Era esa galería una tan particular. Ubicada en calles místicas de Buenos Aires, poseía entre sus avenencias divinas los pies más indescriptibles que una sabia galería pudiese obtener. Pero había en ella un fuego místico especial, puesto que entre sus muros corría un niño desconcentrado.
Un niño especial, diferente, con toques distintos y los ojos grises concentrados en un objeto. No supe qué era, a qué se debía la presencia de él en la galería, pero Dios sabrá tomarse el tiempo debido para colocarse en mi lugar y ubicar ese momento cómo algo único. Efeméride distintiva.
El infante, dotado de una habilidad inmensa, arreciaba entre los visitantes que se atrevían a verlo. Se detenían varios y algunos, atrevidos, intentaban fotografiarlo, para entender cómo hacía lo que hacía. En el fragor de la noche, la luna se introdujo por los poros de las rejas que clausuraban la galería. Yo me encontraba recostado, suprimiendo el dolor con el atrevimiento necesario.
Entonces, el niño se acercó, me observó con sus ojos acuosos y me suplicó al oído que le contara mi historia. Rogándome desconsoladamente, no comprendía por qué había hecho lo que había hecho.
Luego de utilizar diversos circunloquios, el niño comprendió que lo hice por temor, por rencor a mí mismo, por fraguar pesadillas que jamás serán vencidas. El niño, en consecuencia, rompió en llanto desconsolado. Mal de mi agrado, el niño jamás cumplió su sueño: que la vida lo perdone y le dé otra oportunidad. Mal de mi agrado, ese niño soy yo.
Qué lindo que es observarse al espejo y soñar… cerrar los ojos y soñar.



Vale Lumiere, debo tener problemas de abstracción o siempre pretendo entender más de lo que entiendo, ir más allá…da igual, las palabras dejan poso, crean estados de ánimo, y eso lo consigues a la perfección.
Me gusta mucho. Voto!
Te lo agradezco mucho. La literatura para mí es ambigua, y me fascina observar cómo las personas interpretan diferentes finales y hasta tramas. Muchas gracias por leer. ¡Saludos!
Lumiere:. por medio de este comentario (si es que no me lo borran lo organizadores de la red) me despido de ti, con quien compartimos alegrías y tristezas… resulta que los señores de Falsaria insisten en culparme de que yo mismo me pongo corazoncitos en mis narraciones, lo que se traduce en la calumnia más atroz que he recibido en mi vida.
Volivar, que no te va a olvidar, amigo.
Qué lástima compañero; ¿podrías pasarme tu correo electrónico para mantenernos en contacto?