La democracia entre mis manos
5 de Octubre, 2012 3
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Mis manos solían trabajar juntas. Cosían, cocinaban, jugaban, tocaban otras manos, sujetaban cosas y se las lanzaban una a otra. Todo era orden, un orden natural, sin jerarquías ni leyes, sin prejuicios o vanas estéticas.

Un día, mi mano derecha, tan autoritaria ella, decidió dominar a mi mano izquierda, al ser aquella más fuerte la enfrento y en franca lid la derrotó. Mi mano izquierda se vio maniatada. Sujeta a las disposiciones de mi mano derecha. La derecha comenzó a establecer normas, a restringir cada movimiento de mis dedos, siempre justificada en que “todo iría bien para todos si ella estaba a cargo”.

Mi mano izquierda acudió a la protesta, su dedo índice, el líder, dirigía el movimiento. Creaba panfletos con ideas subversivas sobre una tal “libertad entre los dedos”. Concurría a todos los medios, al corazón derecho e izquierdo, para promover un referendo, que le diera voz y voto al meñique y al anular.

Pero la plena potestad de mi mano derecha se dio a la tarea de acallar cada voz, se negaba a escuchar razones e implementó una ley marcial; todos los dedos estarían obligados a cargar con una identificación que diera cuenta de su lugar de procedencia, del tamaño de su uña y sus padrastros si tenían.

Todos los dedos añoraban aquellos tiempos, lejanos ya, en que podían jugar todos con todos, unirse todos con todos, acoplarse para implorarle a un amor a otras manos, extenderse para tocar una fruta o escribir armónicamente en un teclado.

Todos sabían que aquella autoridad no tenía fundamento, pero todos callaban. Y callaban porque sabían que la mano derecha se enojaría, y los haría arrestar y ese camaján dedo pulgar los haría llorar.

Una noche, durante el toque de queda, el dedo anular de la pobre izquierda flaca y triste, se dirigió al dedo índice, que era su vecino, proponiéndole alzarse en armas contra el regente, dar un golpe de estado o mejor un golpe de mano y democratizar el pírrimo reino. Aquel dedo le contó también que algunos dedos del otro lado también estaban inconformes, que era tiempo ya de establecer la paz y la justicia de palma a palma.

Estuvieron harto tiempo planeando el golpe y una noche cuando el tirano dormía, lo sorprendieron de facto y lo obligaron a deponer. De muy mala manera la derecha resignada aceptó los términos de la capitulación y la democracia participativa y de masas se estableció entre mis manos.

Tiempo después, el pequeño meñique de mi mano izquierda acudiría al revisionismo para reconstruir la historia acontecida. Cayó en la cuenta entonces, de que ni izquierda ni derecha controlan realmente su destino. Que no importa que extrema maneje a la otra, siempre habrá alguien detrás controlándolos a todos.

3 Comentarios
  1. Grandísimo, Ars, grandísimo. Desgraciadamente, siempre hay dedos intolerantes que buscan imponer sus ideas.
    Un saludo.

  2. Ars Alna: este bellísimo cuento me ha echo recordar lo que ha ocurrido en tantos países latinoamericanos, y especialmente en Cuba.
    Enhorabuena por tu excelente narración. Siempre te sigo, por tu calidad de escritor .
    Mi voto
    Volivar

  3. Interesante manera de ver la democracia. Saludos y mi voto.

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