Apesadumbrada y con sueño, sí, mucho sueño, fui despacio hacia la puerta de entrada. Eran las cinco de la mañana, pero había una luna llena tan grande que parecía que estaba frente a mi puerta, casi en mi cara, ligada por un hilo blanco. Caminé lentamente, siguiendo el hilo que creí que había imaginado, pero estaba allí realmente. No sé, eso creía, digo, que el hilo estuviera ligado a la luna. No importa, continúo con la historia. Ese hilo no era largo, solo hice unos cuantos pasos, no muchos, y llegué a la luna. Estuve ahí un rato, miré hacia todas direcciones, o eso es lo que creí haber hecho, para mí todas las direcciones eran iguales. Ese gran queso pegado en un marco negro, lleno de luces blancas. Al fin visité el queso. Tenía que volver, pero no había más hilo blanco. No sabía qué hacer y me pregunté “¿Qué hace alguien que está en la luna y quiere volver sin el hilo blanco?”, la pregunta fue muy rápida, despertar, y desperté.
De la luna al sillón
1 Comentarios



Azul Cook: qué hermoso relato… fascinante… te felicito.
Volivar (Mi voto, inútil, ya lo sé; pero sólo por ahora, porque de seguir escribiendo te lloverán los corazones)