La longevidad ya no es noticia en los periódicos. Los cien años de soledad que proclamaba Gabriel García Márquez se convertirán, con el tiempo, en una cifra exigua.
Ahora sólo falta que lleguemos dignamente a esas edades con la ilusión de poder asearnos nosotros mismos, o simplemente tener el placer de poder degustar un buen solomillo con nuestros propios dientes, sin la necesidad claro está, de tener que conformarnos con la ingesta de una insustancial papilla.
En base a estos datos deberíamos ir rompiendo las barreras de la edad, ya que las líneas divisorias se superponen. Estamos mezclados, perdidos en esta jungla digital donde el concepto unipersonal está de moda. Y es que, actualmente, hay un vacío respecto a conductas y formas de vestir. No sabemos hasta cuando no es recomendable ataviarse como un adolescente, hasta cuando hay que dejar de hacer ciertas cosas. Hace falta una evolución inmediata. La exijo. Llegará el día, cuando alcancemos los ciento veinte años, que nuestra mente madura olvidará que alguna vez fuimos niños. La ciencia nos ayudará a llegar con un cutis liso, y con las articulaciones nuevas. No sé si la solución será vía intravenosa o rectal, pero alguna habrá. De momento, el que se ha dado cuenta de este tipo de cosas es el Gobierno, ya que nos invitan, de forma ineficaz, a que trabajemos hasta un segundo antes de caer desplomados sobre nuestro propio ataúd.
El epitafio de la lápida rezará: Disculpen que no me levante, estoy de baja eterna. No es absentismo laboral. Que me den de baja en la seguridad social, a partir de ahora me resultará difícil hacer frente a los pagos.



Israel Esteban: me dejas sorprendido con tan excelente narración… y pensar que tienes razón en todo.. Ay, amigo, con lo que no estoy muy de acuerdo es con eso de que la solución (para adquirir un cutis liso a los 120 años, podría ser una solución rectal… Dios guarde la hora (decimos en México).
Mi saludo y mi voto.
Volivar
Jaja! Gracias, que Dios nos aguarde .