De la nada, en una conversación intrascendente, me lo dijo.
Tarde algunos minutos en comprender cabalmente lo que estaba escuchando, mi mente se negaba a decodificar los sonidos, no podía ser cierto.
Siguió hablando como si lo que acababa de decir no tuviese importancia o el hecho que yo estuviese bien prendido, significase una adulación hacia mi persona.
Por qué tenía yo que soportar esto ahora?
Por qué?
No pude seguir escuchando su monólogo habitual, contaba instantes de su monótona e intrascendente vida, no había espacio en su relato para nadie, creo ni siquiera para él mismo.
Saludó a sus nietos, lo acompañé hasta a la puerta y lo despedí con un beso en la mejilla y con un “nos vemos pa”.
De él lo podía llegar a comprender, de mi madre jamás.
Me dolieron las entrañas, una fuerte succión absorbió mi cuerpo y mi cabeza se deshizo ante la presión, esto no me puede haber pasado a mí.
Fumé uno y luego otro, hubiese querido huir, hubiera sido mejor no haber nacido.



no me gustó,
Igual, gracias por leerlo.
muy bueno tu texto, sería lindo saber la confesión, aunque esa falta también hace a lo atrapante. Abrazo
Gracias por leerme, está incluída en el texto pero es difícil de hallar.