Cuando no existían las palabras
14 de Mayo, 2012 12
8
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

El día era frío, el más gélido que había conocido jamás, y el cuerpo de Luna, apenas cubierto por un par de pieles rasgadas y descosidas, no soportaba más el hiriente soplo del viento que arrogante e impío irrumpía en la cueva. La joven Luna sabía que pronto abandonaría este mundo e iría a otro lugar, tal vez mejor que el que dejaba atrás; Petro, sentado a su lado intentando regalarle todo el calor de su cuerpo, tomó entonces la menuda y entumecida mano de su compañera y con dolorosa quietud le empapó la palma con aquella mezcla de tierra rojiza y agua, e imprimió con templado gesto su huella en la pared de la fría cueva.

Tras un largo y doloroso silencio, Petro tiznó su ajada y ruda mano derecha con el mismo barro y marcó su huella junto a la de Luna, como si aquello les fuera a unir para la eternidad. “Siempre estaremos juntos” decían desesperados los ojos de Petro mientras ella, con ya relajado y sereno rostro, cerraba los suyos para siempre y para siempre su cuerpo, solo su cuerpo, abandonaba aquella cueva.

12 Comentarios
  1. Estimada Angeles: un relato muy tierno… hermoso, para disfrutarlo.
    Veo que también eres experta en los minirrelatos. Felicidades.
    Volivar (Mi voto)

  2. Qué bonito, Ángeles, te envío mi voto.

  3. Muy buen relato, Angeles, un saludo y mi voto.

  4. Lo que creo que más me ha enternecido de este relato, es, al terminar de leerlo, volver a ver el título.
    “Cuando no existían las palabras”. Aunque ahora hablemos, ese tipo de miradas gritan mucho más que una voz.
    Un abrazo.

  5. Muy expresivo el microrrelato. Sin palabras podemos hacer tantas cosas… pero ya casi nadie sabe usar sus otros sentidos para comunicarse.
    Saludos

  6. El valor de los gestos frente al de las palabras. Texto lleno de poesía, mas por lo que sugiere que por lo que realmente dice. Quizás, me sobre algún adjetivo al comienzo, cuando hablas del viento. Pero esto es solo mi opinión y, por tanto, muy subjetiva.
    ¡Buen trabajo, Ángeles!

Deja un comentario