
El fuego y el humo, negro como la muerte de los neumáticos que formaban la barricada, se interponía entre los anti-disturbios y nosotros. Me incomodaban el pañuelo y la gorra, calada hasta los ojos, pero no podía arriesgarme a que me reconocieran.
No gritábamos eslóganes ingeniosos, somos mineros, no poetas, pero bastaban para dejar clara nuestra posición.
Hacía un momento, uno de los anti-disturbios se había acercado intentando negociar. ¿Negociar? ¿El qué? ¿Acaso ellos van a dar de comer a mis hijos? Mucho me temo que no. Luchamos por nuestros derechos, por nuestro pan de cada día, y si algún día no tengo un currusco de pan que dar a mi familia, podré mirar a los ojos a mis hijos y decirles orgullosamente que yo hice lo que pude, que yo luché, luché por ellos, luché por su madre y luche por todos los familiares de los mineros de León, Asturias y el resto de España. Se han agotado las negociaciones, nuestra paciencia se acabó. Llevamos años dentro del pozo, no sabemos hacer otra cosa, mi padre picaba, mi abuelo picaba y mi vida, desde adolescente gira en torno a la mina. No, la lucha no había hecho más que empezar.
Tras una negociación fallida, un compañero le dijo al agente de los anti-disturbios desde detrás de la barricada:
-¡Oyee! ¡Podías dejarnos un par de cascos durante unos días!
-Entonces estaríamos en igualdad de condiciones- le contestó el guardia, mientras se daba la vuelta.
Un compañero gritó un fuerte “hijos de puta”, pero dentro de mi cabeza solo resonaba el Santa Bárbara Bendita una y otra vez. Qué hermosa canción. Mientras mi cerebro me reproduzca sus líricas y su “mirai maruxina, mirai”, el miedo estará lejos, y las fuerzas no me abandonarán.
Cuando los anti-disturbios se decidieron a cargar con gases lacrimógenos y balas de goma, nos replegamos a las colinas que flanqueaban la carretera. Cogimos piedras, sacamos los tirachinas, los petardos, unos lanzacohetes caseros y cargamos nosotros también.
-Ahí lo tienes -decía un compañero una vez le hubo metido el volador en el improvisado lanzacohetes-. ¡Dale!
-Joder, casi les damos, me cago en dios.
-Jaja, l´artilleru numeru uno -bromeaba otro-. El siguiente dasle en la focera, oh. A ver si se calla el condenau.
Y así entre bromas, la cuenca minera de León y Asturias demostró al mundo de lo que somos capaces. Y la Civil también nos enseñó de qué son capaces.
Aún me duele recordar cómo entraron al pueblo, cómo disparaban, sin importarles que hubiera un colegio allí al lado, cómo cargaban contra nuestras mujeres o nuestros hijos con sus pelotas de goma. Afortunadamente no hubo heridos.
Al final, entre los voladores, los petardazos, y las pedradas hicimos retroceder a los anti-disturbios, hasta que se replegaron por completo y marcharon.
Esta lucha no ha hecho más que empezar. Parar la mina, significa matar de hambre a miles de personas que de ella dependen, significa abandonar cientos de pueblos en toda España. Y no vamos a permitirlo, si no muero en el pozo, moriré luchando. Somos hijos de la mina, y a la mina le debemos lo que tenemos. Nosotros no somos estudiantes, ni estamos indignados; nosotros somos mineros y estamos hasta los cojones.



“Esta lucha no ha hecho más que empezar.”, una vez más, como tantas a veces, son los mineros asturianos o leoneses quienes muestran el camino de la Resistencia en España. Mientras tanto gilipollas en plena edad se masturabn con la Play y llorizquean por la zanahoria que le tiran sus jefes mediocres, la lucha en españa otra vez es de Norte a Sur. “Y no vamos a permitirlo, si no muero en el pozo, moriré luchando”.
No hay que aflojar, no hay dignidad sin lucha, ni progreso sin resistencia!!!
Muy bueno, claramente mi voto!!!
Deberíamos tomar ejemplo de los mineros, lo que se necesita es pararle los pies a l.os mafiosos que desde siempre han estado saqueando España. Muy buen relato, desde luego te doy mi voto.
Envoy: admiro ese coraje de los mineros del norte de España que lucha por lo suyo, para darles de comer a sus familias. ¿Por qué los españoles se dejan saquear, como nosotros los mexicanos nos dejamos que nos dejen en la ruina los odiosos vecinos del norte, de nuestro norte?
Saludos. Mi voto
Volivar
Querido amigo me solidarizo con la situación actual de toda la población de mineros y aplaudo su enorme trabajo, realizado durante décadas.
Gracias por tu escrito y por tu grito de justicia.
Un saludo y mucha fuerza. Mi voto.
Gracias a todos, por vuestros comentarios, vuestros votos, y, por el apoyo que demostráis a los mineros españoles. Son un colectivo que están pasando días difíciles. Han sido engañados y pisoteados por nuestro gobierno, y quería mostrarles mi apoyo de la forma que sé, escribiendo.
Un saludo