Tic Tac
19 de Mayo, 2012 4
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Una sonrisa se dibuja inconscientemente en unos labios rajados por el frío del crudo invierno pasado. Unos pasos resuenan sobre el empedrado de la solitaria calle. Ella camina sin dirección fija, ambas manos en los bolsillos de un abrigo que esconde cualquier indicio de su feminidad. Su mente está muy lejos, su vista fija en ningún sitio.

Una mano, ajada y reseca por el trabajo de muchos años, se posa sobre un álbum de recuerdos. Pasa las páginas una a una, contemplando los instantáneos y espontáneos retratos de momentos ya olvidados. Acaricia una imagen, solo una imagen. Tras la ventana, la vida de la ciudad parece detenerse un instante. No es necesario más. El tiempo ya ha pasado. Tic.

Dos pies pequeños que se acercan, se detienen y se alejan. Van contando cada segundo que le queda. Se descalza, se desabriga, se mira reflejada en un cristal sucio de la acera. Apoya las dos manos en el escaparate, y mira el reflejo de sus ojos. Dos ojos llorosos, anhelantes y faltos de fe. Sigue caminando sin dirección fija.

Dos arrugas se dibujan en la piel que no se acuerda. Han pasado los años y tan solo sus dos pies descalzos recuerda. El empedrado de aquella calle, el escaparate sucio en el que reflejaba cada día sus dudas y pasiones. Cierra su álbum de fotos. Sus recuerdos yacen dentro. El reloj le marca incesante el paso del bravío tiempo. Tic. Tac.

Tres lágrimas resbalan por las jóvenes mejillas que continúan recorriendo la calle sin mirar atrás. Ignora las miradas sorprendidas que siguen sus pisadas desnudas. En silencio sigue su camino hacia ninguna parte, sin ningún destino, sin ninguna meta. Duele tanto una despedida.

Tres destellos se filtran por el oscuro ventanal, la ciudad no duerme, ni jamás se detendrá. Se sonríe amargamente, pues ya nada cambiará. Recuerda con cariño todo aquello que ya fue, que no existió, que nunca será. En la noche camina solitaria, desperdigando sus recuerdos en papel por toda la casa. Tic. Tac. Tic.

Cuatro horas tan solo habían pasado, y aún así la soledad ya acechaba. Es breve lo bueno, los recuerdos pesan. No hay marcha atrás, jamás la habrá. Camina sola en la soledad de una calle abarrotada. Sin rumbo, sin meta, sin final.

Cuatro paredes la acogen, tras el paso de los años. Se acabaron los paseos con los pies descalzos. Se superan las despedidas, se conservan fotografías enmarcadas en álbumes de recuerdos. Hace décadas ya que dijo adiós a su sueño. Sus manos ya están cansadas, sus ojos no tienen lágrimas. La vida ha continuado, aunque no fuera como esperaba. El tiempo no es amable, no vuelva atrás, no espera a nadie. Tic. Tac. Tic. Tac.

Cinco años que acaban en una amarga despedida. Se acabaron las sonrisas, los besos y las caricias. Se acabaron los te quiero y el olor dulce de las flores de primavera. Caminando sola solitaria, al final de su camino llega. El adiós ya ha sucedido. El camino solamente hacia delante lleva. Mirar atrás no sirve ya de nada. Secó sus lágrimas, se calzó, se abrigó y continuó el camino. Un rumbo, una meta, un final.

Cinco latidos de un corazón herido y viejo, que se desgasta a cada nuevo embite, a cada segundo que continúa latiendo. No espera a nadie el tiempo. Recoge de nuevo su álbum de fotos, el contenedor de sus preciados recuerdos. Arranca una foto, solo una, y la sostiene entre sus brazos, apoyando la espalda, dejando caer su cabeza repleta de canas y llena de viejos tormentos. Tic. Tac. Tic. Tac. Tic.

Una sonrisa se dibuja un unos jóvenes labios heridos. Una mano se desliza sobre los recuerdos guardados con cariño.

Tic.

Dos pies descalzos que caminan se detienen y, poco después, continúan. Dos arrugas se dibujan al borde de una sonrisa amarga.

Tac.

Tres lágrimas resbalan por las mejillas sonrosas. Tres destellos se filtran despertando un brillo en los ojos mortecinos.

Tic.

Cuatro horas han pasado desde que todo ha ocurrido. Cuatro paredes que albergan el dolor que aconteció.

Tac.

Cinco años que terminan, y se ha de continuar sin mirar atrás. Cinco latidos que terminan, llora ahora la soledad.

Tic.

La joven soñadora dejó de mirar atrás. La anciana recuerda su vida con nostalgia, su soñadora juventud, sentada en su sofá. El tiempo no es amable, y nunca vuelve atrás. Agarran las viejas y cansadas manos la única foto de su único amor. Recuerda mientras sonríe, entre triste y anhelante, las sonrisas, los besos y las caricias. La ciudad afuera vive, avanza y no se detiene. El tiempo nunca para, y menos aún retrocede.

Un latido. Tic.

Dos latidos. Tic. Tac.

Tres latidos. Tic. Tac. Tic.

Cuatro latidos. Tic. Tac. Tic.Tac.

Cinco latidos. Tic. Tac. Tic. Tac. Tic.

Tic.

Tac.

4 Comentarios
  1. Enladhern: gran narrativa; muy nostálgica; al leer, no hay tiempo para respirar, pues el pensamiento se va a esos sentimientos de tristeza, por el paso del tiempo, del amor, de la vida… que sólo nos deja un vago recuerdo del pasado, que, visto desde ahora, nos parece feliz, aunque no lo haya sido (pues el amor nos abandona)
    Volivar (Jorge Matínez. Sahuayo, Michoacán, México)

    • Es un placer que te pases por mis humildes letras y que disfrutes entre ellas tanto como yo creándolas. Muchas gracias.

  2. Me encanta la estructura de los golpes de reloj.
    “No espera a nadie el tiempo.”
    Un relato que embriaga de emoción.
    Un abrazo,
    Luna

    • Me alegro muchísimo de que te guste y de poder al menos en parte llevar mis pensamientos a la gente. Un gran placer que te pases por mis letras, Luna de lobos. Gracias y saludos.

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