Allí, de pié, en un rincón silencioso de aquel gran almacén, pasaba las interminables horas esperando que alguien reparase en él, se había convertido en un involuntario ermitaño, aguardaba una caricia en sus costados, un roce siquiera para despertar ese doloroso anhelo por darse a conocer, por desvelar todos sus secretos, por contar su historia de principio a fin. Un traje de color ocre, deteriorado por el tiempo, lo envolvía y protegía aunque la humedad se contaba ya entre sus inquilinos. Un sexto piso de generosas vistas le daba una posición privilegiada para observar pero, a su vez, le restaba posibilidades de ser admirado. Desde que vivía allí, había salido en tres ocasiones ya lejanas, aún las recordaba, sobre todo el aire fresco que recorrió su cuerpo, aquellas caras de sorpresa que sonreían con sus ocurrencias, que lloraban con sus relatos, que suspiraban con sus misterios, cuánto deseaba volver a sentir aquella excitación, aquel estado de abandono en el que se abría para entregarse totalmente a su público, sólo vivía para esos escasos momentos. Miraba con resignada envidia como sus vecinos entraban y salían mientras él permanecía inmóvil, triste, olvidado, le hubiese gustado gritar su nombre pero su lengua era silenciosa, poderosa sí pero extremadamente sigilosa también.
Un hueco se abre de repente a sus costados y una sutil brisa de aire nuevo se filtra entre sus finas páginas, la luz lo ciega pero todas sus palabras están preparadas para ser pronunciadas, todos sus significados están en el lugar oportuno y esperan en las esquinas adecuadas para saltar entrelíneas y ofrecer sus respuestas. Frente a él, un interesado rostro pasea su interés por cada párrafo, por cada capítulo y disfruta y sonríe y sufre con el motivo de su existencia. Durante unos días apenas, abandonará el sexto estante de su pequeña librería y desempolvará su viejo traje ocre e incluso se desprenderá de alguna mancha de humedad, pero sobre todo gozará de cada una de las caricias, de cada vuelta de página para, llegado el momento, volver a morir un poco durante mucho tiempo hasta que vuelva a ser elegido por la suerte y poseído por la magia que guarda entre sus tapas. Un libro apenas.
Un sexto
4 Comentarios



Muy buen texto, Toni, pero subio con errores de desfase, mira si lo puedes arreglar. Saludos y mi voto por su bello contenido.
Excelente relato Toni, y muy acertada la ilustración.
Un abrazo.
Toni GC: he releido tu narración, hermosa, y en verdad que no encuentro lo que dice Vimon. A ver si nos explica ese desfase al que se refiere.
Mi voto
Volivar
Lo arreglé un poco, al copiarlo se incrustaron saltos de línea. Gracias a Vimon por decírmelo… Gracias a todos por su opinión…