Un hombre regaba sus naranjos bajo la mirada ida de su padre. El viejo dejó caer la ceniza del cigarrillo y su pregunta:
— Oiga, usted ¿Qué está haciendo aquí?
— Regando, padre.
— ¿Regar? ¿Qué es eso?
— Agua, señor, agua —tomó la azada y levantó el tablacho de la acequia —Ve, así…el agua va para allí —señaló la siguiente tabla de tierra.
— ¿Y sabe usted de alguna que vaya para Madrid? Tengo asuntos importantes que resolver.
— Sí. Pero pasa muy temprano— se armó de paciencia —a eso de las seis de la mañana.
A las cinco y cuarto el viejo estaba enfundado en su abrigo, bajo su sombrero y con una enorme maleta, esperando muy tieso en la puerta de la verja. Lo entraron en la casa. Era dócil y obedeció sin más. Almorzando, arrojó otra pregunta:
—Oiga ¿es usted el encargado de esta pensión? Tengo una queja.
—Dígame en que puedo atenderle.
—Esa sujeta, la cocinera —señaló a la mayor de sus nietas—me ha dejado la zapatilla muy blanda.
—No se preocupe. Ahora mismo le pasamos su zapatilla un poco más.
Su mirada tronada descubrió la cuna donde su biznieto movía sus manitas como si quisiera aplaudir, pero sin llegar a atinar del todo.
— ¡Saquen a ese mono de la jaula! ¿No ven que se va a hacer daño? ¿Por qué lo tienen encerrado?
Un día y otro, cada vez las preguntas se volvían más difíciles. Así que, finalmente, dejaron que el anciano se fuera consumiendo sin respuestas.



La vejez, esa etapa de la vida a la que se llega a veces de manera cruel, porque es cruel pasar los últimos años de tu vida siendo un extraño para tí mismo y para cuantos te acompañaron en ese camino.
Un bello relato. Me quito el sombrero Ladislao.
Gracias Julieta, la demencia senil es extremadamente y al mismo tiempo nos exige una mezcla de compasión y paciencia.
Hermoso. Y al igual que Julieta, yo también digo chapó!
Saludos!
Gracias, Carmen. Te sigo
Desgraciadamente, en esta sociedad en que vivimos, ese es el futuro de los abuelos: consumirse lentamente sin ni siquiera esperar las respuestas de los demás. Me encanta que un breve relato, bien escrito, tome como motivo la vida de los ancianos.
Gracias por tu comentario, Jacobo. No tengo nada que añadir a lo que dices salvo que tengo más relatos de ese etapa de la vida. La civilización cretina y fantasiosa dominante nos lleva a admirar a los abuelos cuando podemos manipularlos para convertirlos en falsos “héroes”, generalmente para manipular su memoria. Como si vivir, criar y sostener una familia no fuera la más grande prueba de heroísmo. A esos verdaderos héroes los ocultamos conscientemente o los dejamos sin respuestas.
buena!!
gracias, amigo
me gusta mucho.Es realmente un cuento tierno.Gracias por desenmascararnos.
Gracias por leerme, Violeta
Buenísimo, y muy triste… la demencia, el alzheimer….uff
Enhorabuena!
Gracias, y perdonadme todos por la tardanza en contestar. He estado desconectado unos días