El arco del triunfo
22 de Marzo, 2012 2
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*Ficciones eróticas

Hemos entrado en un juego perverso. Estoy parada en medio de una conversación de funcionarios impúdicos. Entre las voces se asoma Marcos, de perfil, me mira. Escribe y fija sus ojos en mi cuello, desciende, se queda dormido un rato en mi escote. Levanta la mirada y se encuentra con mi ojo cíclope atravesando sus pantalones. No sé por qué pero lo imagino llegando a algún lugar sacándose ese overol de periodista explotado. Y así, desnudo de la inmediatez, lo veo subirse a mi vestido para arrancarlo con los mismos dientes con los que muy bien sabría morder mis piernas. Luego, subiría caótico hasta llegar al lugar dónde nacen se expanden y mueren mis prejuiciosas cavilaciones. Regreso a la realidad, Marcos sigue ahí. Está trabajando. Tiene que escuchar todas las voces del bunker para dar la nota en el diario y pagar el alquiler entre otros gastos. Marcos es un pasante. Me pasaría toda la noche recorriéndolo con algo más sensible que mis pestañas. Por ahora sólo puedo simular un diálogo aburrido, tanto como mi marido, el recién electo gobernador. Sobresaltada me doy cuenta que se retira del lugar, ya decodificó toda la mugre imperial, tiene la data almacenada y sus manos acercándose a mi cintura.

-Felicitaciones señora Mansilla

-Gracias, es la victoria del pueblo, sin dudas.

Y en ese momento algo cruje en mi naturaleza salvaje. Las manos de Marcos no han dejado de rosarme. Hay un imán entre su condición laburante y mis ganas de salir corriendo de este lugar. No tengo nada que ver con estas corbatas amodorradas. Me siento más despierta que nunca. Lo invito a salir. Las miradas apuntan hacia nosotros, pero eso no me importa, esto no será sólo un caso de infidelidad. Estoy dando un salto al vacío. Me subo al auto y avanzo sin saber el destino. No hace falta, Marcos es más hábil que los funcionarios, y más potente que todas aquellas vanidades. Siempre hay un atajo. Justo ahí dónde mi vestido se abre y sus manos adivinan mis necesidades. Bien adentro se abren círculos de fuego. La respiración es una multitud de vientos. Su pantalón ya no está. Mi premonición no falla, este tipo es un donante de endorfinas. A mi lengua le gusta refutar, discutir, hablar, pero algo dentro de ella la deja callada. No es el disparo de los políticos en serie, es el néctar rugido de un falo diamante.

Es esta guerrilla de espermas en el vaivén de los cuerpos, es mi hueco milenario que se ha llenado de luz. El falo más bello del mundo acaba de ser iluminado por el reflector del guardaespaldas del gobernador. Ni un paso atrás, le digo. Y sin consultarme, Marcos ha tenido que acabar; con todo, y en mi boca.


2 Comentarios
  1. Muy bien escrita y mejor llevada, gracias por compartir. Saludos

  2. Gracias Nanky, tu opinión vale mucho. Aprecio tu estilo. Saludos.

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