Rosa me contó que se levantó a las cinco de la madrugada, se vistió sin hacer ruido para no despertar a su marido, cogió la maleta que tenía escondida en un rincón y salió a la calle. Cogió el autobús nocturno en dirección al centro de la ciudad y caminó hasta la estación de tren, donde se reunió con sus amigas.
-Hola chicas, ya estamos las cuatro, vamos al tren.
Subieron y se sentaron en sus asientos. Rosa preguntó a sus compañeras:
-¿Qué tal estáis, Margarita, Azucena?
-Bien. Con ganas de hacer algo. Ya estamos hartas de ir en balde a la oficina de empleo.
-¿Y tú, Violeta? Tienes mejor cara. Veo que tu ojo ya está recuperado.
-Sí guapa, estoy mejor, sobre todo ahora que me marcho y me separo de ese imbécil.
Rosa continuó:
-Bien chicas, entonces a trabajar. Os recuerdo el plan: en cuanto lleguemos vamos al piso alquilado. Nos instalamos, encendemos los electrodomésticos y limpiamos un poco lo más urgente. Marga y Azu os vais al super a comprar comida, artículos de limpieza y demás. Violeta y yo vamos al local, donde he quedado con los de la reforma para ultimar detalles. En dos días tenemos que estar funcionando.
Dos meses más tarde Rosa vino a verme a la sucursal bancaria para agradecerme el préstamo. Le dije que confiaba en ella y que no dudara en contactar conmigo de nuevo si lo necesitaba. Supongo que las cosas les han ido bien y que han salido adelante porque no he vuelto a tener noticias suyas.




Antoniosib: hermosa narracion, como todo lo que publicas. Felicidades. Mi voto.
Volivar
Muchas gracias volivar, tu comentario es más agradable que mi texto
Hermoso y lleno de esperanza. Enhorabuena.
Gracias Jorge, efectivamente intenté expresar esperanza en estos tiempos tan duros. Gracias y saludos.
Muy optimista y esperanzador