Supongo que todos tenemos un rito que indefectiblemente cumplimos. El mío es desayunar fuera de casa. Como trabajo en ella es una forma de salir, desayunar, ojear el diario y partir al trabajo. Que en realidad es volver a casa (pero parece distinto).
La mañana que voy a contarte se presentaba tormentosa, entonces sin dudarlo demasiado me subí al auto para hacer las cuadras que me separan del café. A los pocos minutos se largó con todo. Estacioné de la mano contraria al bar, y esperando que pare un poco, me quedé un rato dentro.
Si te digo que hacía rato no escuchaba las gotas golpear sobre un techo de chapa te miento, ya que en casa hay uno en un patio cerrado. Pero vaya uno a saber por qué fue distinto, si por la soledad, el lugar tan chico, los recuerdos se sucedieron gota a gota mirando el agua correr sobre el empedrado.
Nací y crecí en un conventillo, Viviamos en un “dos ambientes” –una cocina y una pieza totalmente de chapa. Paredes y techo, donde ni bien caía la primer gota de lluvia te dabas cuenta de cómo venia la mano. Ahora, que vivo en un departamento, a veces ni me entero.
Los techos de chapa son alcahuetes. Si hace calor hierven, si hace mucho frio son un freezer y cuando llueve fuerte o graniza, son un redoblante. Y viste como es el agua, se filtra por donde la dejen, y en los techos del conventillo le sobraban vias de escape. Ante las primeras goteras la respuesta era inmediata, automática. Cacerolas, palanganas, baldes… hasta la escupidera si era necesario. Había más goteras que tachos casi siempre. Hay escupideras ahora?
La macana más grande era cuando caían las gotas sobre la cama. Flor de despelote había que hacer. Claro, no te conté que en la pieza dormíamos los 5. Mis viejos, mis dos hermanos y quien suscribe, por lo tanto las camas estaban colocadas cual fichas de dominó. Milimetrica y estratégicamente hubicadas. Tener una cama marinera hubiera sido una buena salida, pero no había para lujos. Las goteras de hoy eran el trabajo para mañana, así que mi viejo al otro dia subía al techo (subiamos) y ponía manos a la obra. Eso, si no seguía lloviendo.
Brea mediante, una a una íbamos intentando detectar las perforaciones para luego taparlas. Como me gustaba subir –andar- a los techos!. Un dia voy a contarte historias arriba de los techos. Hoy me ocupa la lluvia. Las goteras en realidad.
Indefectiblemente cada gotera que hoy se tapaba era reemplazada al poco tiempo por otra, que descubríamos en la proxima gran lluvia. Porque al subir al techo, por más cuidado que tuviéramos, al pisar el chaperío se movía, se dañaba.
Recuerdo una tarde que recostado sobre la cama de los viejos, que era la mejor, la de 2 plazas, y ocupaba el lugar central de la habitación –pieza en ese entonces- descubrí lo que a futuro sería una flor de gotera. En este caso fue el sol el que le dió “la cana”.
La habitación estaba a ocuras y cual rayo laser –rayo a secas en ese entonces- la luz se dirigió a mi ojo. Desconozco si alguna vez habrás observado un rayo de luz dentro de un lugar a oscuras. El polvo que flota en el aire se transforma en una especie de constelación. Como si diminutos planetas o naves flotaran ante tus ojos. Infimas, livianas, brillantes. Estirás la mano e intentás atraparlas. Es de una belleza increíble. Como tiene todo aquello que es simple. Si nunca lo viste, intentá lograrlo. Como? Ni idea. Tal vez si alguna vez vas al norte argentino, en algun rancho, o en algun bosque muy tupido. No te recomiendo intentarlo en una villa del conurbano bonaerense, ya que sería bastante dificil explicarle al dueño de casa tu intención. Dificilmente logre comprenderte. Goteras, chapa, oscuridad no te van a faltar ahi, pero es dificil de explicar. Mejor, es hacer un viaje.
Allí estaba yo desparramado en la cama y el rayo que me dá en el ojo. Como te dije antes, yo no sabía a esa edad lo que era un laser, de haberlo hecho, hubiera jurado que lo era.
Uno está lo más pancho y te apuntan a un ojo. Rápido de reflejos pegué una vuelta sobre mi y caí a un costado de la cama, totalmente desarmado!. Busqué instintivamente a mi alrededor y lo único que encontré fueron las chancletas de mi mamá, la escupidera y mucha, pero mucha pelusa. Cualquier cosa, pero nada que me sirviera de defensa ante semenjante ataque. Asomé la cabecita, el laser seguía casi en el mismo lugar donde lo dejé. Muuuuuuuuy despacito iba subiendo hacia la almohada. Me buscaba? No se. Miré al techo y no lograba ver a nadie. Sólo el rayo que entraba desde la nada. Ningún francotirador, nadie apuntando, nada que me hiciera pensar el una batalla. Menos mal, porque estaba solo y en desigualdad de condiciones. Eso sí, dispuesto a dar pelea chancleta en mano.
Techo de menos
10 Comentarios



El sonido de la lluvia es incomparable, conchapas arriba.
Un abrazo
Gracias por el espacio para leer y ser leido. Voy a ir compartiendo lo hecho y lo por hacer. Abrazos porteños.
Miguel, Miguelon!!!
Qué bueno verte por acá. Me gustó muchisimo el cuento, me la pasé de puta madre, que es de lo que se trata esto.
Según iba leyendo se me venía a la memoria un cuento de Harondo Conti, el rey de las cosas inmensamente pequeñas y cotidianas (seguramente, uno de los mejores escritores argentinos, si los milicos no lo hubieran masacrado tan joven, tan en el mejor momento…).
En fin, es un cuento que tambien el pibe se sube al tejado de chapa y desde ahí espía a su madre y relata su historia.
Bienvenido y un abrazo desde Madrid!!
(importando dosmilunos)
Tenemos historias de conventillos comunes no? Un placer estar entre tanta gente en busquedas de fantasias (no sexuales). Abrazo Nico.
Miguel Cortez: bienvenido a este grupo de amigos escritores; eres bueno en este arte; de un tema común y coriente, como son las goteras de un techo, desarrollas toda una obra hermosa, bien narrada, sin fallas, perfecta.
Saludos y felicitaciones
Volivar (mi voto). (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
Que tal Jorge. Gracias por tu cometario. Espero me des tu opinión también cuando tenga fallas. Aprendo más de los errores que de los aciertos. Un abrazo desde Buenos Aires.
Ustedes sí que son viejos conventilleros…. o viejos y conventilleros… es lo mismo. Muy bueno miguelito, te mando un abrazo
Lo de viejo es un eufemismo? No entendi bien jaja. Abrazo Papo.
¡Me encantó! Esa inocencia infantil que nos hace ver amenazas en todo desperfecto. Va mi voto.
Gracias Gabi. Me encanta que te encante!