30 de marzo de 1994
El Pontiac ’68 anaranjado esperaba estacionado frente a la clínica de desintoxicación Exodus. De Allí salía Kurt Cobain tras dos meses de encierro y sobriedad.
Ver su ridículo auto rugiendo y lanzando bocanadas de humo espeso le causo gracia. Dibujó una extraña mueca en su rostro y se subió inmediatamente.
- Y? Hace cuanto que no lo usabas? – pregunto con animo su amigo Paul, quien había sido el único que se ofreció a buscarlo sin pedir nada a cambio.
- Nunca lo había siquiera encendido. No es mas que el resultado de un capricho de nuevo rico, el costado horriblemente divertido del éxito y la fama, supongo yo.
El viaje siguió en silencio. El síndrome de abstinencia de la heroína era conocido por Paul, así que decidió dedicarse a conducir y dejar a su amigo tranquilo para que comience su nueva etapa de sobriedad –otra más-. Mientras tanto, Kurt cerraba los ojos y de dejaba besar la frente por el sol piadoso del mediodía.
4 de abril de 1994
Tras pasar unos pocos días en su fastuosa casa de tres pisos en Seattle junto a su esposa Courtney y su hija Frances, Kurt Cobain escapó. Mas allá del incuestionable amor que sentía por su familia, estaba seguro que la batalla contra su fuerte adicción debería librarla solo, por lo que se recluyó secretamente en un pequeño departamento que un productor musical le dejó mientras viajaba. Se convenció de que debía evitar a toda costa lastimar a las dos personas que más le interesaban en la vida, aunque en realidad desapareció de su hogar para huir de los amigos y demás personajes adictos que rodean a las estrellas de rock. Ellos fantasmales y obsecuentes, lo arrastraban inevitablemente al comienzo de una historia que parecía repetirse infinitamente y que por primera vez en su vida estaba dispuesto a terminar.
Fama, mujeres, cocaína, valium, poder; son drogas preferibles a la heroína. Ella, caprichosa y voluble como una amante despechada, no se deja abandonar tan fácilmente.
Los brazos de Kurt seguían mostrando débiles puntos que, como estrellas, alumbraban una noche desesperanzada. El las observaba con frecuencia y maldecía a Dios, MTV, la música, y todo aquello que lo había arrastrado hasta ese insoportable punto donde la vida y la esperanza parecen tan poca cosa.
Su música logró trascender las fronteras del garage de la casa de sus padres y tal como si fuere un parasito se fue adentrando en la vida de millones de personas alrededor del mundo. Muchos lo idolatraban y encontraban en su ronca y enojada voz la expresión ultima de una generación condenada por los idealistas comprometidos de los ‘70 y los snob conformistas de los ‘80.
Kurt Cobain sabía todo esto, pero su menudo porte y sus flacos hombros nunca pudieron mantener el peso de semejante expectativa. Quizás no entendieron que sus gritos no eran de guerra, sino un pedido de ayuda de una juventud hundida en el vacío existencial del desinterés y la desidia.
El arcoiris de pastillas recetados para apaciguar su ansiedad lo habían alterado y a veces confundía el sueño con la vigilia. En ocasiones, mientras dormía, una mujer espectral, casi transparente, se posaba desnuda en la punta de la habitación y entonaba melodías incomprensibles. Otras veces, ella se quedaba en silencio mientras clavaba sus ojos completamente blancos en los de él.
8 de abril de 1994
Hacia dos días que Kurt había perdido su sobriedad entre furiosas rayas sobre el espejo y vasos de whisky. Esa tarde de abril en la que el sol que tiempo atrás lo redimía ahora espiaba a través de una persiana destartalada, Cobain se dejó llevar por el canto de esa mujer que, como sirena, lo atraía con fuerza sobrenatural.
Finalmente él la besó. Sus labios secos y ácidos fueron lo último que sintió mientras se elevaba al infinito de su mano. La dosis mortal de heroína que acababa de inyectarse apenas le daría tiempo para apretar el gatillo de la que escopeta que se apoyaba en su pecho.



Que terrible historia. Gracias por compartirla. Un saludo.
Trágica pero por desgracia muy común, me gustó, gracias!!!
Te envío una sonrisa para poner un poco de azúcar a ese final…
gracias a ambos dos por los comentarios.
salud