De reojo

Ya se acerca la hora del baño, el momento en que más disfruto. Mientras me sujeta con cuidado y enjabona mis partes íntimas no puedo evitar ruborizarme, a pesar de mis setenta y dos años. Pero ella no, su profesionalidad no deja entrever ningún tipo de escrúpulo. Justo en el momento en que pasa la esponja por mi espalda y el sudor de su cuello se mezcla con la espuma, su escote se insinúa y me enfrento de nuevo al mismo dilema: ¿Los abro o los cierro? Entretanto decido, me limito a mirar por el rabillo del ojo.

8 Comentarios
8 Comentarios
  1. Fantástico. Buen tema, se visualiza a la perfección. : ) Me encantó, un saludo.

  2. Maravilloso relato. Al leerlo, me he identificado porque yo tuve una sensación semejante cuando tenía que bañar a mi madre (murió hace seis años con Alzheimer).

  3. Muy bueno.

    Un Saludo.

  4. Gracias Jacobo, siento mucho tu pérdida. A veces, pensamos que los años quitan la vergüenza, pero para sentir…no hay edad, jamás dejamos de sentir, da igual la emoción que sea. Y lo más bello aun (al menos para mí) es esa inocencia que vuelve a brillar cuando las personas se hace mayores, sí, se hacen mayores, pero sienten como niños.
    Gracias por leerlo y por el comentario. Un saludo.

  5. Gracias Luciana, me alegro de que te haya gustado. Gracias por leerlo :)
    Un saludo.

  6. Me encantó el cuadro.

Deja un comentario

12

Seguidores

16

Publicaciones

44

Veces que ha sido leído este artículo