Tres cervezas
18 de Abril, 2012 5
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Son las 9:00 de la mañana, debe ser domingo porque todo está quieto. Los días en esta ciudad son característicos, los lunes todos corren y se puede escuchar las cornetas de los carros hasta casi mediodía; de martes a viernes se repite una rutina, las mismas camionetas de pasajeros y sus gritos a la misma hora, los vendedores ambulantes de comida chatarra y sus olores que me recuerdan la hora de comer, los pasos pesados de la gente de regreso a sus casas por las tardes; los sábados son desordenados, sonidos y olores sin orden alguno, sin patrón; y los domingos, son silenciosos, pareciera que todos duermen para levantarse tarde el lunes. Me levanto con dificultad porque todo me da vueltas, pero no me puedo sostener en pie, me siento un rato mas y luego en un segundo intento logro caminar al baño. Me aseo sin tener un porqué, salgo y me visto sin saber para quién, me dirijo a la cocina a comer, solo, como siempre, sin el apremio del hambre, ni el recordatorio de los olores que vienen de la calle. En la nevera solo hay un huevo y una jarra de agua fría, tres cervezas y unas botellas vacías. Como es domingo comienzo con la tradicional cerveza.

Desde cuando no asomo mi cabeza en la nevera, no lo sé muy bien, sin embargo alguien la ha mantenido limpia, se nota. Pero también es evidente que es mi nevera, agua fría, un huevo que ni siquiera sé si se pueda comer y tres cervezas para el domingo.

En realidad no quiero salir de casa y eso encuadra a la perfección con el estado de mi nevera, así que me cambio de ropa, al fin y al cabo no tengo a donde ir ni a qué, y me dispongo a ver televisión, pero no hay nada que ver así que voy a la nevera. Siento hambre por primera vez en días, reviso el huevo pensando si será comestible. Al final no puedo tomar ninguna decisión, pero no quiero botarlo por si más tarde aumenta mi hambre. Comienzo mi segunda cerveza a la una en punto de la tarde, ya era de tarde, mi mama siempre decía que los hombres que beben en la mañana no sirven para nada, pero estaba solo y no me importaba haber comenzado antes.

Con mi nueva compañera regreso a la sala para recordar que no hay nada en la tele, así que me voy al cuarto y me acuesto boca arriba con el ventilador directo hacia mi rostro, solo intentando no pensar en nada. En realidad no intento nada, solo quiero que termine de pasar esta nada tan pastosa que me envuelve desde hace tanto, y así volver a donde me había quedado, salir de esta pausa de mi vida y volver a ser quien era; ya no me recuerdo a mi mismo.

De repente me encuentro viendo el techo, no sé si desperté porque no sé si estaba dormido, la botella de cerveza esta vacía y son las tres de la tarde. Voy por la ultima cerveza en la nevera y vuelvo a ver el huevo. Recuerdo que no he tomado agua en todo el día así que vacío dos vasos de un solo trago.

Con la botella por la mitad llego a la sala e intento de nuevo con la tele, igual, todo igual, así que opto por mirar la cerveza. Sumerjo mis pensamientos en su espuma y dejo que todo se esfume, eso, esfumarse, necesito un cigarro, eso lo arreglaría todo.

Busco en cada una de mis chaquetas y pantalones, en las camisas sucias y hasta en las medias, en la sala, en el cuarto y la cocina; pero no puedo conseguir ni un solo cigarrillo - No puede ser que justo ahora tendría que salir por mi cigarrillo - Pero lo necesito. Decido salir así mismo, voy al baño a lavarme el rostro para intentar dejar en el agua todo el hastío y aburrimiento y cuando levanto el rostro, asomándose en el bolsillo de la más vieja de mis camisas, colgada tras la puerta del baño, esta el cigarro deseado. Deprisa lo llevo a los labios como temiendo que fuera solo un espejismo..

Voy a la cocina y enciendo el cigarrillo, siento una profunda paz. ¿Y mi cerveza? ¿Dónde la habré dejado?, la busco por todos lados y por fin la consigo al lado del televisor, hago un tercer intento con el amigo de mi infancia y tampoco obtengo buenos resultados. Vuelvo a la nevera para dejar el vacío recuerdo de mi última cerveza de este domingo y vacío la jarra de los dos vasos que le quedaban, los últimos de la jarra; y busco detalles que delaten la putrefacción del huevo.

Empieza a llover, así por lo menos disminuye el calor, son las 5:15 de la tarde, se acaba el día. ¿Para qué?, ¿Que tengo que hacer mañana?, de nuevo el hambre, decido comerme el huevo, pero en el ultimo minuto opto por dejarlo para el desayuno de mañana.

¿Mañana?, ¿Cual es la diferencia real entre mañana y ayer?. ¿O entre ayer y hoy?, creo que ninguna, por un momento olvido que hoy es domingo y que ya va a empezar la carrera de caballos, y decido ir por el huevo, lo agarro, lo veo detenidamente y lo arrojo con todas mis ganas contra la pared.

5 Comentarios
  1. Que terrible relato, Jluis, pero muy bien narrado. Felicitaciones y saludos.

  2. Así es la vida solitaria de muchos (yo conozco alguno que no se hubiera pensado lo del huevo jeje). Muy bien narrado. Felicidades. Un abrazo

    • Muchas Gracias Soraya, ciertamente la soledad es uno de los tema que intente tocar en el cuento, que bueno que te haya gustado. Un Abrazo

  3. Jluismendoza: bella narrativa; buena estructura. Una obra de arte, amigo. Felicidades
    Atentamente
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

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