Anochecía, y en medio del descampado nos encontrábamos un grupo de diecisiete personas desconocidas.
Nos mirábamos tranquilamente, con las miradas perdidas intentábamos adivinar de que nos conocíamos o si nos sonaban nuestras caras de algo.
Creo que nadie llegó a ninguna conlusión. Todos estábamos sudando y lo único que sabíamos hacer en aquel instante era disfrutar y pasarlo bien.
No nos conformábamos solamente con ver y tocar; queríamos más. Necesitábamos sentir, sentirnos aunque fuera en la lejanía. Poder experimentarnos mutuamente y saber qué le pasaba al otro cuerpo que habitaba a mi lado. Sentía olores diversos. Olía cuerpos diferentes. Quería preguntarles ¿por qué estaban allí?, qué les había llevado a querer estar rodeados de diecisiete personas desconocidas que aparentemente no nos conocíamos de nada.
- ¿Estáis preparados? - preguntó uno de ellos con ambición.
- ¿Jugamos a la galleta?.
Todos reímos y comenzó la orgía.



Me gustó tu texto, sobre todo porque me dejó intrigadísimo. Por qué una orgia es jugar a la galleta?
Muchas gracias. Jugar a la galleta es una práctica homosexual. En este caso en el microrrelato sirve de excusa para iniciar una orgía. Pero no es sinónimo de orgía, es una práctica más
Vaya, siempre se aprende algo nuevo. Ahora quiero jugar a la galleta. Saludos y mi voto
Muchas gracias