Hoy en día todos saben sumar dos y dos pero no siempre el resultado es cuatro; aquí está el problema de una sociedad que se dedica a copiar lo que hacen sus vecinos terminando por ser una caricatura de alguna sombra totalmente ajena a ellos.
Vayamos, por un momento, al principio para acercarnos a la génesis del problema:
Un buen amigo, que murió hace pocos años, mandó poner en su epitafio: “Que conste que yo no quería” dejando un recuerdo cariñoso de su sentido del humor; esta frase encierra una filosofía para los constructores del mundo moderno; no se puede vivir sin rebelarse contra las cosas que nos dejan congelados.
“Que conste que yo no quería” hay que recordar todo el folklore para pasar página, hay que calzarse los zapatos de un vagabundo para poder pensar en otra dimensión… “Que conste que yo no quería” pero al final el impromptu en Fa Mayor terminó con todo el auditorio poniéndose de rodillas: ¡Tu ciudad ha cambiado! ¡Que conste que yo no quería!. Nadie se ha dado cuenta porque aún seguimos oyendo tu crujir al apoyar tus opiniones en el papel, pero sus gentes envejecen, nacen, mueren… Hay que saber mirar a la verdad directamente a los ojos y a la mentira tenerla siempre muy cerca; “que conste que yo no quería” porque hay gente y gente; hay miradas que cautivan y otras miradas que engañan… “¡Que conste que yo no quería!” ahí está la base del universo y es lo que nos empuja a explorar.
Los primeros seres de este planeta fueron microscópicos y nosotros, los hombres inteligentes, aún estábamos en proceso, ¿de qué, dónde hemos llegado, adónde llegaremos? De momento somos solo una falsedad y con esa falsedad estamos destruyendo a la Naturaleza “Que conste que yo no quería”; pero hay que responder siempre hay que responder.
Nosotros dentro de millones de años nos volveremos microscópicos al lado de otro Ser, se nos olvidará hablar y habremos terminado el círculo para poder trazar nuestro triángulo; estoy seguro que EL HOMBRE es solo una fase antes de descubrir que el infinito no existe ¿nos vamos a quedar siempre en el planeta Madre?, y si es así, ¿de qué nos sirve ser solo la sombra del prójimo?.
Os diré así el final de esta historia:
Este lugar tan azul y tan bonito está condenado a desaparecer y nosotros dentro de cien mil años seremos otra vez gusanos flotando en alguna otra galaxia y puede que ya no haya ni literatura, ni epitafios, ni nada… ¡Que conste que yo no quería!
CxF


Mucho nos cuesta hacernos cargo de nuestra responsabilidad, en las fallas multisistémicas en las cuales hemos incurrido, durante nuestro desarrollo como supuesta especie superior. Con nuestro rol protagónico y directamente responsable de la mayoría de los procesos destructivos de los ecosistemas y de la vida misma
“Que conste que yo no quería” es una manera fácil de zafar, de porquería indigna que provocamos a diario, en todos los aspectos. Evidenciando nuestra falsaria humana.
Como diría alguien a quien respeto mucho “somos el cáncer de la tierra”… y ante mi resistencia a esa idea añadiría “y igual precisamente por eso estamos aquí. Igual es ese el sentido de nuestra exisiencia.”… Entonces “que conste que yo no quería cobra otro sentido, ¿no?
yo tampoo quería nacer y encontrar esta situación , el planeta no se merece lo que se le esta haciendo y yo que vivo en el no me merezco tampoco esta clase de vida
y que conste que no hacemos nada por cambiar esta situación.
me encanta cuando dices que tenemos que calzarnos los zapatos de un vagabundo para comprender…creo que no se puede decir mejor : yo tampoco quería!