Se me vio el plumero y se me acabaron las plumas. Cuando la virtualidad y la realidad se ponen de acuerdo va a ser que hielo…
¡Chinchin, va por ustedes! -empezó con buen tono-. Al cabo de veinte brindis, recorridas las mesas del salón de los espejos y de la sala imperial, su lengua era un baile de barrio: ¡ente que melopidas, toma! y besaba la nuez del invitado para caer sentada sobre las piernas de alguien de la mesa de al lado
Luis resistía las burlonas miradas, sentado a un lado de la mesa presidencial, viendo cómo se iba quedando vacío aquello. Quedaban los mismos desconocidos de siempre, idéntica media: un obeso sesentón tan borracho como ella y dos apuestos galanes en torno a los cuarenta, babeando deseo. Su mujer bailaba entre ellos jugando a Ryta Hayworth. El sesentón ya había comenzado a sobarla, ella le miraba y se reía. Los otros dos miraban la pieza expectantes e inseguros. Uno de ellos tendría el premio gordo.
Así fue, de pronto, Veva giró en traspiés y se plantó frente al más moreno, el de patilla larga y pelo liso engominado; 1,85, más o menos como siempre… erguida, retadora, levantó su pierna derecha obligando al moreno a sostenerla en alto con su mano derecha y quedó pegada al cuerpo de él… Habían llegado Fred Astaire y Cyd Charisse.
El moreno empezaba a acojonarse ante el protagonismo tan espectacular que la hembra le daba. No sabía qué hacer, dudaba entre quitarse de en medio descuidadamente o imponerle un acercamiento rápido… derechos al asunto. Decidió apostar por lo segundo y aprovechando que la tenía cerca y en sus brazos, bajó la pierna de ella y la giró hacia él, besándole los labios. Veva se escurrió como una anguila y situándose de frente a él, serpenteó su cuerpo abajo y arriba, restregándose insinuante y mirando su bragueta y ombligo para subir, luego, hasta cruzar con él una intensa mirada. Cuando el moreno tragaba saliva, Veva, de golpe, dio un paso hacia el otro joven macho y bailó para él con la misma sensualidad que hacía un minuto ofrecía al patillas.
Luis recogía su gabardina, el abrigo y el bolso de ella. Veva aceleraba el final del espectáculo, sin duda se aburría con aquellos tres, como le indicaba el verla desabrocharse la blusa, mostrando su precioso sostén morado nazareno. El patillas hizo gesto de atraerla, de nuevo, a su lado. Fatal error, contrariarla. Agarró la camisa de él, desde la pechera, y tiró en las dos direcciones, arrancando los botones de sus ojales. Ahora el patillas mostraba más pecho que Veva, quien reía con carcajadas sonoras, dirigiéndose hacia el mayor que miraba la escena contento de no protagonizar los arrebatos pasionales de la mujer. No supo evitar que ella se colgase de su brazo y le dirigiese hacia la puerta de salida entre achuchones cariñosos.
Era la señal. Veva estaba cansada y harta. Luis siguió a la pareja y salió a la calle tras ellos. Junto al hotel, Veva entró en el primer taxi de la fila, después de besar las mejillas del don hilarión y soltarle un cortante ¡Adiós! Luis se sentó junto a su mujer, dio la dirección de destino al conductor y dejó que ella apoyase la cabeza sobre su hombro. Segundos después ya estaba dormida, camino de casa.
Al día siguiente, Veva, escribiría con cinismo poemas sobre el sufrimiento, el infierno, la soledad… y le entregaría largas miradas de reconocimiento y admiración. Él tocaría la obra de Johannes Brahms durante horas.



No lo entiendo del todo, o sí, no se…de cualquier manera no es necesario comprender algo para que te guste, y me ha gustado. Voto!
Gracias, Territorio… estás como Veva, no lo entiende, o sí… El único que lo tiene claro es Luis.
hum! ¿Es un juego? ¿A Luis le pone ver a Veva provocando a otros hombres? ¿Veva lo hace por seguirle el juego a él?
No, es un secreto que guarda la pareja. Algo que vivió Veva, que Luis conoce y que respeta como un dolor profundo que vive en ella y que la convierte en otra cuando bebe… sobre todo cuando bebe.
Buen relato de una mujer muy intensa y un marido muy tolerante. Lo que no veo donde encaja es el titulo. Abrazos y mi voto, Shu,.
Gracias, Vimon. Habrá que estar pendiente de otros relatos sobre la pareja para que ella o él nos cuenten por qué se está matando, tengo entendido que… pero seguro que son habladurías…
Intensa ella seguro…. tolerante.. él… no creo. Me gusta la historia y sobre todo, donde pones los acentos al contarla. Espero impaciente. Estos “juegos” tan destructivos son algo que siempre se ha escapado a mi entendimiento. Quizá leyéndote, acabe consiguiendolo.
Felicidades y voto.
Como demostraré, si la pereza no lo impide… dios mediante, es que la destrucción,como toda gran y compleja obra, requiere de un arquitecto pero, también, de un jefe de obras. Veva ejecuta el proyecto de otro como castigo al otro y a pesar de castigarse a si misma.
Lo que pasa, amigo, es que necesito más de cuatrocientas páginas para contarlo todo… Contarlo… ¿por qué? ¿para qué?
Al fin y al cabo bastaría con marcar la secuencia real del asunto dando un orden diferente a los textos que publico, porque ahí está casi todo.
Sólo falta el nudo de la cuestión: la soberbia que le sigue a la decepción ¡Por mis huevos, que diría un bilbaíno!
En fin, ya callo…
Gracias, Pedro.
Shu: el asunto no es de que si Luis, de que si Veva… el asunto es que escribes muy bien, y listo…. mi voto. Esa o ese territorio que quiere entender todo… vaya, si todo está bien claro…
Mi voto
Volivar
Gracias, Volivar, me interesa tu positivo enfoque del asunto ¡Vamos al fondo del fondo!
Morado nazareno me “quedao”.
Me pongo el concierto nº 2 opus 83
Es el que más le gusta a Veva.
Por cierto, me ha encantado tu estilo.
Abrazos
… En su vigoroso segundo movimiento… el favorito de Luis.
Gracias, oscardacunha.