Su dulce naranja
12 de Enero, 2012 9
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maltratada

Preparaba el café, sin hacer ruido, asustada, no debía hacer ningún ruido que le
molestara. Se observó el brazo, amoratado y tembloroso y lo tapó con su manga… no
debía hacer ruido, cualquier cosa menos eso. Abrió el cajón, sacó un cuchillo brillante y
afilado, cuantas veces había fantaseado con él pero sólo veía dolor, dolor en él pero
sobretodo en ella, no soportaba el dolor de sus propias fantasías. Cortó las naranjas y
con sumo cuidado exprimió hasta la última gota de su dulce néctar.
Todo estaba preparado, la mesa impoluta, el café y las tostadas en su punto, ni
frías ni calientes. Se sentó y agachó la cabeza, no soportaría que ella le mirara.

En ese momento el aire se enrareció, un olor intenso y desagradable inundó la
pequeña cocina. El alcohol y el sudor se podían respirar en el ambiente, impregnaban
todo cuanto tocaba como si de humo se tratase.
Soltó un gruñido a modo de saludo o más bien de insulto, hacía mucho que no la
saludaba. Hacía mucho que ni la miraba, salvo para reírse de ella cuando le miraba
asustada y llorosa desde el suelo.

Se sentó y zampó el desayuno con sus grasientas y enormes manos, se limpió
con el mantel y despidió un enorme eructo, lo que le provocó su única sonrisa de la
mañana.

Se levantó y sin mediar palabra su mano rompió el aire y se estrelló contra la
cara compungida y ya no tan sorprendida de su esposa. El sonido se propagó hasta la
calle pero la gente no lo oyó o no quiso oírlo.

-Ya está -pensó

-Por las mañanas no está de tan mal humor, se cansará pronto -quiso pensar

Se equivocaba, los golpes no cesaban, al contrario, se hacían más y más
violentos. Voló de una esquina a otra.

-¡Como la puta que eres! -gritaba él.

Logró incorporarse sobre la encimera, a duras penas se tambaleo y logró
apoyarse en los fuegos que tantas comidas vacías habían preparado. La sangre le
manaba de la frente, como si de una cámara de fotos se tratara sus ojos se abrieron y
enfocaron, y allí estaba el cuchillo, brilante y afilado, goteando plasma naranja.

Volvió a fantasear con él, lo vio hendirse en su amado como en la mantequilla.
Por puro instinto animal lo agarró del mango y se a duras penas se giró sobre si misma.
Apenas podía mantenerse en pie, tenía serias heridas y una o dos costillas rotas pero lo
alzó en el aire y observó como su marido parecía divertirse con su actitud.

-¿Te vas a atrever? ¿No eres mas que una puta y una cobarde? -le increpó

-Además…ya sabes que yo te quiero…

Sus palabras destilaban ironía y odio a partes iguales.
Él se acercó dispuesto a quitarle el cuchillo sabiéndose superior.

-¿Qué le iba a hacer?. La tengo dominada -pensó

Dio un paso confiado con las manos en alto y riéndose a carcajadas. Un silbido
se escuchó y a continuación un grito ahogado por su propia risa. Lo había hecho, ella le
había apuñalado.

No sabía porque lo había hecho, ella no quería hacerlo, ella le quería a pesar de
todo. No quería hacerlo, pero lo hizo, el cuchillo fue directo al corazón y se lo partió
como él había partido el suyo hacía años. No brotó sangre, como si careciera de ella. La
mirada vacía y sorprendida de su marido le escruto hasta lo más profundo del alma, sólo
en ese momento vio al hombre del que se había enamorado, el hombre con miedos e
ilusiones, vulnerable y fuerte a la vez, respetuoso y amable, el hombre que le había
enamorado.

-¿Qué ha sido de ti? ¿Dónde estás? -preguntó ante el cuerpo inerte de su amor
perdido.

Su cabeza era una contradicción, amor y odio, alivio y vacío. Creyó volverse
loca, como un lento y agónico descenso a los infiernos. Y entonces allí lo vio, brillante
y afilado, sangre roja y naranja mezcladas para siempre. Poco a poco lo extrajo, con
cuidado, sin hacer ruido, él no lo soportaría.
No veía otra salida, alejó el cuchillo brillante y afilado dispuesta a coger
impulso.

-¿Porqué seguir viviendo? -pensó

En ese momento otro olor impregnó la estancia y ahuyentó al alcohol y al sudor,
un olor suave, agradable, precioso.

-¿Mama? ¿Estás bien?-preguntó la niña sin mostrar el menor asombro ni pena
por su progenitor.

Ahí estaba su razón para vivir. Allí estaba su pequeña y dulce naranja.

9 Comentarios
  1. Hola Kiko, saludos, suerte con tu cuento, realmente siento que el cuento narra, hay que imaginarse toda una escena ininterrumpida, hasta que la niña aparece, el final me gusta, en lo gramatical observo el uso continuo del “le” que a veces en cuestión de redacción evitarlo, pero adelante espero leer más cuentos.
    Natalia - Ecuador

  2. Muy esperanzador el final y aterrador el relato en general.
    Un abrazo, Kiko.
    Luna

  3. Fuerte y impresionante el relato principalmente por los colores realistas que evoca. El final lo endulza un poco, como un suspiro de alivio. Muy bueno.

  4. Muchas gracias a todos. Lo rescaté del baúl de los olvidos :) . Ojalá no hubiera tenido que escribirlo, pero lamentáblemente es una lacra social que, esperemos, algún día desaparezca.

  5. Hola Kiko:

    Buen acercamiento al tema del maltrato. Como siempre te subrayo algunas correcciones. Ten en cuenta también tus leísmos. He dejado algunos por corregir para que seas tú mismo quien los descubra.

    Un abrazo.

    Ahí van las correcciones:

    sobretodo (separado) en ella,
    impregnaban todo cuanto tocaba como si de humo se tratase. (Baile de número en los tiempos vervbales “impregnaban ” “tocaba”. ¿Cómo pueden tocar el sudor y el alcohol el ambiente? Reformula esa frase.)

    Hacía mucho que ni la miraba, salvo para reírse de ella cuando le miraba
    asustada y llorosa desde el suelo. (miraba,… la miraba. Repetición de miraba.)

    -Ya está -pensó. (punto) Corrige los posteriores en el relato.

    y se a duras penas (fuera “se”)

    de su marido le escrutó hasta (tilde)

  6. Lamentablemente demasiado real, puede imaginar perfectamente las escenas, felicitaciones por tu relato. Gracias por compartir.

  7. Como siempre muchísimas gracias Julieta! Estoy revisando el capítulo V y escribiendo el XI, en cuanto los tenga te los pasaré ;)

    Un saludo!

  8. Muy bueno , el final me encanto!

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