Un escuincle de estola
28 de Septiembre, 2012 2
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Llegaba a la estación de Camiones del Norte Ciudad; -ya venia para´ca- como siempre atiborrada de gente, me sorprendió verla tan llena, ¡claro que no es ninguna novedad! -Una ciudad tan grande nunca se da abasto pero así la vi, muy retacada de viajeros, esa fue mi impresión.

Sentado, esperaba a que vocearan el abordaje del camión, faltaba algo de tiempo y me llamo la atención una señora de las que te arrancan la mirada involuntariamente; no hablo de “una hermosa belleza de cuerpo escultural”; hablo de una de esas mujeres “GUERRERAS”; de esas que se ven en cualquier parte del “mundo real”; morena cara ancha, pelos negros sujetados con visibles canas como alambres entre el guato o chongo amarrado en la cabeza; el rostro sin maquillaje, sudoroso y con la huellas del tiempo y del trabajo.

De pie, vestía una falda negra y ancha, ¡muy amplia diría!, le llegaba casi abajo de los chamorros; llena de vivos colores fluorescentes y básicos; una vistosa falda folclórica que parecía más mantel que falda; entre los verdes, amarillos y naranjas, se arremolinaban en delgadas tiras que circundaban la seguramente “cómoda” prenda; más abajo unos soberanos huaraches de llanta, de suela gruesa, de alguna Michelin que quedo botada en algún accidente a orilla de carretera o simplemente quedo por ahí en algún terreno baldío y le sacaron provecho; bien sujetadas con gruesas correas en unos pies toscos gruesos y sucios de tanto caminar y que se notaba que de vez en cuando recibían algún mantenimiento.

Llevaba una blusa chamagosa, de color gris que al principio del día seguramente fue blanca; de esas prendas regionales, llena de hilos, de cómodas y frescas telas que cuando se visten te dan la sensación de alivio aunque a esas alturas de la noche más “apestosa” no podía estar. Los que no perdían brío eran los resortes de las mangas que marcaban los brazos rollizos, se notaba como angustiaban el paso de la sangre, aun con todo, la señora ni se inmutaba.

Su estatura de promedio a baja pero con un físico imponente; se notaba aun más ancha con la dichosa falda; las piernas separadas y ambos brazos en la cintura con los nudillos recargados a la espera de cualquier acto ofensivo; en las muñecas abundaban las pulseras multicolores, muy folclóricas y los anillos rebosaban en los dedos; a simple vista se veían de cierta calidad pero no conozco de brillos y menos metales.

Detrás de ella sus escuincles tirados en el piso, (sobre un trapo que parecía un rebozo o algo así), uno de ellos cercano a los 8 años el otro un “changuito” de unos 3 años (más o menos) que se retozaban como cachorros, la pasaban fabulosamente en su pequeño mundo lleno de tierra, con las caritas escurridas entre mocos y algunas lagrimas del día por alguna zarandeada que les propino su madre en el “hartazgo” de alguna travesura o por las golosinas que seguramente se atascaron a lo largo del día.

Pasaban miles de transeúntes, trajeados, mezclillas, casuales, en fin, les llamaba la atención tal cuadro. Detrás de los chamaquitos varias cajas de tamaño considerable, bien amarradas, mecates por doquier para asegurar la mercancía; a leguas se notaba que la señora era comerciante. (Mucha gente de rancherías o poblados rurales llegan a la ciudad para surtirse de productos que no se encuentran en su región o que son más económicos en la urbe).

La señora no se intimidaba ante la infinidad de buitres que pululan en la zona, si andar en la feroz ciudad es temerario, la central camionera es pan comido; se notaba experimentada en el tema, por esa razón se presumía de su parado en “alerta”, significaba la defensa de su micro reino: de los hijos y de la mercancía que se ubicaban entre ella y el muro del edificio.

¡Qué valiente guerrera!, con hijos a cuestas se tiran la aventura, ¡yo suponía que alguien la auxiliaría!, el marido, el querido o alguien más; cualquier varón “supongo”… ¡NO!… el caso es que ella se alistaba para resolver su turno en la zona de recepción donde se documenta el equipaje y las pertenencias de los pasajeros; a cierta, ¡corta distancia mejor dicho! el despachador de la fila junto a la bascula de carga la llamaba:

- ¡Señora!

Esta, atenta cual leona al acecho, maniobro y de un solo movimiento a una sola mano recogió al más pequeño de sus hijos y lo colgó alrededor de su cuello cual fina estola; pero no era piel de marta o de zorra, ¡NO! era el pequeño mocoso de cerca de tres años que con una fascinante habilidad por la evidente costumbre se enredo al cuello de ella como un mono y se aferro; el otro niño, el mayorcito se puso de pie como resorte y comenzaron a llevar las cajas a la bascula.

La muejr maniobro con tal facilidad que las cajas parecían vacías, (algo imposible para mí), pero lo más sorprendente solía ser el “escuinclito” que llevaba en el cuello, con él acuestas y con las cajas sube y baja, cargaba y se desplazaba con una fortaleza admirable, con la frente sudorosa y sin gota de esfuerzo

Cargo cerca de 12 cajas, el niño mayor la asistía, atento cual centinela cuidaba que en el maniobra no se desapareciera alguna, la señora como una verdadera gorila, (sin afán de ofender y menos en tono despectivo) ejecutaba una de las más hermosas faenas de la subsistencia común de una fémina. “Una mujer aventurada y roída por el tiempo, que cuidaba a sus vástagos y a su patrimonio.”

Termino la escena y se dirigieron al acceso de abordaje, su camión rumbo a no sé qué poblado de nombre raro estaba listo, ya despejada la responsabilidad de la mercancía y ahora en manos de la empresa transportista, pudo llevar a sus hijos al autobús que ya apetecían descansar. En la acción los niños casi corrían por el ritmo que imponían esas inmensas caderas que se abrían paso al vaivén golpeteando a cuanta persona rebasaba entre la muchedumbre.

La maravillosa escena dio paso para que se fuera el tiempo en un suspiro, el modo de vida es un arte aunque a veces el cansancio nos abruma y nos lleva a soslayar lo hermoso que es la vida en su infinidad de gamas.

Vocearon mi autobús, aborde y aquí estoy.

2 Comentarios
  1. Muy buen relato, Jorge, saludos y mi voto.

  2. Excelente relato. Mi saludo y voto. T.H.Merino

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