Cada día llegaban nuevos huéspedes. Por lo general venían del extranjero, llegaban a la ciudad en avión y después tomaban un taxi hasta el hotel; se acomodaban en sus habitaciones y a última hora de la tarde bajaban a cenar al pequeño restaurante. Ahí era donde Susana los conocía: su trabajo como camarera le permitía acercarse a ellos, darles las buenas tardes, tomar nota de su menú elegido y servirles la cena. Casi todos eran hombres que viajaban por trabajo y permanecían pocas noches en el hotel; les oía hablar en otros idiomas, vestir en diferentes estilos, seguir desconocidas costumbres. Pero siempre eran seres maravillosos que vivían en países lejanos y sorprendentes, y que, tras unos pocos días en el hotel, regresaban a sus hogares. Es por eso por lo que su eterno sueño era que algún día, alguno de esos hombres la sacara de allí, de aquel hotel perdido en medio del campo sin más horizonte que el de la infinita campiña, y la llevara a otro lugar, lejano y maravilloso, para empezar una vida nueva y siempre distinta.
Susana tenía siempre su maleta preparada debajo de la cama pues pensaba que se acercaba el momento de marcharse de allí. Pero pasaban los meses y los años sin que nada ocurriera. Ninguno de los huéspedes le ofrecía la nueva vida que anhelaba: se acercaba a ellos, les sonreía pero no obtenía a cambio más que otra sonrisa. No entendía por qué su sueño no se hacía realidad. Ella era joven, guapa y atenta; podía enamorar a algún hombre del hotel y marcharse a vivir con él, estaba segura de ello. Pero nunca ocurría nada.
Su paciencia terminó: decidió salir de allí en cuanto tuviera ocasión, fuera con invitación o sin ella. Tras varias semanas de espera encontró una ocasión propicia: un mensajero de la cercana agencia de viajes llegó al hotel con un billete de avión para una joven señorita que allí se alojaba; la recepcionista, siguiendo instrucciones, avisó a la huésped de la llegada de su billete y, acto seguido, solicitó un taxi para ella. Susana no lo pensó: aprovechando un despiste de la recepcionista cogió el pasaporte y el billete de avión de la huésped; fue a su habitación por su maleta y tomó el taxi hacia el aeropuerto. Su nueva vida empezaba.
Su nueva vida empezaba
6 Comentarios




Bonita forma de empezar una nueva vida.¡Yo también me apunto¡
Mi voto y un saludo.
¿De verdad te apuntarías a un viaje con destino desconocido? Yo creo que no
Muchas gracias por leerme, por el voto y por tu bello y sincero comentario. Nos leemos!
Un excelente relato, directo y bien narrado, en el cual la protagonista se incia en un viaje de inciertas consecuencias, tal vez inducido por la abulia que le produce el lugar y la esperanza de encontrar su paraiso soñado. Mi felicitacón y voto. T.H.Merino
Y bueno, es que no tenía otra salida… Mi voto
Si que debía estar desesperada la pobre mujer para irse sabe dios dónde. Espero que al menos fuera un país cálido. Un abrazo y voto.
Atreverse era lo único que hacia falta, soltar las amarras, dejarse ir, saltar, fluir y la vida se ajusta perfecta, por que ella también da el empujón o el boleto…buen texto con un gran mensaje…..saludos y voto….