Ya alguna vez tuve alas y las cambie por olas.
Eran aquellas unas alas enormes y torpes con un plumaje denso cuyo peso soportaba yo en la espalda; así que me las quité. Mucho se ha conjeturado desde entonces: que si el sol, la brisa o mi tempestuosa e ingenua juventud y otros cuentos. Yo me las quité.
Y no fue por supuesto ningún sacrificio, no; yo diría, en todo caso, un saludable cambio de oficio, un trueque de éstas por aquellas plumas, un paso evolutivo de la espesura de la cera a la fluidez de la tinta, una mudanza de los castillos en el aire a la profundidad definitiva de la palabra cimentada en papel.
Hoy como entonces sé que vale más pluma en mano que ciento volando y, si yo tuviera alas, las cambiaría otra vez.
Ícaro



Lauterissimo me ha gustado tu pequeño relato, cambiar alas por olas, me parece de lo mas imaginativo y poético.
Felicidades.
Muchas gracias Asun por tu comentario. Un saludo.
Es una decisión, pero las alas son tan hermosas, como siempre magnífico. Saludos y gracias por compartir.
Muchas gracias Nanky por tu alagador comentario. Saludos.
Un texto brillante. ¡Felicidades!
Muchas gracias Guijimu. Saludos.