Siempre he estado orgulloso de mi memoria, normalmente la considero un don, pero otras veces una horrible maldición, simplemente porque puedo recordar casi cualquier evento de mi vida con la estimulación adecuada, pero también me cuesta olvidar sucesos que han asediado mi cordura y serenidad, y esta época de mi vida es una de las que preferiblemente quisiera eliminar algunos fragmentos.
Mi vida académica era perfecta, me enseñaron a ser un chico aplicado, creyente y respetuoso de las reglas divinas y humanas, cursé mi pre-escolar de aquella manera tan “magnífica”, me enamoré por primera vez de una hermosa niña que aun sigue siendo hermosa pero a miles de kilómetros de aquí, en florida. Era el estudiante ideal no un prodigio pero al menos aprendía rápido, aunque mi abuela por alguna razón religiosa o social no quería que fuera zurdo y me obligaba a escribir con la mano derecha… Jamás aprendí.
Luego de acabar mis primeros tres escalafones de vida académica, mi padre consiguió alquilar una oficina para su nueva empresa en sabana grande, recuerdo que el C.C. El Recreo estaba aún en construcción, en fin… cursé primero y segundo grado en un colegio llamado “Virgen de la Montaña” y fueron dos años realmente geniales dignos de recordarse siempre, allí conocí a otra chica, mi primera novia, actualmente es una de mis 3 mejores amigas, es curioso que luego de irme de ese colegio jamás la pude volver a ver hasta hace sólo 3 años, la vida es indescifrable definitivamente.
A partir de aquí mi vida sufre un horrible giro argumental, mi padre vende su empresa y en 3er grado me trasladan al colegio “San Agustín de Caricuao” y todo aquello de lo que siempre estuve orgulloso aún con mi corta edad se desplomó, era otro ambiente, mas inmaduro, mas falso, comencé a sentir que no pertenecía a ese lugar tan nefasto y prácticamente disminuyeron mis calificaciones, mis ganas de sonreír y pues sólo me quedó una predisposición al insulto y a la humillación por años.
Después de esa pavorosa experiencia sólo pude sacar dos cosas que me permitieron salir adelante, una de ellas es que tomé como salida los videojuegos y los libros en vez de volverme un rebelde sin causa de los sobran en Caracas y que muchos de los muchachos que una vez me humillaron hoy en día no son nadie.
Años después en la secundaria todo cambió comencé a recuperar mi personalidad jocosa y única, pero esa es otra historia, que tal vez luego les contaré.



