Es verdad que Caronte había perdido la memoria. Su última excursión fluvial lo había llevado más lejos de lo acostumbrado: ahora su poderoso río se veía reducido a un insignificante hilillo de agua y hacía calor. Por supuesto, el bote no podía dar media vuelta y la irrisoria profundidad del hilillo de agua no le permitía remar, y además el calor.
La gota cala la roca, nadie lo niega; pero el sol cala la memoria (y puede más que el agua).



y todo por un óbolo. Muy bueno. Gracias por compartir.