Sinfonía de colores
21 de Mayo, 2012 1
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Cuando se habla de libertad, fraternidad e igualdad rápidamente pensamos en Francia y puede que nos vengala Marsellesaa la cabeza para intentar desahogarnos de tanta corrupción de ideas; esa manera de entender la vida ha sobrevivido en algunos países civilizados y puede que haya algunos colegios que se eduque con esta filosofía.

 

También los directores de cine europeos, posteriores ala Nouvelle Vague, quisieron hacer un homenaje a ese país, en forma de canto espiritual, el culmen de esas películas (según mi opinión) se produjo en la década de los noventa del siglo veinte cuando el director cinematográfico polaco Krzysztof Kieślowski (1941 – 1996) realizo su propia lectura de los colores de la bandera francesa en su trilogía de: “Tres colores” filmada entre los años (1993 y 1994) y que pasado el tiempo merece la pena revisar.

 

Este trabajo es un tratado cinematográfico muy interesante porque a veces priman los colores fuertes, los silencios, la música… Dejando en un sitio aparte la historia de la cinta, Kieślowski se atrevió a utilizar un hilo argumental muy innovador explorando con su encuadre los sentimientos que nos invaden y cómo nos comportamos ante nuestras relaciones sociales. Fue el último trabajo del director porque dos años después, de terminarlas, murió víctima de un cáncer, así que se puede decir que este es el testamento profesional de uno de los directores del Viejo Continente más intimistas y particulares.

 

En “Azul, 1993”primer trabajo de está trilogía nos metemos en una tragedia que simboliza a la vieja Europa aunque cargada de música clásica que nos hace renacer; el director nos avanza, con está cinta, las claves de su obra de: “Tres colores”. Julie (Juliette Binoche) es una mujer que quiere olvidar su pasado y empezar de nuevo, cuando en un accidente de coche pierden la vida su marido y su hija, así se aleja de su universo creativo, de su casa, de sus amigos y de la música.

El azul en está película recrea la libertad del ser humano en un clima revolucionario sicológico. Julie se pasa en muchas secuencias metida en una piscina donde el objetivo de la cámara atrapa el azul del agua para hacerlo algo eterno a los ojos del espectador; pero gracias a ese primer color el público se puede preguntar también: ¿Adónde hemos llegado desde que el ser humano tiene facultades para intentar sobrevivir?… Este discurso, tan modernizado, nos enseña que se puede empezar otra vez sin las ataduras del pasado pero que cada personaje sigue, en cierta manera, reflejándose en un espejo circular y sin salida.

 

Y así, de está manera, nos metemos en unos movimientos de cámara que quieren robar el alma de las personas, en silencios que dicen más que las palabras y en un experimento fotográfico que, hasta entonces, no se había visto porque a veces el color azul es más protagonista que la propia historia; pero pese a está innovación el que visualiza está película la recuerda para siempre.

 

“Blanco,1994”es la siguiente y la más completa de la saga porque nos da pistas de la primera película y nos enseña cosas de la última, podemos decir que está obra enlaza sutilmente con las dos (“Azul” y “Rojo”) y hay, además, numerosos cambios… El más significativo es que el protagonista es masculino, Karol (Zbigniew Zamachowski) peluquero de profesión que vive en Paris pero con motivo de su divorcio se traslada a su ciudad natal Varsovia allá hace dinero para salvarse de la sociedad donde vive.

 

Karol refleja lo que es el hombre capitalista que trata de conseguir lo que quiere – volver con su mujer –, recuerda imágenes de su boda en flash-back (plagadas del color blanco) que se suceden en toda la cinta hasta el final; puede que su media naranja sea para él sólo un espejismo.

El blanco en esta obra simboliza; “la fraternidad y el compromiso” pero eso nos lleva al problema de la propiedad hacia las personas, como metáfora el director utiliza una separación acompañados de numerosos recuerdos de una boda que salió rana. Tal vez está parte fue la más emotiva para Kieślowski porque nos enseñó la frialdad de su país.

Si nos fijamos en la construcción de Karol observamos que cambia poco a poco hasta descubrir su lado corrupto, lo hace todo por una venganza que marca su destino y su pasado; no se queda estancada la lectura de está película en su final, nosotros caminamos por las imágenes hasta descubrir que estamos en la franja blanca de la bandera francesa.

 

El final de: “Blanco” está lleno de esperanza en el futuro y nos abre la puerta hacia la tercera y última parte de la trilogía de: “Tres colores” en la que nos espera un gran FIN para la historia del cine, pero antes de la reseña de la última película tenemos que salir del color blanco y encajar las piezas de este puzzle para que este obra tenga algún sentido.

 

“Rojo, 1994”, es la culminación de este monumento cinematográfico, en el que se plantea con una forma magistral: “La igualdad entre los hombres y el derecho a la privacidad de sus vidas”. La historia protagonizada por Irène Jacob en el papel de Valentine (una modelo que es estudiante a la vez) esta cargada de interrogantes y poesía moderna (que pasado el tiempo parece muy actual).

 

Su argumento es muy sencillo: Valentine salva la vida de un perro que ha atropellado con su coche y decide buscar a su dueño. Cuando lo encuentra se entera de que es un juez ya retirado que escucha las conversaciones telefónicas de sus vecinos por pura diversión; la protagonista aunque no le gusta su actitud decide visitarle cada día para conocer algo de su agitada vida.

 

La historia se sitúa en Ginebra mostrándonos otro lugar para indagar en el pensamiento europeo del director; en un paisaje frío puede haber vida aunque sus gentes quieran no vivirlas. Puede que este decorado sea perfecto para terminar la trilogía donde se juntan por un accidente marítimo todos los protagonistas de esta obra (de donde salen ilesos).

 

Volvamos a este último color para ver que hay salida en un mundo gris, Valentine tiene la pareja más celosa del planeta, que la persigue con llamadas telefónicas constantemente, esto nos enseña que la incomunicación es un problema de esta sociedad pero también nos da consejos para romper esa incomunicación.

 

También en está película predomina la tonalidad de su título, por momentos todo es de ese color, hasta el cielo se muestra con tonos rojizos, y así en nuestro camino hacía el final de la trilogía nos chocamos con coches rojos, semáforos…

 

La trilogía de: “Tres colores”, fue la despedida profesional de un director muy novedoso con una mirada lírica que podía contar de todo y eligió, con mucha inteligencia, redescubrir el cine europeo para que entrase en una etapa distinta… Existe un antes y un después en el género de autor y ese antes y después lo marca este trabajo a veces pictórico que siempre contrastaría con el mundo de la vieja Europa.

 

Krzysztof Kieślowski no volvió a dirigir pero los que le conocían cuentan de él que era un espíritu incansable capaz de investigar dentro del cine, de sumergirse entre fotogramas y guiones. En su país “mariano” (Polonia) buscaba la libertad, fraternidad e igualdad en la cámara cinematográfica y con esta obra lo consiguió… En ella se refleja una mentalidad artística que impulsó nuevas formas de reflejar la vida en el séptimo arte.

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