Despedida

Enterró el mentón en el pecho y se petrificó.

Se le desprendieron primero los ojos, que se reventaron contra el suelo como dos mudas gotas de barro salitroso del Leteo; después las orejas y la nariz. La boca se le desgajó en intentos mal logrados de una sonrisa; y finalmente la cabeza toda se desprendió. Rodó lejos del cuerpo y desde aquella infinita distancia las cuencas vacías del cráneo no vieron el colapso general. Tampoco la vieron a ella salir.

En las tazas quedaba algo de café; pero no había más que decir.

4 Comentarios
4 Comentarios
  1. Bonita asociación el del desmoronamiento anímico con la desintegración física de quién se queda como una estatua -devastada, eso sí- que se derrumba poco a poco.
    El título, muy bien escogido para entender en toda su plenitud, la idea del micro.

    ¡Buen día!

  2. Impresionante relato, muy intenso. Que sensación de vacío tan grande que al llegar al final del relato. Me ha gustado mucho. Un saludo.

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