Rosa
2 de Junio, 2012 2
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Tengo una amiga, sólo una amiga y ningún amigo.

Tiene que ver con mi estricto sentido de la amistad que ella comparte. Hemos vivido dos vidas en una y continuamos haciéndolo, cincuenta y cuatro años después: Cuando nos conocimos el mundo era en blanco y negro, el Rolls
Royce de Franco, negro, por supuesto, regresando del coto por la carretera de Extremadura fue una visión cotidiana de nuestra infancia. Nuestros hermanos pequeños han crecido con nosotras, disfrutamos de chocolate con bizcochos en su comunión y medias noches de york en la mía. Las dos, campeonas del “pañuelo” y de “balón prisionero”, somos feministas radicales desde el catecismo, y lo seguimos ejerciendo. Nos iniciamos juntas en la disco, adoramos la minifalda desde su invento, tanto que ni Reagan, ni Tatcher con sus largos por media pierna nos convencieron para cubrirnos las nuestras. De niñas, de adolescentes, de jóvenes, de maduras reímos del y con el prójimo como locas y sin vergüenza, besamos por primera vez el mismo mes del mismo año, elegimos dos amigos como nuestros primeros novios y permanecimos con ellos durante años.

Nos hicimos universitarias en contra de la voluntad de nuestros respectivos padres y encima terminamos las carreras con sobresalientes sin dar pal9o al agua. Echamos garbanzos a la caballería de los grises, que nos perseguían para dispersarnos, traspasamos más allá del rojerío en la clandestinidad y nunca sufrimos un porrazo de los guardias ¡Qué arte! Ambas, nos casamos con un compañero de Facultad, después de despachar al par de amigos.

Las navidades, las vacaciones, los cumpleaños de nuestros maridos, de nuestros hijos se han ido sucediendo, hemos enfrentado la enfermedad, la muerte de nuestros padres. Nuestra amistad se ha fortalecido con los años, la lejanía geográfica, el paso del tiempo ya no podrá distanciarnos. Somos dos cuerpos compartiendo un corazón, casi un mismo cerebro; ella sabe lo que me gusta; me mira y sabe si estoy bien o mal y, también, cómo ayudarme a pasar el trago. Igual que yo para ella.

Desde luego, no siempre hemos pensado ni sentido igual, pero no era importante entonces y ahora es absurdo pensar que vamos a hacer de ello un drama. Nos queremos con nobleza. El rencor, la envidia, la deslealtad, el engaño no se cruzó entre nosotras.

Así es nuestro estricto sentido de la amistad.

2 Comentarios
  1. Creo que la amistad, la verdadera, -¿Alguna vez hubo otra?, se fragua en las experiencias compartidas y se forja en un fondo de respeto y solidaridad que va cristalizando con el tiempo. A veces confundimos la coincidencia de intereses con la amistad, sin darnos cuenta de que aunque ambas nos permiten evolucionar juntos, en la segunda falta algo fundamental, los valores compartidos.

    Conforme se avanza en la vida, es más difícil incorporar nuevos amigos a ese breve y selecto elenco. Ni las circunstancias, ni las corazas que vamos incorporando a nuestro cada vez más decepcionados sentimientos, suelen favorecerlo.

    Felicidades a las dos amigas afortunadas en ese viaje vital y paralelo que comparten y a ti por tu texto. Una vez más.

  2. Shu, de nuevo lo has conseguido, un escrito sencillo, en el que en realidad no ocurre nada, y eres capaz de transmitir la sensación de amistad de una forma magistral.
    Siempre he dicho que para que algo enganche lo importante no es lo que cuentas, sino como lo cuentas.
    Voto!

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