Tendrías que haber conocido a Oso. No tengo ni idea de por que le llamaban así. Yo trabajé con él antes de entrar en prisión. Era un tío al que veías y en seguida le cogías cariño. Era bajo, un poco gordo, y tenía cara de buena persona. Coño, era uno de esos tíos que los ves y te dan confianza. Quizá por eso muchos pensaron que podían pasarse de listos con él.
Recuerdo que viví muy buenos ratos a su lado. También malos. Una vez, la que mas miedo he tenido en toda mi vida, me pidió que le acompañase ha hacer un trabajo. Íbamos a vender dos kilos de cocaína a unos tipos que nos habían recomendado mucho. Amigos de álguien importante. Oso ya estaba retirado de esas cosas, pero aquello era un compromiso.
Nos presentamos en un taller que estaba en una nave de un polígono a las afueras de Madrid. Nos esperaban dos tipos que aún no habian cumplido los veinticinco. Se empeñaron en que debíamos cachearnos unos a otros para comprobar que ninguno llevaba armas o un micrófono. Dijimos que ibamos desarmados, pero insistieron. Yo empecé a registrar a uno mientras que el otro sacó una pistola y apuntó con ella en la cabeza a Oso. Con el que yo estaba sacó otra y me la puso en la frente. El que estaba con Oso comenzó a gritar “donde esta el perico”, pero Oso no dijo nada. El tío siguió gritando, y Oso dijo “no pensarás que llevo encima dos kilos ¿verdad?”. El que me apuntaba estaba callado, no se movía, solo estaba allí, mirándome y apretando el cañón contra mi frente. Un gordo que no dejaba de sudar. Recuerdo que aquello me dio mucho asco. “Que me digas donde está o te mato” dijo el otro mientras agarraba de la camisa a Oso. El tipo parecía un niño bien, con ropa de marca y un corte de pelo a la moda. “Que me digas donde está o mato a tu amigo” volvió a dicer a Oso. Y este dijo “Esta en el coche, joder. Escondido en el hueco de la rueda de repuesto. Tienes que sacarla quitando los tornillos”. El coche estaba aparcado fuera, a unos metros calle abajo. Oso dió las llaves del coche al gordo y este corrió hacia la puerta. Pero antes de que saliese, Oso dijo “Gordo, yo te conozco. Y a tu familia. Por eso solo te voy a cortar la nariz”. El otro tío comenzó a reírse y dijo que allí nadie iba a cortar la nariz a nadie. Nos dijo que nos sentásemos en el suelo con las manos sobre la cabeza. “Llevas poco en el negocio ¿verdad?” preguntó Oso como si no importase nada. “Y a ti que coño te importa” contestó. “Al gordo le he dicho que le iba a cortar la nariz por que conozco a su familia. A ti te voy a matar”. Lo dijo mirando a los ojos del que le apuntaba con la pistola. Sin parpadear. El tio se puso nervioso. Cogió a Oso con una mano por los mofletes, apretando con fuerza, y le puso el arma en la frente. Y entonces Oso simplemente se la quitó, como si no pasase nada. Como si fuese sencillo. Un movimiento casi lento, sin violencia. Agarró el arma por el carro, retorció la muñeca y ya está. Se revolvió en el suelo. Le vi preparar la pistola, y después le metió dos balas en el pecho al otro, que cayó como un muñeco de trapo.
Luego me tiró el arma. Fui corriendo a esconderme detrás de la puerta. Cuando el gordo entró le apunté a la cabeza. Le atamos las manos y los pies con alambre y luego le cortó la nariz con unas tijeras que llevaba en la caja de herramientas del coche.
Cuando nos fuimos de allí, me pidió un cigarro. Si hubieses conocido a Oso sabrías que nunca fumaba ni tomaba alcohol. Ni si quiera bebía refrescos con colorantes. Solo gaseosa o tónica. Necesitó muchos intentos para encender el mechero, y luego un buen rato para hacer coincidir la llama con el cigarro. “Eso ha estado cojonudo” le dije para animarle. Nunca le había visto tan nervioso. “El muy imbécil ni si quiera le había quitado el seguro a la pistola. Lo he visto desde que me ha apuntado por primera vez, y pensaba que estaba de broma. He tenido que matar a un niñato gilipollas”. Nunca volvimos a hablar del tema. Ni yo se lo conté a nadie durante años por respeto. Pero ahora que está muerto, ya no creo que le importe.



¡Genial, Sanyuro! Queda muy bien dibujado el carácter de Oso a través de sus acciones y de las apreciaciones del narrador.
Te comento algunas observaciones por si son de tu consideración:
- ha hacer. Sin “h”: a hacer. Incluso para evitar la cacofonía diría: “que le acompañase a un trabajo”.
recomendado mucho. Quitaría ese “mucho”. Le resta carácter a la frase y no aporta gran cosa.
También hay un exceso del uso del pronombre personal en 1ª persona (yo). Afortunadamente, nuestro idioma nos permite saber qué persona habla por la terminación verbal, sin necesidad de mencionar el pronombre. Revisa eso. El texto será más ágil. Con esa misma intención, trata de reducir el uso del verbo estar. Por ejemplo:
“El coche estaba aparcado fuera, a unos metros calle abajo. ”
Puedes decir lo mismo pero eludiendo el verbo:
“El coche, aparcado fuera, unos metros calle abajo. ”
¡Muy buen trabajo!
Pasa un buen día
Muchas gracias por el comentario. Es cierto que debería haberlo leído una vez mas. La verdad es que encontrarme una falta tan garrafal me da un poco de apuro.
Es cierto que hay cierta redundancia, aunque el experimento consistía en intentar “trascribir” la historia como si me la hubiese contado alguien con poca cultura. Claro que, efectivamente, se sacrifica en agilidad.
Creo que puede merecer la pena hacer esos cambios.
Un saludo.
Pues bastante bueno, coicnido en algunas apreciaciones que hace Julieta, no cambian la escencia dle cuento pero lo hacen un poco más ágil!
Un abrazo!
Me alegro de que te haya gustado. Tomaré en cuenta las apreciaciones de Julieta, ya que me parecen muy bien formuladas.
Un saludo.
No te apures por una simple falta que además es evidente que se te coló por las prisas o la falta de revisión previa a la publicación. Me alegra que te sean de utilidad mis observaciones. A mi me ayuda mucho que los demás corrijan mis textos. Aprendo de mis errores y con la escritura esa máxima es muy cierta.
Releyéndolo otra vez, ¿por qué no narras los diálogos como diálogos? La lectura sería más ágil, más fresca. Por ejemplo:
-Que me digas donde está o te mato -dijo el otro mientras agarraba de la camisa a Oso. El tipo parecía un niño bien, con ropa de marca y un corte de pelo a la moda.
-Que me digas donde está o mato a tu amigo -volvió a decirle a Oso.
Un saludo
Como te decía en el otro comentarío, es un experimento para simular la transcripción de un evento como si lo estuviese contando alguien en, por ejemplo, un interrogatorio policial. Por eso elegí escribir los diálogos de forma indirecta. Creo que no acaba de funcionar del todo.
Nada ayuda mas a aprender que el que alguien te señale los errores. Un comentario aquí vale mas que un curso en una escuela de escritura creativa.
Un saludo.
Sanyuro, he tenido otro rato muy agradable leyendo tu Yo conocí a Oso.
Es cierto, se te pasaron algunos errores gramaticales, pero, me pregunto¿a quién no le ocurre esto? todos cometemos burradas, que al leerlas ya editadas, nos apenan.
Pero, como dice uno de tus admiradores, esa pecata minuta no le resta ni interés, ni valor literario a tu magnífica narrativa.
Sigue en esto, que seguramente pronto serás uno de los grandes escritores españoles, esos personajes que tanto admiro y que me han proporcionado satisfacciones, sorpresas, felicidad, pues. Y a propósito de esto, de la felicidad, te la deseo especialmente en este año que comienza.
Atentamente
Volivar Martínez (en realidad,como ya le conté a alguien, me llamo Jorge). Sahuayo, Michoacán, México. En esto de la literatura tengo muchos años (mi edad me lo ha permitido,:tengo ya cerca de los 70 años, pero, como he tratado de llevar una vida sana, -perdonando la arrogancia-, aquí me tienes, disfrutando de los grandes escritores españoles, como tú.
Sahuayo, Michoacán, México (Algunos compañeros de esta red me dicen que Sahuayo es un punto perdido en el mapamundi, pero, algún día de diré algo de esta ciudad, pequeña, en verdad, pero que tiene gran influencia en la Ciénega del famoso lago de Chapala, el más grande de México (país).
Don Jorge, gracias por los comentarios que me deja siempre.
Escritor. Me resulta un adjetivo extraño cuando se refiere a mi. La verdad es que es todo un honor el que me haces (permiteme el tuteo de colega).
Un abrazo.
Lo pasé bien leyendo tu relato, me gustó.
Muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado.