Veinte minutos
18 de Enero, 2012 38
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No sé muy bien por qué, los pequeños y escondidos bares cercanos a las estaciones de tren, me subyugan, y esa atracción se transforma en irresistible, es tentación en su estado puro. La vida de los personajes que los frecuentan, en un instante absoluto de tiempo, me genera un incontrolable deseo de conocerlos y capturar ese momento de su existencia, y también, de la mía.

El sol transportado a lomo de nube, ya casi había alcanzado el cenit, y aún me quedaban alrededor de veinte minutos antes de acudir a una cita de negocios, excusa ideal para beber una copa en algún bar.

Caminé animadamente esperando encontrar ese sitio donde aparcarme, los primeros que observé, tenían una impronta modernosa, descarnadamente limpia, pulcra e iluminada, sus mesas y sillas estándar, apuntaban directamente a los televisores de plasma ubicados en las paredes. Los parroquianos se mantenían desinformados, escudriñándolos a intervalos fijos de tiempo, adentrándose en el mundo de “todas las noticias”, observando una realidad dibujada grotescamente, por un pintor obediente, que ha mostrado aquello, que la gerencia de noticias le indica, debe mostrar.

Unos pasos delante observé el cartel que decía “ Hoy Rabioles Caseros”, cuando leí Rabioles en lugar de Ravioles, tuve el convencimiento que este era “ el lugar ”, en el cual debían transcurrir mis próximos veinte minutos.

Me aproximé a una mesa y lentamente fui quitándome el saco, intenté colgarlo en la silla, pero era demasiado baja con lo cual el fondo de mi chaqueta, tocaba el suelo, cuyas condiciones de higiene no eran las mejores, decidí inmediatamente doblarla y colocarla sobre la silla contigua.

El dueño-mozo, no tardó en acercarse

- Buen día -dijo

- Buen día, me traes un agua saborizada de manzana- dije

- Como no, señor- dijo el dueño-mozo

Retiró una botella de la heladera y la “limpió” con un trapo rejilla, tomó de la vasera un nautilus de 270 cc., repitió la maniobra, sintiéndose orgulloso de su tarea, al ver que mi mirada lo seguía atentamente, sin imaginar el profundo desagrado que causaba en mí, tener que apoyar mis labios en el mismo sitio por el cual había pasado la mugrosa rejilla, era éste el sacrificio a realizar, por introducirme en un mundo tan mágico y tan trágico, cuya asonancia es perfecta.

- Aquí tiene, Señor –dijo el dueño-mozo

- Gracias – le dije

Tomé con cuidado una servilleta de papel, y disimulada pero velozmente aseé el borde del vaso, estrujándola con mi mano, procurando no ser visto por el dueño-mozo, no quería causarle la impresión de ser un flojo.

Serví el vaso hasta la mitad, y solo bebí un par de tragos.

Me dediqué a observar la vida, intentando comprender cuál es el mecanismo, por el cual un tipo, coloca un traje de más de mil dólares en la silla de un bar mugroso, quebrando esa imaginaria barrera que lo une y a la vez lo separa con ese mundo.

Delante de mí, un espejo, intentando ocultar una mancha de humedad, y en él apareció esa mujer.

El tiempo dejó de transcurrir y fue todo Ella. Entraba al bar, meciéndose desequilibradamente a cada paso, traía puesto un antiguo abrigo, que en algún tiempo fue confeccionado en piel natural.

Supuse en ese momento la anciana estaba algo ebria, dado que su andar era sumamente torpe, y solo esforzadamente, logró tomar asiento a dos mesas de la mía, justo en la entrada del baño de caballeros.

Su perfil mostraba el cansancio, la angustia y el desamparo.

Mi buen dueño-mozo se le acercó y le dijo –un café con leche y medialunas ?

Ella contestó con un cabeceo apenas perceptible, aprobando el menú.

La ví introducir, una medialuna, largamente en el café con leche, para luego esconderla dentro de su boca, ya desecha, al igual que su dentadura, esa misma que en otros tiempos se agitaba, abriéndose y cerrándose a carcajadas, deslumbrando con la belleza de sus labios y el interior de esa grieta deseosa y deseable.

Supe, que su vida actual y presumiblemente su vida pasada, transcurría en los límites de la marginalidad.

Resultaba imposible no soñarla, completa o a medias, dado que desde mi posición solo veía su perfil.

Es un buen lugar del cual partir para pensar en su historia, observando su presente, el cual arroja algunos destellos de glorias pasadas, de momentos imborrables y también, recuerdos que apuñalan el alma, como el de aquel hijo que ni bien vació su vientre, entregó a su suerte o el de quién la hizo levitar, para luego arrojarla en el abismo penumbroso de su existencia.

Ese tapado de pieles y su condición harapienta, ocultaba sin dudas un pasado cuasi-glorioso, su juventud seguro estuvo rodeada de admiradores, y tal vez el tapado, fuese el regalo o el pago, de algún antiguo amante, tan viejo y raído como esa piel de visón.

Ella seguramente lo recordaría y esos, u otros recuerdos, son los del despertar y se transformaron en la ilusión, pequeña, diminuta y difusa, que la acompaña cada noche, al sumergirse en la oscuridad.

La anciana comenzó a explorar su pequeña y desvencijada cartera, extrayendo no sin dificultad un objeto redondo de unos ocho centímetros de diámetro, lo sostenía tensamente en sus manos, sin dejarme observarlo, pensé, es un pastillero del cual obtendrá algún elixir que le permita soportar sus días. La vi sosteniéndolo con firmeza en su mano derecha y con la izquierda intentar abrirlo presurosa, el objeto escapó de su diestra y fue a dar al piso, cuando escuché el ruido descubrí que era un espejo, el cual yacía despedazado en el suelo, intentó en vano agacharse a buscarlo, el dueño-mozo, se acerco raudo y le entregó los restos, ella le agradeció en silencio, y procuró encontrar vaya a saber que explicación girando su cuerpo sobre la silla y sondeando la calle.

En ese segundo pude ver su otra mitad, una cicatriz unía su ojo izquierdo con su labio superior, el ojo estaba vacío, nunca más vería el horror, ni tampoco la vida, entendí entonces su andar tortuoso y desequilibrado.

También comprendí la ansiedad antes de abrir ese espejo, la esperanza en que el reflejo fuese distinto, que fuese el pasado.

Su lado oscuro nuevamente apuntó hacia el baño de caballeros, transformándose en invisible a mis ojos, siguió alimentándose serena y calmadamente.

Dejé de verla e imaginarla, en la certeza, que los próximos serán, solo, tan solo, siete años de mala suerte.-

38 Comentarios
  1. Me daré el lujo de estrenar el tablón de comentarios.
    La forma de describir cada uno de los detalles ha sido admirable, sobretodo con el toque irónico del principio, cuando tiene que beber del vaso sucio. El personaje lo limpia como con vergüenza, pero creo que hoy en día, limpiar con la servilleta el vaso que te ponen en un bar es tan común que todos hemos perdido ese tono vergonzoso. Por eso me ha hecho gracia.
    La forma de narrar me ha gustado mucho; me he sentido en ese bar.
    Un saludo nanky.

    • Muchas Gracias por leer y comentar, es muy placentero que te haya gustado.
      Saludos. Nos leemos.

  2. Me ha gustado mucho, mucho… Ha sido como ver un corto con mi propia voz en off. Muy bien escrito. Con un punto de humor y ternura.
    Esos veinte minutos, cuando los tengo, también intento disfrutarlos mirando a mi alrededor y escribiendo en mi cabeza lo que veo. Tú, lo has compartido aquí.
    Muy bueno. Gracias.
    Saludos!!

    • Gracias a ti, por leer y comentar. Es fantástico compartir, me halaga de sobremanera tu comentario.
      Saludos y nos leemos.

  3. Enternecedora historia, no me gustaría acabar como ella.

  4. Muy bueno el cuento, escrito con precisión de detalles y mucha sensibilidad…cuanta cosa puede ocurrir en veinte minutos. Encantador.

    • Que lindo te haya gustado, muchas gracias por leer y comentar, es muy halagador para mi.Saludos y nos leemos.

  5. Que buena historia, la verdad me senti en ese lugar e imagine cada detalle como si yo fuera la narradora, muy lindo!

  6. Sabia elección entrar en ese bar. Bonita historia.

  7. Me gustó el paralelismo que resulta entre la cara iluminada y moderna de la ciudad y el bar casi disfuncional en que el personaje decide internarse, con el lado visible y el lado oscuro de la señora. Y en ambos casos el lado oscuro ofrece más historias, tantas como los 7 años de tragedias que nos quedamos imaginandole a la señora por el comentario final. Saludos.

  8. Sabes Nanky tus cuentos me encantan, espero pronto poder conocerte por skype, creo que eres excelente escritor.
    Me encantó este cuento.
    Naty

  9. estuve en todo momento sentado en un bar de Liniers jajaja muy bueno los detalles de la narracion

  10. Nanky: aquí, yo, Volivar, tu admirador. Al leer tu cuento “veinte minutos”, pensé: seguramente Nanky continuamente lee a Antón Chejov, pero al llegar al final, no supe si tu autor preferido es Guy de Maupassant, que termina siempre dramáticamente; te digo, pensé que leía (yo) a Chejov, por el tema tan cotidiano que pones en los primeros renglones , tan amenos de ir a un lugar común, como un bar, a observar el diario transcurrir, monótono, pero al que supiste, como chejov, transformar tu cuento en el símboplo de la angustia de una existencia frustrada,

    • Volivar agradezco infinitamente tus palabras de aliento, me gusta mucho Chejov , aun no leí a Guy de Maupassant, pero voy a hacerlo sin dudas. Muchas gracias por leer y comentar. Un Saludo cordial desde Buenos Aires.

  11. Realmente me gustó mucho tu cuento. Besos

  12. Buena historia, lo que más me gusta es la primera parte las reflexiones en primera persona.
    Te sigo
    Un abrazo

  13. Buen escrito, sobre todo, cuando avanza al final. Gracias por compartir.

  14. Me gusta las narraciones descriptivas.Por un momento recordé los cuentos de Isabella Allende…. se puede sentir hasta los aromas y colores de las tardes de verano! Impresionante este cuento!!!! gracias

  15. me ha recordado a un bar de mi calle dónde está el hombre sin cara.Muy vívido,me ha gustado mucho,está fenomenal el detalle del espejo.

  16. por favor…gracias a ti,es un gusto

  17. Hermosa narración, llena de ternura e imágenes muy convincentes.

  18. Me encanta ese momento de sorpresa en que, de una oracion a otra, nos damos cuenta de que “Ella” es una anciana…solamente un segundo atras se la imagina uno joven, atractiva (aunque borracha)… en fin, el tipico flechazo en un bar…y entonces, la imagen completamente opuesta. Solo dura un momento y es muy efectivo! Gracias por compartir.

  19. La descripción de la anciana es francamente alucinante, hay una frase que me impactó profundamente es aquella que dice la esperanza en que el reflejo fuese distinto que fuese el pasado, tiene mucha fuerza, te felicito!!!!

  20. Me gustó, muy bien por ti, Nanki

    • Muchas Gracias por tu lectura y comentario, es sumamente alentador. Un gran saludo desde Buenos Aires.

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