Despedida de soltera
28 de Mayo, 2012 19
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Me invitan a una despedida de soltera. Si tenemos en cuenta que tanto la novia como las amigas hemos entrado ya en la década de los cuarenta, reconozco que como poco la invitación me ha sorprendido, si analizo más mis sensaciones, lo cierto es que me ha horrorizado.

Creía que esta era una etapa ya superada, y a esta edad la verdad, ya no está una para fiestas de este calibre, pero no puedo negarme, así que tras el shock inicial decido recuperarme y tomármelo de la mejor manera posible, no quiero quedar como una rancia anticuada y aguafiestas.

Después de una serie de llamadas telefónicas para intercambiar opiniones con el resto de invitadas a tan magno evento y tomarle la temperatura a la situación, cuelgo el teléfono totalmente desconcertada y algo preocupada; mis amigas, hasta ayer mujeres racionales, trabajadoras infatigables, madres amantísimas y en algunos casos esposas impecables, han perdido de repente la cordura y hablan de la “Gran Noche” entre risitas nerviosas y carcajadas claramente obscenas.

Dios mio! tengo miedo! creo que no voy a poder estar a la altura de las expectativas que se están creando, decididamente yo no sirvo para esto.

Voy a aclarar para que nadie se lleve a engaño que no soy ninguna mojigata, los años locos de mi juventud estuvieron repletos de fiestas hasta altas horas de la madrugada, música a todo volumen, risas estridentes y momentos para olvidar al día siguiente como si nunca hubieran existido; es más, de vez en cuándo aún me permito una noche de “fiesta loca, copas mil” pero a mi aire.

No es que yo ahora vaya a escandalizarme, pero sigo pensando que hay una edad para cada cosa, y nuestro tiempo para estos desmadres ya pasó, aunque tampoco sea cuestión de edad sino de buen gusto, si en mi despedida me hubiera visto obligada a contratar un tío con tanga, juro que no me caso.

Y llega la “gran noche”, hemos quedado a la entrada de un restaurante, hacia allá me dirijo con mis mejores galas, minifalda, escote, taconazos incluidos, y mi mejor disposición para tratar si no de disfrutar, al menos de no amargarme la noche.

Mal empezamos, se me insta con gran algarabía por parte del grupo a colocarme sobre la cabeza una diadema con una especie de gusano gordo, blandengue y rosado que no para de oscilar al movimiento de nuestras cabezas. Me niego en rotundo, hasta ahí podíamos llegar, comienzo a pensar que será complicado mantener mi dignidad intacta en esta larga noche, o mantener mi amistad, porque sospecho que ésto es sólo el principio y que va a empeorar.

No me equivoco, el restaurante no es tal, si no una especie de garito decorado con colores estridentes y largas mesas repletas de mujeres al borde de un ataque de nervios, o así me lo parece, en virtud de las carcajadas y gritos que escucho a mi alrededor.

Cuando aparecen los panecillos con forma de falo, signo inequívoco de mal gusto y ordinariez, directamente pongo los ojos en blanco y decido que yo he dejado de comer pan, que engorda.

No daré más detalles, a partir de ese momento los platos que van apareciendo superan mis peores pesadillas y los acompañamientos exceden a mi comprensión de lo que está sucediendo; los chistes y bromas son tan zafios e infantiles que me recuerdan cuando a los diez años nos reíamos si escuchábamos la palabra “teta” o “culo”.

Miro a mi alrededor y soy la única que parece estar allí fuera de lugar, todas se lo pasan en grande, y comienzo a sentirme como un bicho raro, pero soy incapaz de participar, así que me agarro a la botella de vino antes de que me obliguen a agarrar otra cosa, y decido empapar mis agobios en alcohol, a ver si consigo encontrarle la gracia a todo esto.

Termina la cena y nos dirigimos a otro local, en una despedida fina y elegante como ésta no puede faltar el maravilloso y excitante stripper masculino para amenizar la velada; en este momento debería despedirme y ahorrarme tan patética exhibición, pero no reuno el valor suficiente, además empiezo a sentir la lengua como de trapo, el vino peleón está haciendo su trabajo.

Iré rápida, al ritmo trepidante de la función, tengo en mi mente flashes de la noche, mujeres convertidas en lobas hambrientas como si no hubieran visto en su vida un hombre, gritos obscenos en una especie de paroxismo histérico que me hace pensar en algún tipo de posesión demoníaca, furor uterino salido de madre, y en el escenario un macho semidesnudo con un tanga que espero no ver nunca cerca de mi cama, embadurnado con no se que producto y los músculos a punto de estallar, moviendo las caderas adelante y atrás como si fuera a empitonar a alguna de aquellas enfervorecidas señoras y señoritas que hace horas han perdido los papeles.

En resumen, una noche para el olvido. Llego a casa con mal cuerpo, con una sensación de irrealidad creciente y ya en la cama me pregunto cuanto de lo que he visto y oído es cierto, y cuanto tiene que ver con nuestra obsesión por imitar a los hombres, por demostrarnos a nosotras mismas lo modernas que somos, lo liberadas que estamos. Y me respondo encantada de haberme conocido que yo me siento tan liberada y tan libre que no necesito montar un espectáculo para creérmelo ni para demostrárselo a nadie.

19 Comentarios
  1. A parte de que que coincido en lo que dices, no se me ocurre que añadir, salvo que es un poco deprimente que para alcanzar la igualdad que tanto deseamos, algunas pierdan su condición de mujer y se conviertan en meras animalas. ;)

  2. Qué horror de fiesta pero qué bien la has contado. Lo único bueno de haber ido es que has podido escribir estas letras tan divertidas. Yo no habría ido ni por eso :-) Te voto.

  3. Me gusta… y coincido con Mariav… fijar la igualdad en cosas tan patéticas…. creo que más que hacer avanzar a las mujeres, las retrocede e introduce en rituales que, en un alarde de buenismo, yo pensaba que nunca haríais vuestros. Los que está claro es que hombres y mujeres… cuando van en rebaño, se transforman en otra cosa peor.

    Siempre quedarán las que esto les parece patético (menos mal) y los que no les gusta el futbol… castas las dos a extinguir.

    • Si es que nos da por imitar lo peor, no sólo eso, si no dar un paso más y ofrecer la imagen de salidas y comehombres, lo peor es que es sólo una pose, mola hacerse la salvaje sexual, pero ya sabes, en realidad “perro ladrador poco mordedor” o “dime de que presumes y te diré de que careces”, éstas luego ná de ná.

  4. Terri: ya me imagino cómo te habrás sentido en una fiesta así, con mujeres que dices que en su cotidicianidad aparentan ser excelentes madres de familia, y por lo tanto, dando buen ejemplo a sus hijos; pero allí, convertidas en, como expresa Mariav: meras animalas.
    Al final, fuiste a la fiesta, no te divertiste, pero a mí (y me imagino que a todos tus amigos) me has hecho pasar un rato muy ameno, pues siempre asi lo es cuando leo algo que escribes.
    Si te digo que tienes vocación harta para superar a don Miguel de Cervantes, con su Quijote, claro, haciendo a un lado al tal Sancho Panza. Créelo… escribes de lo más divertido…. y con gran dominio de las normas gramaticales, lo que es un gran mérito.
    Felicidades, terri, o territorio sabe qué.
    Atentamente
    Volivar (Sahuayo, Michoacán, México)

    • Lo que más me molesta es que sé que es puro teatro, luego con el marido les duele la cabeza todo el tiempo, que me conozco yo el perfil.
      Gracias por los halagos a mi escritura, que me dan subidón.
      ¿Te gusta “La zona no ocupada” ? es mi sobrenombre, je je, a ver si os lio más todavía.
      Besos Jorge

  5. -Territorio sin dueño: eso de “la zona no ocupada” me lo pensaré… ya te contaré mi opinión… Caramba, ¿no se puede ocurrir algo mejor? siempre con tus rarezas.
    En fin, amiga, ponte el sobrenombre que quieras, al fin que de la que nos reíamos es de ti.
    Nos reímos… sí, pero, oh, me expresé mal; no es de ti, sino de lo que escribes, tan a todo dar, que me gustaría hacer una colección de tus hermosas narraciones.
    volivar

    • Jorge, cuando tenga suficientes las publicaré.
      Lo explicaré una sola vez: “Territorio sin dueño. La zona no ocupada” como sabéis es el nombre del blog, yo firmo como Inmaginación, ese si es en verdad mi sobrenombre, aunque estoy por cambiarmelo por el de la Santa Paciencia

  6. Muy buena narracion Territ. Y ese moreno de la foto salio de algun pastel? Mi voto y un beso.,

  7. Sí, si, terri (o zona ocupada)… hazle caso a Vimon y explícamos lo que pide, que nos digas si ese amigo de la foto estuvo presente en la fiesta, o sólo fue un muñequito que salió, como Vimon dice, del pastel.
    Atenta y cariñosamente
    Volivar, que te estima, por esa enorme sencillez adornada con la cultura que te cargas.

    • Lo queréis saber todo, ains! A ver…el moreno de la foto es el empitonador que todas las hambrientas aquellas querían llevarse a casa, pero fijaos en que lleva tanga y músculos hinchados, y a mi así como que no.
      Está pendiente de publicación otro texto mío en el que precisamente hablo de mis gustos en ese sentido, el morenito ni regalado

  8. Espero que lo hayan pinchado varias…

  9. De lengua me como un taco…

  10. “furor uterino salido de la madre” GENIAL! Repito que me gusta como escribís, lo hacés muy muy bien. Algo que me pasa: es como si te escuchara la voz. Como si me lo estuvieras contando en tu tono. Vos sos española y se escucha el “español”… no sé si me explico bien. Pero bueno, es muy lindo eso. Y no sólo eso sino que se ve, el relato es muy visual. Felicitaciones!

    • ja ja, gracias Florencia, creo que entiendo lo que quieres decir, leyendo por aquí me doy cuenta de que en general en otros paises el estilo es…¿como definirlo? mas onírico, más poético, aquí somos más brutos, muy de llamar a las cosas por su nombre, más secos quizás, al menos yo.

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