Un kilómetro en un metro
9 de Febrero, 2012 8
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Larga cola de pasajeros que aguardan cansados en el andén; la llegada del próximo vagón que los transporte a su destino. Como cadenas de chorizos humanos forman laberínticas figuras, el espacio disponible para los recién llegados que se suman a la cola, cada vez es menor, el calor sofoca al grado de unas temperaturas insoportables. La variada fauna que componen las cadenas de chorizos, está compuesta por una heterogénea mezcla de chistes, maldiciones, conatos de peleas, el coleado de siempre, que llega a la fila con cara de yo no fui y poco a poco va ganando terreno ante las personas que lo anteceden, todo esto es un caldo de cultivo para las situaciones más inverosímiles jamás vistas.

Se forma una especie de hermandad ante la osadía de los aventureros que toman la decisión de ignorar a los demás, aquellos que han llevado sus gotas de sudor a un ritmo que deja el pañuelo completamente mojado, donde cada vez son menores los pliegues secos para seguir absorbiéndolo. A cada intruso que llega, le sale una sarta de groserías, maldiciones y palabras disonantes que rebotan sobre este sin hacerle daño, es como si las palabras e improperios recibidos le dieran más fuerza para seguir adelante en su intento de rebasar a los demás y ganar una plaza del codiciado vagón.

Adentro el intruso se adosa a las nalgas de los pasajeros que incómodos lo miran con cara de pocos amigos, el intruso se hace el que no está enterado y empieza a tararear una canción que se escucha desde unos audífonos conectados a sus oídos. Adentro sigue el calor en el vagón, los pasajeros se secan el sudor de sus rostros y tratan de abanarse con lo que tienen a mano.

Un anciano increpa a un joven que lleva unos audífonos colocados en sus oídos pero que dejan salir un sonido que se escucha a lo largo del vagón, le dice que al paso que va, quedará sordo cuando sea mayor, el joven lo ve con cara de sorpresa; pero acompañando el gesto se retira los audífonos y los coloca en su morral, punto para el anciano.

Al frente del asiento donde estoy parado, una pareja de jóvenes se hacen los que están dormidos para no darle el puesto a nadie, una anciana está parada cerca de ellos y estos no abren los ojos, los demás pasajeros se tapan el rostro con periódicos que simulan leer, otros, también se hacen los dormidos. El sauna sigue haciendo su trabajo a la perfección, torrentes de sudor se deslizan por los rostros de los pasajeros con una triste pose de muñecos de cera que se derriten al sol.

Cada estación parece un vía crucis sin ser Semana Santa, los empujones van y vienen sin distingo de edades ni sexos. Pasajeros con una audacia a toda prueba son vistos con enormes cargas, dispuestos a entrar al próximo vagón que llegue, la temeridad de estos no tiene límites; cuando contra todo pronóstico logran entrar al vagón, no sin antes llevarse por delante a otros pasajeros.

Kilómetros de cosas pasan tan sólo en un metro, es el lugar ideal para un aquelarre de situaciones extrañas, cómicas y embarazosas

8 Comentarios
  1. Hegoz, te felicito por hacer de cada cosa cotidiana, una bella narración..
    Me haces recordar los medios de transporte de mi país… en los camiones de pasajeros, la gente carga hasta con gallinas, marranos… las indígenas con su costal de artesanías… en fín, como expresas, todo un aquelarre de situaciones extrañas, cómicas y embarazosas.
    Atentamente.
    Volivar(Con V… es que, creo que ya te dije, la secretaria del registro civil, estaba más bruta que yo, cuando me inscribió en su librote, haciendo constar que desde ese momento, era yo ciudadano mexicano. Y, como al crecer me pareció mal eso de estar mal escrito mi nombre, me puse Jorge, asi nada más…. sin autorización oficial…
    lo que, a lo largo de la vida, me ha causado una serie de problemas. Por lo que volví a eso de llamarme Volivar, con V.
    Y, otra cosa, habrá que felicitar a Nanky, que por fin regresó de vacaciones y está aquí, en la red, activo, como siempre.

  2. Escrito con fluidez y crítica mirada, Un kilómetro en un metro nos describe los detalles de una cotidiana experiencia en los espacios urbanos.

    Destaco sobre todo la sabia distancia que toma la voz narrativa para comentar las situaciones que acontecen en las aglomeraciones del metro. Lo relatado aquí bien puede suceder en cualquier grande urbe del mundo.

    Interesante visión no exenta de cierta ironía y mordacidad.

    Mil gracias Hegoz!

    Atte

    Ademir

    • Gracias por tus comentarios a este intento de crónica urbana salpicada con leves toques de humor venezolano

  3. Me gusta la manera de redactar que tienes, sigue así.

  4. De algo tan trivial como un viaje en metro consigues escribir un relato divertido por lo fiel que es a la realidad, y ágil.
    “Kilómetros de cosas pasan tan sólo en un metro”.
    Un abrazo!
    Luna de lobos

    • Es asi amiga, algo tan sencillo como el pan nuestro de todos los dias. Saludos y gracias por leerlo y comentarlo.

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