Madeleine siempre le tuvo miedo a la muerte. Desde muy joven, casi desde niña, su relación con la idea de la muerte fue francamente obsesiva. Su primer encuentro con su némesis sucedio durante el velorio de su querido abuelo, la primera vez que la vio de frente y a los ojos. Le pareció totalmente absurdo que su abuelito, a quien tanto quería, tuviera que abandonarla para irse quién sabe a dónde, lugar misterioso y lejano, desde donde la gente no regresaba jamás. Verlo en aquella caja negra y pesada era una imagen macabra y triste que nunca pudo borrar de su mente. Apenas entrada en la adolescencia, Madeleine empezó a dedicarle muchas horas al estudio del concepto de la muerte en las múltiples religiones, la mitología griega y romana, las variadas mitologías hispanoamericanas precolombinas, la ciencia psicológica, la psiquiatría, la sociología y finalmente la tanatologia, que como es bien sabido es la rama de las ciencias que estudia precisamente eso: la muerte. Sin embargo, como no podía y no quería vivir de dicha disciplina, Madeleine se vio obligada a estudiar una carrera que le permitiera ganar un salario decente, por lo que se decidió por la carrera contable. Eso la distrajo un poco de su obsesiva manía con la idea de la muerte, pero no completamente, ya que con frecuencia soñaba o pensaba en diferentes y variadas formas de morir: desde el típico accidente de aviación hasta la puñalada recibida en la regadera, pasando por las múltiples formas del cáncer y otras maneras, a la cual más exótica y extravagante, pero que conducían todas al final irremediable. Como era una estudiante modelo, ya que su falta de encantos físicos la obligaba a quedarse mucho en casa mientras sus amigas se divertían con sus amigos y novios, al terminar sus estudios con excelentes calificaciones no tuvo mayor dificultad en obtener un buen empleo en una reconocida institución financiera con oficinas en Wall Street. Allí inicio Madeleine una productiva y exitosa carrera profesional, en el competido campo de la contabilidad financiera y en el corazón mismo del mundo de los negocios internacionales, Nueva York. Seguía ella, sin embargo, preocupada por la idea de la muerte, al grado de tomar excesivas precauciones al atravesar las congestionadas calles neoyorkinas y de procurar no seguir caminos obscuros o tenebrosos al salir del trabajo. Su preocupación la llevo también a comprar el más completo y caro seguro médico disponible, a inscribirse en el mejor gimnasio de Manhattan y a seguir de manera rigurosa la dieta más saludable que pudo encontrar en el mercado. Madeleine era sin duda una damita exitosa y saludable. El accidente de la Avenida Madison y la calle 14, a escasos metros de la oficina de Madeleine, donde un viejo elevador se lanzo en ascenso incontrolado, a una velocidad endemoniada -mientras una dama se encontraba con un paso adentro y otro afuera de la caja homicida- aplastando inmisericorde el frágil cuerpo de la víctima, dejo a Madeleine completamente atolondrada. Sin comprender como era posible que una mujer joven y sana como ella pudiera perder la vida de una manera tan banal, se detuvo en la farmacia para comprar su jabón de baño preferido, se dirigió hacia su casa agradeciendo al cielo no haber sido ella la accidentada, entro a su departamento, se quito la ropa, abrió la llave de la regadera, se desatendió de la laja de jabón que tranquila reposaba en el piso de la bañera, entró, resbaló, se golpeó la nuca con la llave del agua y no volvió a recuperar el sentido. Su muerte fue rápida y sin dolor. Desde un rincón del cuarto Tánatos sonreía satisfecha.
Tánatos
18 Comentarios



Vimon: eres bueno en este oficio; tu relato, muy bueno; nos recuerda esa continua preocupación nuestra, la de la muerte; esa muerte que, huyendo de ella, caminamos a su encuentro, de una o de otra manera.
Yo, amigo, sólo te observaría un detalle: acentuar los verbos en tiempos pasados, como: Dejo (dejó) a Madeleine completamente atolondrada). Esto, amigo mío, no es con mala fe; te lo aseguro. Te voto.
Volivar
Brillante cuento Vimon, enhorabuena, te envío mi voto.
Gracias, amigo Volivar, por tus estimulantes comentarios, especiaolmente viniendo de todo un maestro como tu. Tienes toda la razon con lo de los acentos, lo que pasa es que tengo una laptop con teclado americano y todavia no le encuentro bien. Acentua (ves) lo que le da la gana. Pero voy a ver si lo puedo corregir. Nuevamente gracias y no me molstan para nada las criticas, sobretodo cuando son constructivas como en este caso. Un abrazo.
Gracias, Antonio, por tus comentarios y tu voto. Te mando un abrazo.
Mucha calidad. Mi voto y te sigo, saludos.
La muerte…, esa gran desconocida y enemiga de todos . Muy buen relato Vimon. Siempre es un placer leerte!! Abrazos!!
Gracias, Walter, yo tambien te sigo. Un abrazo.
Amiga Soraya, gracias por tus comentarios. Un abrazo.
Fantástico modo de presentarnos la preocupación por la muerte. Lo que en un principio iba a ser la celebración de la “no muerte”, se convierte en la puerta de entrada a la misma. Excelente amigo Vimón. Me ha gustado mucho. Mi voto por supueto. Un saludo.
Excelente amigo…me encantó tu forma de enfocar el relato hacia el tema de la muerte, leído así no parece tan oscura.
Siento no haberte podido leer y votar antes, acabo de regresar de un viaje.
Un abrazo querido amigo!!
Gracias Erg por tus comentarios y tu voto. Como veras ese tema me obsesiona. Un abrazo.
Hola amiga Amerika, gracias por tus interesantes comentarios. Un abrazo y un beso.
Muy buen relato. Pesimista pero realista. Felicidades literarias.
Gracias Alca, por leerme y por tus comentarios. Saludos.
” La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”.
Antonio Machado
Original relato.
Un abrazo en la distancia.
Gudea
Pues no cabe duda de que Don Antonio tenia razon. Gracias por tus comentarios, Gudea, y te mando un abrazo de regreso.
Me gusta tù estilo, nunca te habìa leido pues aun le estoy tomando el modo a esta pàgina pero leer este relato me ha gustado mucho, enhorabuena
Gracias, Antonio, por tus comentarios. Un saludo.