Hoy no toca ficción, desgraciadamente no lo es. Una noticia me ha conmovido y la fibra menos “literaria” de mí necesitaba expresar su sentimiento, sin más. Si no coincidís con lo que digo, os ruego me disculpéis este desliz y comentéis lo que creáis conveniente.
Que una multinacional compre un país, no debe sorprendernos hoy en día. Que suceda en Latinoamérica, mucho menos. Que no lo veamos, eso sí debe sorprendernos. Un golpe de estado, 10% de desnutrición crónica y exportaciones de monocultivo extensivas con valores únicos son la receta ideal para darnos cuenta de que esto está llegando a límites antes insospechados.
Amigos, el capital no es malo. El capitalismo lo es. El capital está en nuestras tierras, en nuestros esfuerzos acumulados. Las sociedades y cooperativas administran capital y no es malo, al contrario, es la medida con la cual podemos tener capacidad para realizar más cosas. El capital es el motor de la generación de bienes para una sociedad. Ahora bien, “el capitalismo” es la administración desigual por parte de unos pocos de grandes volúmenes de capital. Cuando pocos administran mucho (ley del 20-80) sucede que esos pocos se quedan con mucho y muchos con prácticamente nada. Porque un sistema de desequilibrio lo único que busca es más desequilibrio.
La gran cuestión hoy en día es ¿hasta donde llegaremos? ¿Hay algún límite a esta barbarie? —porque convengamos que, un país con una tasa de desnutrición crónica del 10% y que exporta cereales para 50 millones de personas (4to productor mundial de soja) es una barbarie—, creo que no debe estar lejos el fin de esta etapa irracional y desmedida del capitalismo irreverente, pero a mi gusto se está alargando demasiado. Vemos hace tiempo en los mercados “marginales” cómo se saltan a la torera las leyes, los gobiernos, los controles internacionales y cómo comienzan a “gobernar” pueblos de los países anteriormente llamados occidentales o desarrollados coartando sus libertades y logros sociales que llevaron más de treinta años en conseguir. Las deudas que antes eran la razón por la que América latina dependiera del FMI y otros ahora son las que dejan sin soberanía a Grecia, Portugal, Irlanda y España. Pero no nos quedemos allí, por aunque hoy por hoy es obvio que estos países son incapaces —no por capacidad sino por estar incapacitados por sus dirigentes— de decidir su destino y el de generaciones futuras, hay otros que visiblemente no lo son, pero que también están controlados por los mercados. Alemania y Estados Unidos tienen más lobbies en sus congresos y sedes de gobierno que parlamentarios y funcionarios. Los partidos políticos de estos países se financian directa y abiertamente por intereses comerciales globales y la fortaleza —virtual y relativa— presente de estas economías se basa en la debilidad de sus vecinas y socias como Latinoamérica en un caso y sur de Europa en el otro.
El ejemplo hegemónico lo tenemos en la mayor economía del mundo: grandes latifundios, producción extensiva de monocultivos transgénicos, producción ganadera extensiva en el campo y producción en masa de automóviles y bienes de consumo masivo en las ciudades. Masas de obreros dependiendo del miedo a pasar al estado de “reserva” que hará que otros realicen su trabajo. Odio a los países “extranjeros” que quitan trabajo a los suyos y una productividad “obligada” por la necesidad de un salario cada vez más pequeño y con más gastos —porque el consumo obliga también— innecesarios, superfluos, modernos y socialmente incluyentes. Eso se ha exportado con éxito a todo el mundo. Eso es lo que compramos cada día. Eso es lo que un día se va a acabar. Eso es lo que hace que haya hambre en el mundo, eso es lo que ha destruido a África y empobrece a Asia y a América latina. Eso es lo que aumenta la deuda del sur de Europa en beneficio del norte. No es culpa de las personas que lo llevan a cabo, no hay culpables en realidad. Hemos comprado un sistema, nos ha gustado y cuando vienen las vacas flacas nos quedamos callados, porque parece que es parte del juego. Si vives bien, todos contentos, porque algunos por allí viven mejor a costa de ti, si vives mal, has vivido por encima de tus posibilidades antes —has vivido una ilusión tonto, no era tu lugar y creíste que sí— ahora te aguantas y te golpeas contra esa piedra llamada realidad. No hay forma de salir de esto a menos que queramos salir. No hay ejército más fuerte que el que provoca el hambre.
América no es sólo la del norte —aunque ellos se crean que son los únicos americanos— y del sur vendrá el cambio. Un país no puede tolerar tener hambre en casa y exportar fortunas para que cuatro o cinco vivan como dioses en este mundo. Un gobierno que se digne de tal no puede aceptar mandatos que no sean de su pueblo y sobretodo que contradigan lo que su pueblo manda. Un pueblo tiene que demandar a sus gobernantes respeto, pero sobretodo alinearse con el poder que le dio en las urnas. Es un poco utópico lo que digo en estas líneas teniendo en cuenta lo que he comentado al principio, pero es que si la revolución no viene del pueblo ¿de donde va a venir? El capitalismo se caerá a trozos, no hay duda, pero hay que ir minándolo de a poco. Cambiar nuestros hábitos de consumo, nuestros hábitos de trabajo, nuestro estilo de vida, nuestra manera de reclamar lo que es nuestro. Las naciones no son los estados, una nación es un sentimiento y una sociedad con su cultura y sus costumbres. Tenemos sociedades capitalistas y esas sociedades son las que deben mutar a sociedades justas, comunitarias, trabajadores y no consumistas sino consumidoras y cooperantes. El día en el que al menos una parte importante de cada nación entienda que el modelo está caduco y que tenemos que crear uno nuevo —que hoy no existe, como en el siglo diez no existía el actual— más justo y humano, ese día seremos nuevamente los que controlemos nuestras vidas y será el día del principio del fin del hambre en el mundo. Ese hambre, desgraciadamente, es el que va a mover a la cantidad necesaria de gente. Pero no sólo el hambre, porque ne África hace tiempo hay hambre. Será el hambre y el deseo de cambiar el mundo, el poder que da la unión de naciones y el que ha hecho que el poder hegemónico esté más débil que nunca.



Pernando: te felicito por tus amplios conocimientos en el tema económico mundial.
Yo creo, como tú, que este sistema neoliberal que hemos adoptado, o que nos han impuesto, poco a poco el mundo entero lo está rechazando, por lo que anotas, porque, como los peces, que dicen que los grandes se comen a los pequeños.
¿Te imaginas lo que ocurre en mi país, México? nos impusieron el libre comercio con Estados Unidos… ¿Te imaginas? ¿Cuándo podrán competir nuestros campesinos productores de maíz, por ejemplo, usando herramientas de hace cinco siglos (el arado, jalado por una yunta de bueyes, para aflojar la tierra), contra la moderna maquinaria de los odiados gringos?
Mi voto
Volivar
Coincidencia total, aún guardo esperanzas en la humanidad. Un gran saludo desde Buenos Aires.
Totalmente de acuerdo contigo, Pernando. Si no lo conoces, te recomiendo el libro “Las venas abiertas de América Latina”. del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Un saludo y mi voto.
Gracias a todos por los comentarios y las recomendaciones de las que tomo nota. Me inspira saber que somos cada d{ia m{as los que vemos las cosas de esta manera, la manera que har{a que un d{ia seamos los fundadores de un nuevo mundo. Abrazos.
Excelente análisis, Penando. Como latinoamericana y argentina entiendo perfectamente tu razonamiento. Pero no olvidemos los gobiernos que se hacen pasar por populistas y en realidad son neoliberales, que exprimen a la mitad de su población para dar de bien comer al otro 50%. Soy socialista y El Capital de K. Marx ya anunció todo esto, aunque se equivocó de país. Te felicito. Mi voto
Es verdad, Karl lo dijo: la semilla del fin del capitalismo est{a dentro de {el mismo. Entiendo de lo que me hablas, aunque no viva en mi querida Argentina, mis padres me cuentan lo que all{i se vivie y es triste saber que la tierra del Che es hoy tierra de falsas izquierdas.
¿Que se te hace raro Pernando? ¿Las falsas izquierdas?
SI SIEMPRE LA IZQUIERDA HA ESTADO EN MANOS DE SIMULADORES
¿O ACASO LOS BOLCHEVIQUES ERAN REALMENTE DE IZQUIERDA? TENÍAN SOJUZGADO AL PUEBLO, MUERTO DE HAMBRE. MIENTRAS LOS JERARCAS SE DABAN VIDA DE ZARES Y SEÑORES FEUDALES.
Y AHORA EN EL PRESENTE QUE ME DICES DE LOS CASTRO QUE MANTIENEN CASTRADO AL PUEBLO DE CUBA…
No toda izquierda es falsa, aunque haya habido cantidad de ejemplos, como los que das. Creo que no hay sistema ideal, pero a mi ver, el sistema feudal y el capitalista son menos humanos que las ideas de izquierdas, y digo ideas para no confundirlas con lo que se lleva a la práctica. El gran desafío humano actual es encontrar un sistema económino que prime la propia sociedad ante el interés individualista.