Una flor en el camino
4 de Abril, 2012 2
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El tiempo que estamos en este mundo es efímero, como la vida de una flor. Pétalo a pétalo, ésta va perdiendo toda su belleza inexorablemente, acercándose a su decadencia, a su muerte, sin poder hacer nada por remediarlo.

La vida está plagada de decisiones, unas correctas, otras menos correctas, pero no por ello incorrectas, y todas y cada una de ellas nos conducen por un camino, aquél que nos define y nos hace evolucionar. Pero el final de este recorrido sólo es uno. Lo temamos o no, nos aguarda, y no hay forma de evitarlo, sólo podemos elegir el mejor sendero para hacer de la vida un hermoso paseo hasta nuestro fatídico desenlace.

La lluvia cae sobre mi cuerpo, sin tregua, mientras contemplo la hermosa flor blanca que yace ante mis ojos. Se encuentra tendida en la verde y húmeda hierba, temblando ante cada gota que amenaza con arrancarle un nuevo pétalo, con acelerar su ya de por sí temprana muerte.

Esta lluvia tiene muchos significados: vida, muerte, purificación… Todos ellos dependen de las circunstancias, pero siempre tiene un significado.

La flor es un símbolo en mi corazón, un símbolo de toda una vida junto a ella, un símbolo que ahora yace en el suelo ante mí, agonizante. No puedo dejar de observarla, de pie, sólo, empapado, desesperanzado.

¿Cómo sabemos que hemos elegido el camino adecuado? ¿Por qué creemos que elegimos nuestro propio camino si al final siempre hay algo que nos lo arrebata? Es entonces cuando nos planteamos si no hubiese sido mejor ignorar la felicidad para evitar sufrir su pérdida.

A mi mente llegan recuerdos tristes de una vida que ya nunca más tendré… y ahora me planteo si ha merecido la pena.

Quizá sea mejor no escoger ningún camino, no esperar nada, afrontar lo que nos llegue en cada momento… pero al fin y al cabo, ese es otro sendero. Y no importa cuál elijas, porque la muerte llegará, pero es duro que lo haga antes de tiempo.

No, no me arrepiento de mi vida, no me arrepiento de haber conocido en sus brazos la felicidad. El poco tiempo que pasé junto a ella fue el único que dio sentido a todo mi camino, el que supo encauzarlo, el que me hizo temer la muerte. Prefiero sufrir su pérdida antes que ignorar su existencia.

Caigo de rodillas, y con una mano temblorosa pero resuelta cojo la blanca flor y la coloco sobre su tumba. Las lágrimas brotan de mis ojos, pero la lluvia las arrastra junto a su purificante caricia. Ahora estoy preparado para afrontar el resto del camino, porque sé que al final de éste no está la muerte, sino una nueva vida con ella.

2 Comentarios
  1. Precioso Kaztyr. Ultimamente también recuerdo que nada dura para siempre, que nada es eterno y todo lo que nos rodea tiene un final, incluso nosotros mismos.

    Besos, NoëlleC

    • Eso es cierto, pero no por ello hay que dejar de disfrutar a cada momento de lo que tenemos, sin pensar en que todo termina acabando =)

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