Un instante de ella
12 de Noviembre, 2012 0
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Un instante de ella.

Como un fiel merodeador concurría con frecuencia al mismo bar y a la misma hora, de alguna extraña manera me acostumbre a necesitar más de ella, morirme de deseo de poder palpar su piel, admirar una mariposa que llevaba tatuada en su glúteo izquierdo, cada noche verla pasar con su exuberante andar, al recorrer la pista camina con concupiscencia, cada paso que daba con la elegancia de un mastín de exhibición, apreciar su negro cabello que cae lentamente sobre su femenina y delgada espalda, , era la recompensa de cada una de mis escapadas nocturnas, pero su mirada a pesar que siempre bailaba, de todo su glamor, de ser el centro de atención era triste.

Para ser franco me enternecía un poco, tenia aspiraciones simples como recibir flores de vez en vez o que alguien le obsequiara un cursi y gigantesco oso de felpa, tras su maquillaje ocultaba huellas de amargo dolor desde que la vi por primera vez me flecho con una mirada ambos sonreímos, una reacción química en cadena se creó a primera vista, recuerdo que me senté en una mesa luego de pedir un wiski con soda, si mucha soda y hielo, quería tomármelo muy despacio para apreciar la gama de linduras que ofrecía el lugar, todas bellas, hermosas, bien retocadas y perfumadas, lista para entregar falaces quereres y besos plásticos.

La estancia era un lugar de eso de los cuales todos quieren entrar, pero te juzgan si lo haces, una casa del placer donde los besos y las caricias tienen precio y los orgasmos son alquilados, el amor se brindaba por horas, su costo era el mas elevado de la ciudad por lo tanto la mujeres de allí eran las mas glamurosas, jóvenes y estéticas, muñecas para jugar de forma horizontal, conocedoras de cuentos para adultos, sin embargo con solo verla sentí un amor verdadero, extraño, cuestionable, pero real, un amor de los que nadie entendería, de los que va mas allá de lo que diga un “que dirán”, se me acerco con una gran sonrisa, mientras yo conversaba de negocios con mi socio, ella estaba acompañada de una hermosa dama, ambas se sentaron, charlamos pero mis ojos se clavaron en sus ojos, no me importaba ver como eufóricas se desnudaban, otras chicas, mientras una muy buena música sonaba, no me importaba pagar cuatro veces el valor del trago, solo me importaba su compañía, el tenerla cerca el sentir que me miraba, me hacia volar hasta la torre de babel, me creí un Dios por un instante, el amo del universo mientras ella estaba junto a mi, con su picara risa, buscando la manera de excitarme, de volverme su cliente, pero yo no quiero ser una historia de tantas noches, quiero ser alguien con significado. Que mi nombre este en su agenda, que mi apellido le diga algo, olvide mi prestigio por soñar en sus caderas, olvide mis doctorados y credenciales por su picara anatomía, pero el corazón no sabe de estatus ni clases, solo sabe de latir al ritmo del amor, así este prohibido.

Pronto entre palabras y elogios ella olvido que no buscaba ser amada si no más bien ser remuneradas. Jamás entendí el por qué un Licenciado no puede amar a una Meretriz, la moral es un verdugo, que no perdona, pero yo si diez vidas tuvieran, diez veces buscaría conocerla, para diez veces mas enamórame de ella, por que ella para mi fue una razón para vivir, nunca mi corazón latió con tanta ferocidad.

Sus voz poco a poco se volvió mi combustible, la noche se fue y aunque ella me sugirió que comprara su piel, me negué, mi deseo de tener su cuerpo era grande, pero el de seducirla era mayor.

Noche trasnoche fui a su club nocturno, día tras día no contaba los minutos para tenerla a mi lado, no puedo negar que me fascinaba, su presencia me enloquecía, su aroma me estremecía los sentidos, cualquier excusa era buena para salir por un trago, dude de mi cordura, mi mente y mi corazón estaban en desacuerdo, el cerebro decía que no era posible mientras mi espíritu me indicaba que era el amor de mi vida, desde niño me enseñaron que chicas así no eran para llevar con una anillo a una cena de gala, tampoco eran damas para presentar en sociedad, no obstante luego de conocerla me di cuenta que era una mujer como todas las demás, con tristezas y alegrías, sueños e ilusiones, dolores y penas, ella me hacia olvidar todos los dogmas de la moral implantados por el sistema, quien este libre de pecados que lance la primera piedra.

Me prometí no pagarle, más bien me propuse conquistarla, me hice su cliente recurrente, pero no en busca de sexo solo quería cortejarla, bajo las luces de neón, que resplandecía sobre su contorno, el olor del licor y cigarrillo se comulgaba con su perfume, verla siempre con poquita ropa, tocándome con suavidad, además conozco su sonrisa indeleble, por siempre, aunque cuando lloraba por dentro no cambiaba su sonrisa.

Las fiestas de gala, ya no me importaban, tampoco ir a jugar golf, ni menos reunirme con en mis compañeros de trabajo, solo esperaba que callera la luna para ver a mi princesa bailar en aquel club nudista, casa del pecado, la herencia de babilonia, donde los files se vuelven infieles donde la extravagancia es lo mas habitual, donde un par de piernas sumadas a un par de pechos son tarifadas, ¿me pregunto si existe un impuesto a la silicona? , poco a poco y luna tras luna, era mi segundo hogar, los vigilantes me saludaban con respeto, las damas se acercaban con cariño, mi doncella rota, actuaba como mi señora, una realidad desfigurada sobre lo que pasaba afuera, pero era un estado perfecto entre esas calladas paredes, aunque miles de hembras de esa casa, me ofrecían sus servicios, gastaba mucho dinero en tragos, mi ética de no pagar por sexo, se mantenía intocable.

Solo estaría con ella por deseo y no por que podía cómprala, le llevaba obsequios, le escribía poemas, la estuve enamorando como se enamora a una señorita, recuerdo que era un miércoles, la clientela era poca y de pronto me beso, no era un beso falso, pues lo sentí en todo mi ser, un beso que me volvió al origen, con la extraña sensación de mi primer beso, el escalofrió divino que recorría mis nervios, aquel inaudito vacío en el estomago, que de la sensación de estar planeando desde la alturas, fue el beso mas deseado y cautivador de mi existencia, me susurro al oído que se sentía lista, no sabe ni como ni cuando se enamoro de mi.

Como una prófuga me subió a la habitación, cautelosa que nadie la mirase pasar, tomo la llave rápidamente y de un fuerte empujón me lanzo a la cama, siguiéndome de un violento beso, acostándose sobre mi, mientras abría mi camisa con sus afiladas uñas acrílicas rasgando mi pecho y abdomen, mordiendo mi cuello, manchándome con su colorete.

La abrase con mis brazos mordí sus labios cerrando mis ojos, mis manos salvajemente recorrían esa delgada espalda que tanto me gustaba, me adentre en una burbuja social, aislándome del mundo material que fuera de esta habitación nos esperaba, ahora éramos solo ella y yo, la noche, la música y el deseo.

Rasguño, caricias, cuantos de guerras y paz, gemidos retumbados, sudor y hasta lagrimas, besos que perduraran hasta e infinito, nuestro rincón intimo pronto se volvía mas grande, viajamos por el mundo entero, la tierra dejo de girar, estábamos en queda lugar que queríamos estar, en ella lo encontraba todo, mis sueños aberrados mas quiméricos se hacían realidad, un instante de ella lo valía todo, la larga espera, el setenar de tragos sobrevalorados, la esfera tenia sentido nuevamente, por primera vez no tuve sexo, estuve convencido que hice el amor, por un instante llegue a pensar que me Salí con la mía, que todo seria perfecto, pero luego de un par de horas y un poco mas, note que lloraba, “¿no te gusto? le pregunte anonadado, no era eso me respondió mi dulce ángel, solo que era su ultima noche en el bar.

Mi rosto se callo al suelo quebrándose en pedazos, la mas grata bienvenida se volvió el mas triste adiós, no había nada que yo podía hacer, le prometí sacarla, cambiarle su vida, le rogué que se quedara, pero ni mis palabras ni las palabras de nadie me harán cambiar.

Muy temprano tomara un avión a Nicaragua, no estaba en el bar para enamorarse, sin embrago y sin que este en el libreto se enamoro, afirmo entre lagrimas, estaba pagando por su error, se despidió muy dolida, dándome ha entender que lo nuestro fue real, que por algún segundo danzamos libres y sin ataduras.

Hoy su ausencia me duele sobrellevar, mi flagelo es visitar cada noche aquella nostálgica taberna, asfixiándome con su recuerdo, pero esperando en el lugar de siempre en el mismo lugar por si un día decide regresar, aun siento su voz en mi corazón y cuando las tardes son frías sé que desde lejos me piensa de la misma forma en que yo la piensa a ella.

 

 

 

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