Diario personal de abordo
5 de Marzo, 2012 3
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En algunas ocasiones, cuando mi turno termina y regreso al camarote a descansar, me gusta sentarme en la cama, a oscuras, a leer con una pequeña luz. Aunque la postura es incómoda, leo durante un rato, tiempo durante el cual me siento como cuando, de pequeño, leía a escondidas bajo la sábana de mi cama, libros prohibídos.

Pero la edad me agota y tengo que dejar de leer. Apago mi luz, me estiro en la cama y cierro los ojos para relajarlos. Luego, miro por la ventana. Tengo suerte de tener una vista al exterior. La mayor parte de mis compañeros no la tienen, por lo que no pueden ver las estrellas como yo.

Las estrellas. Siempre las estrellas. Están preciosas. Tan claras y grandes que se pueden tocar con solo sacar la mano. Aunque no siempre pueda verla, me gusta imaginar que orión esta ahí mismo, esperandome con su caballo de colores y su tétrico cinturón faraónico. Es curioso como ya entonces, el hombre buscaba en las estrellas la compañía que no lograba encontrar en la tierra. Siempre el frío sentimiento de soledad, incluso estando rodeado de otras personas. Sin embargo, a pesar de la historia, yo me sigo encontrando serenamente solo.

James T. Kirk.
Capitán de la nave estelar Enterprise.

3 Comentarios
  1. Muy bueno y realista, pero a la vez con magia y fantasía.
    Felicidades Daniel!

  2. “Es curioso como ya entonces, el hombre buscaba en las estrellas la compañía que no lograba encontrar en la tierra.”
    Interesante afirmación, así como la historia :)

  3. Gracias por vuestros comentarios, compañeros.

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