Se la conocía por Cata y se la podía encontrar por cualquier esquina de la ciudad revolviendo en los contenedores de basura, caminando o subida en una vieja bicicleta con remolque de la que nunca se separaba, sin más compañía que la de un chucho desgarbado que la seguía a todas partes como si ella fuera la razón de su ser.
Era de estatura baja y estampa abultada, aunque esto último solo era facha, porque una vez que se despojaba del plumífero que la cubría hasta los tobillos desnudos, su figura era poco menos que nada. Asemejaba anciana; su edad, como la raza del perro, se hacía difícil de adivinar, envuelta como iba entre las capas de ropa y el pañuelo bruno con el que tapaba su cabeza blanca, aunque si alguien se hubiese parado a mirar con atención habría descubierto un cabello rubio y un rostro experimentado exento de arrugas.
Cata no era una mujer simpática, ni tan siquiera medianamente agradable; lejos de ello, solía mostrarse huraña y distante, como si temiera que al revelarse de otra manera pudieran considerarla de carácter débil, o peor aún, digna de lástima. No se le conocía familia, ni se sabía que tuviera amigo alguno; al contrario, se había granjeado unos cuantos enemigos entre sus vecinos del barrio y dentro edificio en el que vivía, de donde la quisieron echar. No fueron dos ni tres, sino algunas más, las visitas que los de sanidad le hicieran tras haber sido denunciada por acumular basura, pero así como llegaron a su piso salieron de él, con las manos vacías, dejándola tranquila y en paz; y es que en donde muchos veían desperdicios, ella veía derroche, consumismo; cosas que merecían la pena darles una segunda y hasta tercera oportunidad.
Por culpa de la crisis y la penosa situación economía que sufre el país, las cosas últimamente habían cambiado y la mayoría de los días se la podía ver regresando a casa con su remolque sin carga, teniendo entonces los vecinos pocos motivos para denunciar, aunque cuando se cruzaban con ella seguían mirándola mal, murmurando entre dientes y apartándose de su camino como si apestara.
Y eso que sobre ella corría un absurdo rumor que nadie pudo verificar. Se cuenta que tenía una pequeña fortuna escondida entre la basura que acumula, y que era la dueña del edificio en el que vivía y de algunos otros más repartidos por la ciudad. También se comentaba que muchos años atrás fue una mujer de carrera, con un esposo que la quería y un par de hijos a los que amar, a los que perdió una noche en el incendio que se desató en su hogar. Dicen que desde entonces para ella vivir carecía de sentido y que ya no había nada en la vida que le pudiera devolver la felicidad. Pero todo esto no era más que chismes infundados; una leyenda urbana a la que los vecinos recurrían para justificar su presencia en la comunidad.
¿Leyenda?
Hace unos días los vecinos de Cata la volvieron a denunciar ante sanidad. El olor que salía por debajo de su puerta era nauseabundo; la pestilencia se había extendido hasta abarcar todos los rellanos de las escaleras, contaminando un aire que se hacía difícil de respirar. Las autoridades se presentaron como en anteriores ocasiones, salvo que esta vez nadie abrió la puerta tras su llamada. Al rato se presentó un dispositivo del cuerpo de bomberos que tuvieron que esperar a que llegasen los agentes de policía con la orden firmada del juez autorizando la entrada.
El espectáculo con el que todos se encontraron tras abrir la puerta fue dantesco. La basura se desperdigaba por el suelo sin orden ni concierto. El cuerpo en descomposición de Cata fue descubierto bajo una colección de revistas del Reader’s Digest de principio de los treinta, y una de las primeras ediciones en ruso de “Guerra y paz”, en el que en un principio nadie reparó. La mujer había sido degollada y yacía en el suelo sobre el oscuro charco de su propia sangre ya reseca. A su lado, un chucho escuálido y malherido, casi en las últimas, gimoteaba lastimero.
Entre la basura que acumulaba se encontraron objetos de gran valor, por lo que la policía dedujo que el motivo por el que la asesinaron fue el robo. Muy probablemente el asesino, basándose en los chismes que sobre ella circulaban, buscaba el dinero escondido que seguramente encontró y se llevó. El crimen quedó sin resolver pero no así el castigo; un perro con olfato vengador se encargaría de encontrar al asesino y hacer justicia.
Cata ahora reposa en paz en el camposanto, bajo una lápida junto a su marido e hijos. Al lado se recuesta un chucho de apariencia desgarbada que vigila con celo las sepulturas de las que nunca se separa. En las noches claras algunos dicen haberlo oído cantarle a la luna con un aullido que más parece un lamento desgarrador. Pero eso son solo rumores. Lo más probable es que se trate de otra leyenda urbana sin fundamento alguno.
Fin



Que duro que es el ser humano en su indiferencia, ojalá todos fuéramos como ese chucho.
Desgarrador relato Maria, atrapa la trama, pero me quedé esperando un final más claro.
Me gustó , un abrazo.
Así es el ser humano, con sus grandezas en unos momentos y sus miserias en otros. Y tienes razón, El Moli, quizás debería haber trabajado un poco más ese final de mi cuento.
Un abrazo.
Una historia muy realista y muy bien contada. Saludos, Mariav y mi voto.
Gracias, Vimon. Por cierto, te debo otra de la genial “Divina” que cuando lo haga, quizás en otro lugar y en otro tiempo, espero que te guste xD
Hola María.
Una maravilla de cuento.
La intensidad, el dolor, la angustia, la tragedia que transmite la narración es enorme.
Sensibiliza más el hecho de saber que esas personas existen, son reales.
Un beso y un voto.
Cierto, Richard, esas personas existen, no cruzamos con ellas a diario y cuando sucede muchos prefieren mirar a otro lado, no sé si por temor a contagiarse. Una pena de mundo.
Un beso, amigo
Un relato conmovedor y a la vez realista. Una buena descripción de un mundo cruel y triste que se hace más evidente en las crisis como la que ahora vivimos. Felicidades y voto.
Alca, no me he olvidado de ti. Es que el sistema no me deja contestarte. Basicamente te decía, a parte de darte las gracias, que el final de Isis y Dania me dejó un sabor muy amargo. Un beso.
Excelente descripción del personaje, Mariav. Sabés que aquí en Mar del Plata había una indigente llamaba Cata de la que se decía que era dueña del edificio donde vivía y que mendigaba porque le gustaba. Casi casi igual a la Cata de tu cuento, con el chucho atrás permanentemente. Me gustó muchísimo. Muy bien escrito. Te felicito. Mi voto.
Pues ya ha sido casualidad la similitud del cuento con la vida de esa mujer, Lidy, aunque creo que la misma historia o similares nos la podríamos encontrar en cualquier parte del mundo.
Un abrazo.
Gracias MariaV, me interesan estos personajes y tu opinión sobre ellos. Hace poco hice un micro sobre uno de ellos. Ahora entro muy poco por aquí, pero siempre es un placer saber de ti. Los coibas, bien guardados, duran mucho. Te sigue esperando.
Mariav, siempre es un placer leerte, aunque la historia sea tan triste. Creo que muchos de los indigentes nos cruzamos cada día esconden una historia muy personal que explica como acabaron así. Aunque esta historia no entra en eso, quizá te animes a una continuación. En cualquier caso, felicidades y voto.
Un gusto saber de ti, Pedro Gda. Creo que me debes un Cohiba ;D
Por cierto, escribiré una serie sobre personajes marginales que espero que disfrutes igualmente.
Mariav: qué bueno que nos regalas este cuento que hace recordar que hay seres irracionales de más valor que nosotros mismos.
Felicidades, gran escritora.
Volivar (tarde, pero seguro; voy llegando de un viaje de dos días y me encuentro con esto maravilloso salido de tu pluma que sabe escribir a mil maravillas)
Mi voto
Volivar
Gracias, Volivar. Intentaré tener la pluma cargada de tinta para seguir deleitándote con mis cuentos.
Un abrazo.
Triste y real,
vida en el infierno.
Locura y tormento,
que no puedes razonar.
dolor del alma
difícil de superar,
Un saludo
Infierno en vida, estimado poeta Netor. Gracias por leerme y comentar.
Saludos.
Describes de forma excelente un petsonaje que encontramos a diario en nuestras ciudades. Involucras a Cata en una historia cautivante, con toques de misterio. Coincido con Moli, tal vez pudieras trabajar más el final, en particular la parteen que el perro consuma la venganza.
Me atrevo a señalarte algunos detalles a revisar, en el cuarto y quinto párrafos, tal vez problemas de tipeo:
“penosa situación económica”
“y es que sobre ella”
“que acumula”, aquí debe ser: “que acumulaba”, tiempo verbal del resto de la frase.
Te dejo un saludo y mi voto.
Yo también tengo errores de tipeo, porque escribo desde el móvil, pequeño teclado virtual.
Agradezco el comentario, hugojota, correcciones incluidas, pero es que a veces me pierden las prisas. Lo del final lo pensé, pero si le daba más protagonismo a la historia del perro, eso iria en detrimento de la de Cata, así que lo dejé así. Un saludo y gracias otra vez..
Una gran historia plagada de reflexiones que nos hacen pensar,en esos seres que nada tienen y pasan por el mundo soñando con cambiar su realidad. Saludos,felicitaciones,mi voto.
Gracias, Musa peregrina. Aunque no es mi intención cuando escribo cuentos o relatos hacer pensar, y menos en seres que nada tienen y pasan por el mundo soñando con cambiar su realidad…, ¿para tener más? ¿Más qué? ¿Tener más garantiza la felicidad?
Yo me limito a constatar un hecho de una realidad que se puede ver en cualquier esquina de cualquier ciudad. Solo basta con dejar de mirarse uno el ombligo y mirar en otras direcciones.
Yo creo que mi Cata se regodeaba a su manera en su miseria y soledad después de haber perdido lo que realmente le importaba. Porque en la vida hay que tener coraje para seguir…, aunque sea contra viento y marea. Sobretodo, contra viento y marea.
Me gustó tu post sobre Almería. Indudablemente dominas la prosa poética. Pero ya sabes…, aquí, como en la vida misma, esta todo sobrevalorado.
Felicidades a ti, coraje, y perdóname si no me levanto.
QTDSI;)
Relato que conmociona, María. Excelente escritora. El coraje que necesita luchar por lo que deseamos no siempre logra salir. Admiro a las personas que lo logran, y me ayudan a hacer lo mismo.
Un abrazo y mi voto.
Claude
Aveces no logra salir pero lo importante es haberlo intentado. No entiendo a la gente que se queja y no hace nada por cambiarlo. Gracias, Claude, por tus generosas palabras. Una abrazo.