Iba conduciendo con las ventanillas bajadas, notaba el cálido aire azotarme la cara, pero me gustaba; secaba mis lágrimas. Llegué al cruce donde te conocí: Sonreí y miles de lágrimas brotaron incontrolables; ahí estabas tú. Comencé a recordar aquel día, me perseguías con uno de los muchos gusanos que encontraste bajo una piedra. Reí. Comencé a recordar la segunda vez que te vi allí; la tierra era lava, las piedras cocodrilos y nuestra única salvación era el estropeado bordillo. Continuaron mis lágrimas y risas. Recordé la primera vez que me cogiste de la mano, la primera vez que me besaste y la primera que pronunciaste esas dos simples palabras que juntas me marcaron la vida “Te quiero” y años después ese dulce “Cásate conmigo” el cual me encargué de decorar con un bello “Sí”. No me lo podía creer; seguía saliendo lágrimas y yo llevaba esa estúpida sonrisa. Tiré las flores y me fui. No quería seguir recordando.
El cruce
6 Comentarios



Muy triste tu relato, pero lleno de sentimiento y bien escrito. Mi voto!
Saludos…
Rafael
Precioso y conmovedor escrito, triste pero hermoso.
Un saludo y mi voto.
Recordar es volver a vivir…Mi voto y un beso.
Cuando recuerdas lo vivido. Vives lo recordado.
Mi voto.
Saludos y saludos
¡Muchas gracias!
Besos ^^
Mi voto, maestra.