De Duquende, visto por fuera, se espera poca cosa por esa forma de moverse casi pidiendo disculpas, la mirada que recorre la conversación como un sismógrafo y su forma peculiar de contar, que consigue que todas las frases acaben en pregunta (“¿no?, ¿eh?”) porque lleva por dentro una certidumbre o una intuición, aunque no quiere que se sepa si lo primero o lo segundo. Por dentro es flamenco flamenco que trasluce apalancado en el pico de la silla. De algunos viejos flamencos lo ha aprendido todo menos el ir pontificando por la vida, esa forma de hablar dejando el engreimiento grabado en mármol. Para Juan Rafael Cortés, Duquende, lo importante se dice en el escenario. Lo que se cuece abajo, puede ser casi todo mentira. Pero si se fija en alguien es en Camarón, dice, “el más grande de la historia” y “maestro de los maestros”.
Esa encarnadura en el de la Isla, con su herencia del mito corriéndole paralela empieza por las manos (lleva tatuada la estrella de David y la luna mora), pero sin hacer de su cante una nostalgia. Cruza a lo ancho los palos flamencos (géneros, para Sanlúcar) automático, sin pensar en lo que hace, porque en realidad le da igual de qué se trate. Igual pega un arreón por seguiriyas capaz de arrancar la pintura de las paredes que al rato lleva a Leonard Cohen (The Gypsy’s Wife), Jarabe de Palo (Déjame vivir) o Alejandro Sanz (Corazón partÃo) al compás flamenco para volver a la pleamar de lo jondo. “Soy músico, tengo un buen oÃdo y creo que lo puedo hacer todo. Siempre ‘aflamencao’, a mi manera, llevándolo a mi terreno… me atrevo con todo”.
“Nacà pa’ cantar y creo que es un don lo que tengo dentro y es lo que me lleva. Tampoco sé nunca lo que voy a hacer y lo que no voy a hacer. Está el duende ahà y él me lleva, a veces a la gloria y, a veces, se hace lo que se puede. El arte es según el dÃa: hay veces que cantas bien por seguiriyas, hay veces que por tarantas, hay veces que la bulerÃa se sale… Es también el estado de ánimo de las personas. Ahora me siento muy bien porque estoy en un momento de mi carrera muy bueno, preparando mi próximo disco (todavÃa no se puede adelantar nada porque es muy reciente), tengo bastantes cosas firmadas y no se puede pedir más”.
A Camarón, cuenta Montero Glez. en su ‘Pistola y cuchillo’, el entonces patriarca del cante, Manolo Caracol, le hizo un feo cuando en la Venta Vargas aquel muchacho se arrancó a cantar con una lumbre que solo tenÃan los muy viejos o los muy pobres. Este es un mundo de pocos duros y muchas envidias. Algo parecido, por el estreno, no por la mala leche, le ocurrió a Duquende cuando tenÃa nueve años. Un cantaor ya con pelea, endiosado y atropellado por su gente y los ‘flamencólicos’ a partes iguales le invitó ponerse a su lado y ahà dejaron muda a la noche con la sangre de los que se saben dueños de una luz casi sobrenatural. “Yo creo que si Caracol lo dijo serÃa de broma. En aquellos momentos, Camarón con esa temprana edad, y un maestro como Caracol no creo que tuviese mal rollo con él”.
Empezó su formación ‘profesional’ con el sexteto de Paco de LucÃa (allá por los 80) y sigue siendo uno de los fijos de la cuadrilla del guitarrista en sus giras y en sus grabaciones. En un tanteo rápido lleva cogidos con el de Algeciras unos 200 aviones y el acumulado de horas de espera en los aeropuertos sumarÃan “una semana entera”. “Esté con Paco o haciendo mis cosas, siempre hay ese riesgo de estar bien o no estar bien. La verdad, se pasa bastante miedo. Cuando subo al escenario, sea con quien sea, siempre paso un poquito de nervios… hasta que empiezas a cantar y a escucharte y a tirar p’alante las cosas como vienen”.
En uno de los parones de las interminables giras de Paco de LucÃa, Duquende aprovecha para seguir creciendo por su cuenta. En esta ocasión con Chicuelo, otro tándem habitual (los dos grabaron juntos los últimos trabajos publicados hasta ahora: Mi forma de vivir‘ un directo en el ‘Cirque d’hiver’ de ParÃs y Qawwali flamenco, junto a Miguel Poveda y el paquistanà Faiz Ali Faiz). “Cuando hago mis cosas siempre me acuerdo de Camarón, porque para cantar flamenco es necesario, pero siempre intento que sea personal, aunque todos vengamos de la misma raÃz, variar”. “Cuando veo a los niños que vienen haciéndote las cosillas tuyas, o de otra gente, se ponen a cantar por fandango… a mà me da mucha alegrÃa que haya flamenco y esto no pare nunca”.
La próxima semana reanudará los compromisos con la gira Cositas buenas por EEUU, donde Duquende afirma que descubrió que para entenderse lo único que hay que hacer es querer hacerlo. “Un dÃa, cantando en el Central Park de Nueva York me z’acercó un hombre de color que no entendÃa lo que decÃa, pero sà mis sentimientos. Eso demuestra que el flamenco es universal, una lengua que solo captan los bellos y no hace falta saber cantar en inglés ni que la gente sepa lo que estás diciendo“.



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