07 mar 2012
En un país cuyo nombre es tan difícil de escribir como de pronunciar, surgió un dictador famoso por sus muestras de fanatismo religioso. Cuentan que su fe lo impulsó a añadir una cuarta luz a los semáforos, haciendo que todos estos fueron reemplazados por otros con luces roja, violeta, amarilla y verde. La función de la luz violeta consistía en exigir a conductores y transeúntes que hicieran la señal de la cruz. Luego del rotundo fracaso que esta implementación tuvo en un principio, el dictador destinó dos tercios de las Fuerzas Armadas a vigilar los semáforos y así poder azotar a los infractores ateos, pues como es bien sabido, la religión entra con sangre.
3 Comentarios


¿No sería Santorum? Ingenioso relato.
¡Saludos!
Sí señor, la locura del poder totalitario puede saltarse hasta la luz roja de los semáforos.
Interesante relato, felicidades.