Él se dirige a lo de siempre, es un poco tarde, tal vez no encuentre clientela, su apresurado caminar acentúa el vaivén de una flaca silueta a punto de quebrarse, las mejillas se hunden en el rostro esquelético, ojos saltones, mirada delirante.
Desde sus quince años, se dedica a la misma labor; los días lunes y martes prefiere subir al bus y expone una corta publicidad, deja claro su objetivo y rápidamente obtiene las ganancias posibles.
Los días miércoles y jueves es común encontrarlo en las calles de la bahía: entre la muchedumbre sigilosamente busca un lugar estratégico, donde detenerse y atrapar al primer afortunado del día.
Los viernes y los sábados, elige trabajar desde el atardecer hasta altas horas de la noche porque mucha gente opta en esos días realizar los paseos familiares, las fiestas de amigos, discos bares, caminar por las avenidas. En quincena y en los fines de cada mes, a cualquier hora y en cualquier lugar, saca algo de sus iniciativas: son los mejores días.
Todos en la zona lo conocen, la señora Juanita cuenta que varias veces llamó a la policía, para que lograran salvarlo de las palizas de su padre. Desde que el desgraciado se murió por drogadicto, se acabaron los golpes. Su madre se fue del hogar cuando apenas tenía cinco años.
Desde pequeño, el hambre le enseñó que para comer, había que trabajar, pero como conseguir trabajo en una ciudad que exige títulos, pudo estudiar un par de años, apenas aprendió a leer.
Hoy va hablando con el sol o será que habla para él, tengo mucho miedo, siempre me ha causado un temblor en las piernas, sobre todo cuando lo he visto tirado en la calle, maldiciendo, pegando gritos, chillidos, que salen como residuos de olvido, rompiendo el sepulcro de sus palabras, se prende de dolores imborrables, envenena el aire con sus vicios, con su alcohol.
De repente revolotea en el aire el coas, la represión, la violencia, muchos carros de la policía lo rodean, frenan de golpe, abren sus puertas, apuntan con las armas a su cuerpo, eleva sus manos, se arrodilla mirando el cielo, se lo llevan. Siempre fue un hombre convertido en sombra, así pudo mantenerse casi existente.
Las miradas de los curiosos se pierden en las rendijas de cada casa, después de un par de minutos aglomerados en las esquinas cuchichean, susurros que perturban. Un ladrón menos dicen.



Natalia Villalva:¡Vaya, narración! Miguel de Cervantes escribió su Quijote después de observar el modus vivendi de la gente, de todas las esferas sociales. Con gran maestría terminas tu obra, al narrar esa saña de las autoridades contra los que no pueden o no saben defenderse.
Felicidades
Atentamente Volivar Martínez Sahuayo, Michoacán, México
gracias volivar, un abrazo
Alo, Natalia:
Primeramente agradeciendo que hayas leído El lenguaje de los peces, ya he contestado tu comentario.
Enseguida manifestar que tu narración está impregnada de un hálito de tristeza y dolor. Se alcanza apreciar, sin ser necesaria demasiada información, el infortunio al que ha sido expuesto el hombre sin sombra. Ha sido un excelente manejo del suspenso el hecho de que hasta el final conozcamos su actividad. Queda un amargo sabor de boca, puesto que a nadie nos es grato presenciar en una narración lo que la realidad reproduce crudamente; no obstante, alguien tiene que hacerlo.
¡Bien hecho!
Mis mejores deseos.
Joy
Gracias Dumal, eso de la tristeza y el dolor algunos me lo han dicho, lo bueno de todo es que ta ha gustado el cuento.
Un abrazo
Natalia
Hola Natalia
De este texto me ha gustado sobre todo la finura de la prosa: tienes un estilo sobrio y elegante, muy grato de leer.
Por otro lado, creo que es un feliz acierto ocuparse de la figura del ladrón. Es sencillo condenarlo de por sí, automáticamente, de forma irreflexiva. Pero intentar aproximarse a él, desde un punto de vista más hondo, nos ofrece a un ser humano, al cual comprender, más allá de su manera de vivir.
Esto último también lo pondero en tu texto y para mi ha sido una excelente manera de acercarme por primera vez a tus trabajos.
Gracias.
Saludos!
gracias jesusademir, espero visites mis demás cuentos.
Natalia
Que buen cuento, me gusta la cadencia y lo íntimo que impregna el viaje.
Y gracias por la bienvenida.
REVELACIONVITAL, GRACIAS POR TUS PALABRAS Y MIL DISCULPAS POR NO HABERTE RESPONDIDO ANTES, ESTUVE MUY ENFERMA, RECIÉN ME ESTOY PONIENDO AL DÍA EN FALSARIA Y EN MI VIDA. UN ABRAZO
NATALIA
He regresado de mis vacaciones y me encontré con este maravilloso cuento, muy bien logrado, narrado y lo que a mi particularmente más me gusta, tiene alma. Gracias por compartir.
NANKY, CÓMO ESTÁS, TE AGRADEZCO POR TU COMENTARIO, NUNCA PENSÉ QUE PODRÍA SER MARAVILLOSO ESTE CUENTO, REALMENTE CUANDO LO HICE, LO COMPARTÍ CON MUCHOS AMIGOS Y AMIGAS DE LAS ESCRITURAS, PERO NO LES LLAMO MUCHA ATENCIÓN, SIEMPRE ESPERO ALGÚN MENSAJE TUYO. Y MIL DISCULPAS NO PUDE SALUDARTE Y AGRADECERTE ANTES PORQUE ESTUVE MUY ENFERMA Y RECIÉN VEO EL COMENTARIO.
UN FUERTE ABRAZO
NATALIA
Muy buen relato, pinta muy bien la degradación a que puede llegar la persona sometida a violencia y vejámenes desde la niñez, integrando a la vez una sociedad que privilegia los títulos y la riqueza. Excelente imagen la de la sombra en que se ha convertido ese hombre. Te sigo leyendo.
Estimado Hugojota, qué bueno saber que te ha gustado este cuento, realmente me agrada que me estes leyendo, pronto espero publicar un cuento, pero no estoy pensando es eso de la publicación, eso no me llama la atención.
Un abrazo
Natalia
Tal vez se deba a este nuevo sistema de Falsaria, pero muchos comentan y no ponen “me gusta”, lo que quita posibilidades de progreso al texto dentro de la página. Este relato debería ya tener más de diez.
Gracias Hugojota eres muy amable con tu comentario. Un abrazo.
Natalia, sigo protestanto porque no publicas actualmente. Eres cruel, amiga.
Tanto que uno te estima, que te aprecia, y tú, como si nada, ¿no te das cuenta que necesitamos saber cómo haces tú para expresarte bellamente?
Volivar (esto es un reclamo, pero un reclamo amoroso, tierno, suplicante)