La catedral de Morelia, Michoacán. Famosa por su majestuosidad y por haber sido construida con cantera de color de rosa.
Estimados amigos, tanto del equipo de Falsaria, como aquellos con los que hemos intercambiado comentarios a nuestros cuentos: Sanyuro, Luisa Gantes Mora (a la que le deseo que ya se haya recuperado de su hueso roto); Alvaro Iranzo, Paloma Benavente, Jorge Moreno, Imma Roldán, Ebenecer, Suldrum, Nanky, Zolo, Kenneth, Gudea de Lagasth, Julio d Cerna, Sylvia Ellzfon, Vichytar, Meilann, José Luis Armendaris, El Bufón, Cat Yuste, Manuel García Tristante, Beatriz Losilla, Nalleba, Lorena, Erick Sandoval, Nora, Ema Sandoval, Piscis, Alis, Domini Alghieri, Antonia González Arriaga, Eva Bailón, Sonia Angeles, Pepe Mancera, sin hacer a un lado a los demás escritores de esta red social, les envío una felicitación con motivo de la pasada Navidad y de la llegada del año 2012, deseándoles que logren, como siempre, sorprendentes éxitos en la literatura.
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Y aunque no tenga importancia alguna, quiero contarles cómo me fue a mí en esos festejos, especialmente en el del día último del año, que quiero borrar de mi memoria a causa del desencanto que me ocasionó uno de mis nietos, un tal Alberto, al que no le deseo que el diablo se lo cargue, no, no es para tanto, pero del que espero no saber nada de nada en mucho tiempo.
-Ay, amigos, ese día me provocó tal amargura el muchachito, que por un lapso prolongando no tuve ganas de hacer nada; se apoderó de mí tal desilusión, que a la hora de la cena hasta el hambre se me fue, haciendo a un lado los tamales estilo oaxaqueño rellenos con chile verde que me gustan tanto, y que mi mujer había preparado para celebrar la llegada del supuestamente feliz año 2012, y levantándome de la mesa, decreté, solemnemente, como no existente al sujeto ese del que les cuento.
Con sus padres y con sus dos hermanos, el joven reside en Canadá; no recuerdo el nombre de la ciudad, pero eso es lo que menos importa por ahora.
Bien, pues ahí tienen ustedes que, por desgracia para mí, en esos días de vacaciones vino a Morelia la familia de mi nieto.
Leyeron bien, amigos, por desgracia para mí, pues en tal visita me di cuenta qué clase de individuo es el sujeto en referencia.
Asimismo, deberán de saber que teniendo ya una semana de haber arribado a la famosa y colonial ciudad de las canteras rosas, capital del Estado michoacano, en plenas fiestas celebrando la llegada del nuevo año, a mí se me llenaron de líquido los ojos al recordar que el joven había asistido a la imponente y majestuosa catedral de la ciudad ya mencionada, y que no tuvo a bien enviarme una invitación para que yo hiciera acto de presencia en la ceremonia religiosa en donde él sería el principal actor.
Y en cuanto a las felicitaciones, ni siquiera me echó un telefonazo; por más que revisé el correo electrónico no encontré mensaje alguno del fulano.
Por supuesto que su madre, mi hija, telefónicamente sí solicitó mi presencia en la catedral, pero él, mi nada estimado nieto, ni siquiera me peló (con perdón).
Hasta hace unos días, yo lo quería mucho, por alegre, por entusiasta, por saber reírse a carcajadas, contagiando, según me habían enterado sus papás, al más deprimido y decepcionado de la vida.
Y que lo esté borrando de la lista de mis nietos preferidos, ocurre porque su madre, es decir, mi hija, me hizo saber que el fulano ése es una persona en extremo perezosa; asimismo, me comentó que el día entero, sí, leyeron bien, el día entero, se lo pasa dormido, como si tal cosa, como si no hubiese nada por hacer en esta vida; que es un flojonazo de marca, y que cuando no está en brazos de Morfeo es porque está comiendo, pero no con moderación y con buenos modales; no, me informaron que traga (con perdón) como desesperado, y que cuando se harta, hace a un lado el utensilio de plástico en el que le ponen la comida, es decir, sin tener ni la intención siquiera de ir a lavarlo en la cocina.
En verdad que no sé cómo lo aguantan sus papás.
Mi hija le envió un correo a mi esposa indicándole que si yo, por mi trabajo, no podía ir a Morelia, ella por ningún motivo podía faltar en la ceremonia religiosa.
-Amor mío –le ordené cuando se subía al autobús para viajar a tal ciudad–, al fulano ese, al tal Alberto, no le vayas a decir nada de mí. Esto es una orden.
Ocurre, pues, queridos amigos, que no puedo ser feliz sabiendo que tengo un descendiente del que me cuentan que se dedica sólo a comer y a dormir, y continuamente me pregunto: ¿Y la escuela? ¿Y las demás actividades, esas que todos debemos realizar? Con decirles, mis estimados, que, según me han enterado, el individuo al que me refiero ni se le ocurre tomar una escoba, un trapeador, un trapo viejo, lo que sea, para ayudar en el aseo, no de la casa, no, sino de su mismo cuarto.
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Vamos a darle la recia a esto; ya nada más los voy a enterar de que mi mujer regresó de Morelia al día siguiente, y que le pedí que no me contara nada de lo que sucedió allá.
Mas, no lograba apartarla de mi escritorio, diciéndome que Alberto esto, que Alberto lo otro, hasta que me hartó y colérico le pregunté a voz en cuello:
-Pero mujer, ¿cómo es posible que muestres tanta admiración por alguien que no hace más que comer y dormir?
-¿Y qué querías, mal abuelo, que a sus tres escasos meses de edad anduviera por allí, en los campos de fútbol pateando la pelota, como lo hacen sus hermanos? ¿O que las tardes enteras se las pasara en las canchas de básquet, practicando ese deporte? ¡Acuérdate que nació el 30 de septiembre de este año, por lo que es todavía un bebito!
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-Estando a punto de apagar la computadora, estimados míos, compañeros de esta red social Literaria de Falsaria, volvió a acercárseme mi esposa y me informó, tímidamente:
-Mi amor, se me olvidaba comentarte que nuestro nieto, Albertito, es una monadita, un niño muy bonito.
-¡Va!… ¡Eso no es como para echar a repique las campanas del suntuario de Guadalupe!
- ¿Qué otra cosa podía yo responderle, amigos muy queridos, sin que se fuera al traste mi machismo mexicano del que ahora dudo en serio si me enaltece o me sobaja?
Ah, y perdónenme que no les haya informado en qué ceremonia religiosa estuvo presente el jovencito en referencia; pues bien, debo enterarlos que recibió el bautismo, con el que se hizo hijo de Dios, y que, después de que mi esposa se fue a dormir, le rogué al Creador que en la vida que le quede por delante al pequeñito, siga siendo eso, un verdadero hijo de Dios, un hombrecito, y no un holgazán y tragón, como hasta hoy.



Me ha gustado, creía que era un nieto mayor y al descubrir que era un bebe,
me he sorprendido, pero no te preocupes los bebes crecen y se hacen mayores antes de que te des cuenta, todos hemos pasado esa época.
La pasé muy entretenido leyendo tú relato. Felicitaciones.
Nalleba, querida amiga, te agradezco tu comentario; mira que tomarte un rato de tu tiempo para leerme… gracias…
Atemtamente
Volivar Martínez Sahuayo, Michoacán, México
Nanky: me pasó lo mismo con lo que tú escribiste, es decir, tuve un rato muy ameno leyendo lo que has enviado a la red Falsaria, que han sido muy amables al proporcionarnos este medio para comunicar nuestras inquietudes literarias… eres excelente en el arte tan dificil, tan demandante, de expresar bellamente los recuerdos… nuestras ideas.
Atentamente
Volívar Martínez Sahuayo, Michoacán, México
Qué sorpresa me he llevado al leer los últimos párrafos. Me he quedado con una sonrisa. Te felicito por el humor, la ternura y lo acertado de tu escrito.
Luisa Gantes Mora… ¿cómo estás? ¿eres feliz? mira, lo que deseo es que seas la mujer a la que las penas no la aflijan… y, esa literatura tuya, vaya, amiga, es para gozar, y proporcionar alegría a los demás.
Gracias por tus comentarios a esto que escrito.
Atentamente
Volivar Martínez Sahuayo, Michoacán, México.