Acabo de acostar a mi pequeño de cuatro años. Como cada noche, le he contado un cuento. Como cada noche, le he dado un beso en la frente. Como cada noche, me ha llamado antes de salir de la habitación… Pero esta noche, ha sido distinta.
- Papa. Cuando pasen los años, ¿el abuelo y la abuela se morirán?
- Claro, campeón.
- ¿Y tu serás viejito?
- Claro. Y entonces tú serás un papa grande con tu hijo, y le dirás : “Pórtate bien con el abuelo Daniel”.
- ¿Y cuando seas viejito te morirás?
- Si, hijo, yo también tendré que morir.
- Y cuando yo sea viejito y me muera, ¿qué pasa entonces? -con cara triste.
En ocasiones, me gusta escuchar estudiosos debatir sobre cuanto le queda al planeta, al sol, al universo… Esta noche, mi pequeño campeón, me ha dado una respuesta más sencilla y práctica a esa pregunta.
Fanathur.
“Historias que sí han ocurrido”.



Me ha pasado exactamente lo mismo con mis hijos, la respuesta es sencilla y práctica, pero la ilusión posterga la conciencia. Saludos.
Afortunadamente, tenemos a los hijos para simplificarnos la vida.
Gracias, por vuestros comentarios.
Los niños nos enseñan que facil es vivir, sin enrroscarnos toda la vida en problemas que no lo son.