No siempre el sentimiento, por mas noble y genuino que sea, deviene en la suma del poema, como tampoco, las experiencias de vida, resultan en un relato fantástico y atrapante. Y así como una persona le dedica tiempo y ensayo a lo que finalmente interpretará de manera exquisita, lo mismo debiera ocurrir con la literatura o mejor dicho, con aquellos que han interpretado que escribir es lo de ellos.
La pericia y el ensayo de aquel que escribe, de aquel que realmente ha decidido que la literatura no pase por su vida, sino que la atraviese de lado a lado, es perceptible ya en las primeras líneas o en los primeros versos.
Hemos de reconocer, sin embargo, que tenemos más tiempo invertido en la lectura que en la escritura. Y preguntarnos que, si al leer, hemos, no sólo interpretado lo que el autor ha querido dejar escrito, sino los recursos de los que se ha valido, por ejemplo, para mantenernos atrapados o para despertar en nosotros el asombro o la curiosidad. Y si cuando nos hemos propuesto escribir, ponemos en juego esas variables del discurso literario, hasta que finalmente, en la propia lectura o a través de la lectura de otros notamos que la intención, luego del uso de las mismas, es consecuente, no con nuestra emoción y nuestras experiencias, sino con esa primera intención que tuvimos.
Considero que nadie puede proponerse la escritura sino es a través de la lectura de otros y que al escribir deben ensayarse esas variables hasta dar con el texto final, como bien lo hacen otras disciplinas, interpretando la obra, finalmente, para el público en general, lo que en la escritura finalizaría con la edición de un libro. A esto llamo yo, asumir una “responsabilidad” con nuestros posibles lectores, coincidiendo en este aspecto, con Oscar Wilde, cuando en uno de sus ensayos apunta que: “El arte, en cualquiera de sus formas debe estar al servicio de la vida, a la interpretación de manera artística de una realidad y no la vida al servicio del arte”.
Una vez que hemos reconocido en una lectura analítica determinados recursos y puestos a escribir haciendo uso de los mismos, hemos de reconocer, nuevamente, que más importante que escribir es corregir. Pero, ¿corregir qué?.
Pues bien, la ortografía es un punto, la conjugación de los tiempos verbales es otro, las formas y los significados de las palabras, preguntarnos básicamente ¿De qué manera fluye lo que ha quedado escrito y cuáles serían las otras variables de nuestro texto, si quitamos o reemplazamos, o si al sumar, no estaremos cayendo en una digresión, que lo hará más denso y que pueda distraer al lector en lo que queremos que realmente interprete?. A esto llamo yo, tener “conciencia” ante nuestros posibles lectores.
Las razones por las que alguien adquiere tu libro, son infinitas, pero al momento preciso de la lectura, el lector, antes de hacerse una idea propia sobre lo leído, sigue el camino de palabras que haz trazado y dependerá de nosotros que se detenga a contemplar el paisaje, que su andar sea lento, que haga las mayores o menores asociaciones posibles con su propia realidad o bien, que corra de manera vertiginosa hacia un final inesperado o contundente.
Sea cual fuere nuestra decisión frente a la hoja en blanco, de una cosa estoy seguro: El que te leyó una vez, puede no coincidir con tu sentimiento o tu vivencia particular, pero si algo de lo leído lo ha dejado interesado, volverá sobre tu nuevo libro o texto, tal vez por pura curiosidad, dependiendo totalmente de nosotros, como escritores, satisfacer esa curiosidad o dejarla de lado.



Buen ensayo, Juan. Coincido con todo lo que has escrito. Un saludo y mi voto.
Juan C: así es, amigo, corregir, corregir y más corregir. Dicen que el escritor invierte un 5% de talento, y el 95 restante de trabajo, es decir, de corrección.
Mi voto.
Volivar
¡Cuánta verdad! La escritura es un arte que debe sentirse, moldearse, y nutrirse. Nadie nació con un diploma en Letras bajo el brazo, tenemos que observar los trabajos de los demás y aplicarlos a los nuestros para progresar. Otra forma de crecer como escritor, es aceptar las críticas, corregir los errores e incentivar la imaginación.
Tienes mi voto, muy bueno tu ensayo, sabios consejos para los que damos los primeros pasos en este mundo tan maravilloso de la literatura.
Un fuerte abrazo.
Fantástico ensayo… Comparto tu punto de vista totalmente. Gracias por compartirlo, Saludos desde México y tienes mi voto.
Me ha gustado mucho el ensayo. Aunque no coincido. Sabiendo incluso que peco de falta de corrección por la desesperación en mostrar lo hecho, creo también que el equilibrio está en el centro de la balanza, ni de un lado ni del otro.
Para mí es tan importante una cosa como la otra y por lo tanto valoro tanto la corrección de una obra como su concepción misma. No hay que menospreciar una respecto de la otra porque forman parte en igual medida —a mi humilde ver— de un ente literario.
La creación es por momentos naturalmente confusa y vaga, loca y libre y es por ello que hay que darle un entorno, una línea de coherencia y doctrina para que pueda ser disfrutada como se disfruta el vino de un viñedo bien podado, bien cuidado y abonado. Es por ello que valoro tanto la viña como el vino, la poda como el abono, los zarcillos como los granos.
Y así, incluso en el uso de “haz” de tu ensayo, encuentro un toque de sutil libertad que escapa de tu creatividad, tratando de compensar ese desequilibrio que entiendes existe, tratando de dar color cálido a esa luz fluorescente de todo ensayo.
Gracias otra vez por tus aportes, que son arte aunque no sean ficción, y eso me demuestra que, la literatura no es solo eso, sino mucho más. Te seguiré y mi voto.
El perfecto equilibro, no es aquel que se mantiene al ras de una misma línea, sino aquel que se balancea de un lado hacia el otro y logra, en ese balanceo, permanecer en el aire. Ya vez, Penando, que en algo coincido con vos. Pero, nuevamente esta vez, como sucedió con mi artículo “¿Cómo hacer tu propio libro y no morir en el intento?”, que alguien acotó sobre el tema de la “corrección”, aquí también debo hacer una salvedad: No habla de ese primer momento en el que estamos frente a la hoja en blanco, de las inquietudes, de las frustraciones, de los bloqueos, de ese fluir volcánico e intempestivo con el que, algunas veces, comenzamos a escribir..Coincido con todo lo que apuntas en tu tercer párrafo. Y si, la literatura es mucho más que un relato de ficción, en todo caso, coincidamos en que, el establecimiento de los géneros literarios no es más que un “acuerdo” para darle un marco de referencia a lo que cada cual quiere terminar de escribir.
Un abrazo fuerte también para todos aquellos que han dejado sus comentarios, que a veces son más valederos para mí que hacer un simple clic en “Me gusta”.