Beto Orbegozo y sus pirañadas
6 de Septiembre, 2012 12
6
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

 

 

 

“Ortiz Pajuelo me declaraba su amor perdido, me decía que yo era todo lo que él nunca podría ser”

Jaime Bayly sobre Ortiz

 

 

Beto Orbegoso tiene 43 años. Tiene un programa de televisión en un país que ya olvidó todas sus miserias. Beto Orbegoso tiene carro, perro y novio. Novio que tiene una hija y una esposa, pero a él no le importa. Beto Orbegoso tiene carro, perro, novio, pero posiblemente no tenga amor. Beto me mira pausadamente tras esos lentes Ray- Ban oscuros que tiene y parecen pegados a él. Me mira y sonríe. Me mira y me cuenta su vida. Me mira y yo reconozco lo miserable de su vida.

Beto Orbegoso me invita sutilmente a su dúplex de un hotel cinco estrellas. Lo primero que veo al entrar a ese lujoso hotel es un cuadro hermoso de uno de mis poetas favoritos: Luchito Hernández. Me sorprende que tenga una nota muy rara de una congresista. Me sorprende que por fin ya no esté con los lentes oscuros.

Tiene los ojos claros, marrones claros. Tiene poco cabello. Es alto y gordo, posiblemente fuerte. Tiene un reloj que parece de su papá. Tiene una nariz caída de la cual jura jamás operarse. El dúplex cuenta con una vista impresionante de Lima. Lima y su leve rumor a la soledad. Lima y su belleza extraña. Él me cuenta de sus amores selváticos, de sus amores pirañas que muchos acusaron. Prendemos un cigarro, que en realidad no es un cigarro y fumamos. El ríe descontroladamente y yo toso absurdamente. Bebemos cerveza y me cuenta que su sueldo es tanto que se siente como un niño con mucho dinero que no sabe qué hacer con toda esa mina de oro.

Beto Orbegoso, me cuenta de su huida a Estados Unidos, de sus amores gringos y sus amores chinos. De sus amores raros y extraños en la tierras del tío Sam. Ya bastante afectado por las cervezas me dice que tengo una sonrisa bella y extraña. Una risa que él envidia. Me dice que le gusto y me trata de besar absurdamente a la fuerza. Su reclamo me impresiona: “No me empujes, no me empujes, por favor”. Ahí comprendí que lo que él en realidad necesita es amor, un amor verdadero. Lo empuje y salí rápido. Impresionado por el afanoso amor que me había proclamado el señor de la tele.

***

Pasaron varios días sin saber nada de Beto Orbegoso. Pasaron noches. En que pensaba en Beto Orbegoso y su horrible soledad de amores. Esa soledad que lo llevó al abusivo atrevimiento de querer besarme. Besar a una persona que sólo quería ser su amigo.

Beto Orbegoso me llamó una noche. Me dijo que quería verme, que quería saber de mí, me dijo que lo había impresionado. Me disculpé muchas veces y no asistí. Un día al filo de la noche me llamó de nuevo y prometió no propasarse. Fui a su hotel cinco estrellas. Su suite estaba en el 17avo piso y subí por las escaleras, porque dudaba que Orbegoso me haya dicho la verdad acerca de sus intenciones.

Ahí estaba Beto Orbegoso, con libro en la mano. Me regaló el libro y pidió disculpas. Fue en esa noche rara que él me contó de sus amores selváticos, de sus orgias con chicos de Iquitos. De sus amores en un pueblito de Trujillo. De cuantas veces su corazón fue roto. Fue ese día que me invitó al segundo piso de su suite. Su laptop encendida con una canción pop de moda me daba la bienvenida. La foto de sus seres queridos en su mesa de noche. Una placa gigante de su nombre. Revistas con él en la portada. Y una colección de monedas de cinco soles -posiblemente había mil monedas-. Fue entonces que entendí que la noche no sería tan pausada. Beto Orbegoso me enseñó sus fotos como si un pirata le enseña a su discípulo sus tesoros. Sus tesoros de Beto Orbegoso, no eran más que fotos de chicos desnudos, fotos de él con chicos desnudos. Fotos de chicos que no pasaban los 19 años y muchos otros que no pasaban los 18. Comprendí entonces que Beto Orbegoso, no me había citado para hablar exclusivamente de literatura.

Beto Orbegoso me empujó. Colocó sus manos en mi rostro. Sus ojos reflejaban odio consigo mismo. Sentí un miedo atroz. Un miedo que calaba cada puto hueso de mi cuerpo. No recuerdo como salí de ese hotel. Mi mente sólo recuerda el aleteo desesperado de esa mariposa gorda.

***

Pasaron ya no días. Si no meses. Meses que Orbegoso sólo me mandaba mensajes por una red social conocida. Meses que jamás le respondí.

Me llamó de nuevo, contesté, me dijo que tenía que hablar seriamente conmigo. Me dijo que por favor vaya a su nuevo departamento en un barrio exclusivo de Lima. Me dejo la dirección y las indicaciones por mensaje: “Ven, te dejaré para el taxi con el recepcionista de mi depa”

Fui y efectivamente el señor de la puerta tenía quince soles para pagar el taxi. Su departamento era en el tercer piso. El ascensor era bastante lujoso. Y claro, en la puerta estaba él con sus lentes de Clark Ken tan espantosos. Era un departamento chico, pero bonito. Tenía el mismo cuadro de Lucho Hernandez y tenía una máscara de Vendetta, jugué con esa máscara y él estaba en la cocina sirviendo un vino. Conversamos en sus sillones rojos. Pero como sospeché, sus intenciones no eran hablar de Oswaldo Reynoso ni de Luisito Corbacho. Sus planes eran empujarme, querer besarme, tocarme y poner encima de mí sus 50 kilos de más. Tenía los ojos encendidos y sus palabras eran “No grites carajo, no vivo solo”. Tampoco sé cómo escapé. Como me limité a no romperle la cara, el alma, el cuerpo. En el ascensor me di cuenta que tenía hematomas en el pecho por sus empujones.

Desde ese día, no lo he visto y tampoco lo quiero ver.

12 Comentarios
  1. Qué relato inquietante, Eduardo. Muy bien llevado y me hiciste sentir no solamente el miedo del narrador, sino la profunda soledad ansiosa del tal Beto. Mi voto

  2. Me ha gustado el relato. Bien narrado lo que cuentas y bien descrito el personaje. Felicitaciones literarias y voto.

  3. Un relato con buen ritmo, los personajes de verdad transmiten toda la emoción que creo que quisiste imprimir en ellos. Felicidades. Mi voto.

  4. Me ha parecido muy bien escrito, con un buen ritmo narrativo, te doy mi voto.

  5. Ficcion o no, buen relato, Eduardo. Saludos y mi voto.

  6. Muy bien relatado. El acosador, falto de amor, y el acosado, que extrañamente no puede dejar de acudir a las citas, tal vez atraído por esa falta de amor. Mi voto.

  7. Buen relato. Atmosfera muy bien conseguida.
    Saludos

Deja un comentario