El amigo
12 de Enero, 2012 2
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Vi la necrológica en el diario de la mañana, mientras viajaba en el autobús de empresa rumbo a mi trabajo. De él no recordaba ya gran cosa: un corto viaje en moto de la facultad al barrio donde solíamos perder las tardes fumando y bebiendo cerveza, en el que en plena marcha, yendo yo de paquete, le puse mi cazadora vaquera a modo de parapeto contra el insistente viento que llegaba del mar. Recuerdo que ese gesto, tan simple, ensanchó nuestra amistad durante esa época en que le traté, o al menos así lo sentí yo.

También recuerdo que una vez, en una visita suya en Madrid, fuimos a los toros. Yo solamente le acompañaba, ya que nunca me han gustado los toros, y ese estreno en poco varió mi opinión sobre ellos, pero le acompañé de buen gusto ya que él tenía especial interés en visitar lo que para cualquier taurino es el templo del toreo. De esa visita conservo una fotografía en la que ambos miramos a la nada con la estatua del Yiyo al fondo.

Poco más, al poco tiempo de esa visita él se marchó a Londres, donde le perdí la pista. Una carta escrita con aires de atolondramiento etílico desde allí fue mi último contacto con él. Hasta hoy, en que ha regresado del modo que menos lo esperaba.

Y no solo por la noticia de su muerte, sino por la razón por la aparecía destacada en un periódico de tirada nacional: era poeta.

Muchas veces tonteábamos con la idea de escribir en aquellas ya referidas tardes en las que faltábamos a clase en la facultad de Periodismo. Incluso llegamos a intercambiarnos alguna poesía con regusto a hartazgo vital post adolescente. Yo siempre consideré aquellos ejercicios como una especie de juego, un pasatiempo más, como el billar americano, las cartas o los paseos por el puerto viejo. Y aunque sin duda para mí solo fueron exactamente eso, para él debieron ser el embrión de lo después llegaría a escribir.

No me extiendo mucho más, el trayecto del autobús termina aquí. Para mí fue una persona importante en una época de mi vida en que para muy pocas personas era importante yo. Recortaré la necrológica y la guardaré junto a la foto de las Ventas, la carta etílica y algún poema suyo, que quizá conservé por ahí.

La última línea de la crónica decía así: “Su última obra, que aparecerá póstumamente, era un selección personal de sus poemas preferidos, que llevaba por título “Viaje en moto con un amigo“.

 

2 Comentarios
  1. Muy emotivo, gracias por compartir.

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