigo y lloraba desconsoladamente sobre mi pecho.

- No pasa nada - intentaba consolarla mientras acariciaba su pelo - ahora estás junto a mí de nuevo.

- ¡No! - dijo a la vez que se zafaba de mis brazos y salía corriendo.

Yo la perseguí no por mucho tiempo ya que se adentró en un parque cercano y tropezó con una piedra del camino. La ayudé a levantarse pero se había torcido el tobillo por lo que fuimos a sentarnos en un banco de madera. Ella no se atrevía a mirarme, permanecía con la vista fija en el suelo y mucho menos se atrevía a dirigirme la palabra por lo que fui yo el que rompió el hielo.

- ¿Qué ocurre? No entiendo nada…

- No podemos estar juntos - ella me interrumpió abruptamente - tú lo sabes mejor que nadie.

- ¿Qué? - me pilló totalmente desprevenido - no sé de que estás hablando.

- Tu madre me lo dijo, yo solo puedo aspirar a ser una simple camarera, tú eres el hijo de una poderosa familia ¿qué puedo ofrecerte? - en es momento clavó sus ojos en los míos, tenía las mejillas rojas y todavía se observaban los surcos que habían producido las lágrimas al pasar por sus mejillas - ¡ABSOLUTAMENTE NADA!

Rompió a llorar y olvidándose de su tobillo intentó escapar otra vez, esta vez sin éxito ya que al segundo paso que dio se precipitó al suelo. No intenté levantarla sino que me senté junto a ella.

- ¿Qué más dará lo que diga mi madre? - cogí su barbilla intentando que me mirara a los ojos pero ella no quería - te lo ruego, mírame.

- No quiero que la gente nos señale, no quiero hacerte infeliz.

- Más infeliz me hace el no tenerte - entonces ella por fin me miró - ¿Sabes lo difícil qué es encontrar a alguien que te quiera por como eres y no por tu dinero? Cuando nos conocimos no sabías nada de mí y a la vez lo sabías todo, en ese instante supe que eras única y que no encontraría a nadie como tú por lo que no te dejaría escapar nunca. Incluso te desilusionaste al conocer que yo era rico, lo pude ver en tu mirada, por un momento quise ser un pobre diablo, pero tú, como siempre, fuiste capaz de saber lo que estaba pensando y dijiste…

- No reniegues de ti mismo - su mirada se iluminó mientras lo recordaba.

- ¿Entonces por qué ahora no sigues tu propio consejo? Lo infeliz que he sido sufriendo tu ausencia no creo que sea superado por nada si tú estás a mi lado.

En su rostro comenzó a emerger esa sonrisa que en el pasado siempre la acompañaba, las lágrimas que brotaron ya no eran de tristeza sino de alegría. Nos fuimos acercando poco a poco hasta fundirnos en un cálido beso que pareció nunca terminar pero cuando llegó a su fin ambos sentíamos que había sido demasiado corto por lo que necesitábamos que nuestros labios volvieran a juntarse otra vez, no nos hicimos esperar ni mucho ni poco, solo lo justo para que el siguiente beso fuese para los dos simplemente…

…perfecto.

 

5 Comentarios
  1. Has vuelto a conseguir un pequeño relato tan triste como alegre, porque no deja de tener ese amargo regusto a amor imposible, que si bien en este caso acaba bien, me hace recordad a lo difícil que es que acabe así en la realidad. Muy bueno, tienes mi voto :D

    • Es que la realidad es tan diferente a la ficción… Aunque a veces la puede incluso superar! Que acaben bien o mal depende de ellos ¿no?
      Gracias por tu voto! :)

  2. Al principio ya me estaba poniendo triste pero al final la cosa ha remontado y se me ha escapado la sonrisa :D

    Me ha gustado mucho este también, veo mucho nivel por aquí, sigue así.

    Saludos!

    • A mí me pasa lo mismo al volverlo a leer!
      No deberías hablar mucho porque tú también tienes mucho nivel!
      Un saludo :)

  3. Precioso :) Es cierto, cada uno de nosotros somos únicos y perfectos.

    Besos, NoëlleC

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